Intifada Chiita

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Publicado el: 2021-06-04


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Intifada Chiita

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La última oleada de enfrentamientos en Irak eclipsó en gran medida la serie de filtraciones estremecedoras que han estallado en el contexto de las audiencias de la controvertida Comisión del 11/9. ¿Será una estrategia del Pentágono? Porque la atención de la opinión pública de Estados Unidos se ha desviado y no podrá enfocar una noticia que aportaría mucha luz sobre la verdadera autoría de los atentados: "la salida del territorio estadounidense de 160 sauditas de la casa real y/o de la familia Bin Laden entre el 11 y el 16 de septiembre de 2001"
A la asombrosa resistencia en el llamado "triángulo sunita" en la región central de Bagdad, a un año de la ocupación anglosajona, se suma el peor escenario para la dupla Bush-Blair: una intifada (que en árabe significa "insurrección") en varias ciudades del sur chiíta, una de las zonas más ricas en petróleo del mundo. La intifada puede constituir "un punto decisivo", advierte Jim Lobe, el muy solvente analista de Inter Press Service (6 de abril), quien refiere que el joven clérigo chiíta Moqtada Sadr, de 30 años de edad, "ha empujado a Bush al borde del abismo".
En el mismo momento que en Estados Unidos se debate alrededor de la comisión investigadora del 11 de Setiembre, el ejército de ocupación de norteamerticano ha sido tal su costumbre muscular y está más dispuesto que nunca a propinar una severa lección a sunitas y chiítas por igual, con el fin de llevar a buen término la ilusa "transferencia" del poder al gobierno títere iraquí el próximo 30 de junio. Al unísono de la insurrección chiíta en el sur de Irak, los marines han sitiado a la ciudad sunita de Fallujah, en la zona central, para capturar a los perpetradores de los linchamientos de cuatro "civiles" estadounidenses y propinarles su castigo ejemplar, a siete meses de la elección en Estados Unidos. Sin conceder un ápice en el repudio a las execrables mutilaciones a las víctimas, cabe señalar que los seudociviles eran unos vulgares mercenarios de la empresa Blackwater que, entre otras tareas, le asegura su protección personal al procónsul Paul Bremer III. Adjuntos a los 150 mil soldados del ejército invasor de Estados Unidos operan 10 mil mercenarios de la empresa privada Blackwater (entre ellos, unos chilenos pinochetistas con salario de 4 mil dólares al mes). Según Jim Lobe, la respuesta muscular de Estados Unidos "desencadenará aún mayor resistencia en el corazón sunita del norte-centro de Irak y, en forma más peligrosa, entre la comunidad chiíta, la cual, con 60 por ciento de la población total del país, podría crear problemas aplastantes para la fuerza de ocupación cada vez más atribulada". Lobe recuerda los asertos de "Anthony Cordesman, del conservador Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, quien desde hace mucho ha advertido que la oposición activa de la población chiíta haría fracasar la ocupación y tornaría Irak ingobernable".
A LOS ANALISTAS avezados les llamó sobremanera la atención que en forma inopinada al procónsul Paul Bremer III, anterior directivo de Kissinger Asociados, quien pretende exportar la "libertad occidental" a todo el Medio Oriente, le haya molestado súbitamente el ejercicio de la libertad de expresión de un inocuo periódico que mandó cerrar por 60 días: Al-Hawza, portavoz de los fieles seguidores de Moqtada Sadr, al tiempo que se detenía sin aparente causa ni evidente acusación a su principal lugarteniente Moustapha Yacoubi, lo cual naturalmente encendió las pasiones de sus partidarios condensados en la milicia Al-Mahdi. Como si lo anterior fuera poco, Bremer III resucitó una vetusta orden de aprehensión en contra del ayatola Moqtada Sadr, a quien se le acusa de haber instigado la muerte en Najaf del ayatola Abdel Majid Al-Khoei, un presunto agente de los s ervicios secretos británicos. ¿Por qué Bremer III decidió repentinamente perseguir a las milicias teocráticas Al-Mahdi?
Pese a sus disparates, el "presidente de la guerra", Baby Bush, ha sido atrapado por el pánico, y como de costumbre va que vuela al encuentro de su homólogo Tony Blair para vislumbrar el método que lo salve de su embrollo.
Los mesiánicos neoconservadores aseveran con fruición espumosa en los labios que Irak se encuentra al borde una "guerra civil", su sueño dorado para mejor repartirse las riquísimas reservas de petróleo. Por lo que se percibe hasta ahora, más que una "guerra civil", parece tratarse mas bien de una genuina insurrección en el centro, el sur y partes del norte, como en Kirkuk, donde turcomenos y árabes han chocado contra los kurdos, quienes representan la única etnia iraquí en jugar abiertamente para con los invasores.
LARRY DIAMOND, DE la Hoover Institution de California, un "especialista en democracia", además de "asesor" del gobierno títere iraquí, propone aumentar generosamente las tropas en Irak para desarmar y desmantelar a las milicias financiadas y armadas, a su juicio, por la teocracia de los ayatolas chiítas de Irán, que no desea la instauración de una "democracia pluralista". El "especialista en democracia" amenaza sin tapujos: "debemos conminar al régimen iraní que si no cesan y desisten, entonces jugaremos el mismo juego: los desestabilizaremos". Aquí radica justamente el punto interesante: la dinámica propia de los sucesos, desde el asesinato del líder espiritual palestino Ahmed Yassin hasta el desmantelamiento de las milicias chiítas Al-Mahdi, está llevando al nicho ideológico ideal de los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos, quienes ligan a los movimientos insurgentes domésticos contra el eje Estados Unidos-Israel en un terrorismo regional unificado (Hamas-Hezbollah-Al Mahdi) que involucra necesariamente a los gobiernos de Siria e Irán. ¿A quién le conviene incrementar las tropas de Estados Unidos en Irak, no se diga una guerra regional contra Siria e Irán?
JUAN COLE (CITADO por Jim Lobe), un experto iraquí de la Universidad de Michigan, refiere que no se imagina la razón por la cual Bremer III decidió actuar hasta ahora, cuando la orden de aprehensión del ayatola Moqtada Sadr fue emitida en noviembre pasado: "Se trata de una burda incompetencia o de motivos siniestros ulteriores". Entre los designios aviesos se encontraría "provocar una mayor violencia sectaria o echarle la culpa a Irán". Lo único cierto es que nada celestial se puede esperar del ejército de ocupación anglosajón, y menos del kissingeriano Bremer III. Jim Lobe, quien sabe mucho de los intríngulis de Washington, le concede demasiada importancia a las amenazas de Diamond, el "especialista en democracia" (sic) de la Hoover Institution de California, para quien "es muy alarmante" la velocidad e intensidad del armamentismo de las milicias Al-Mahdi, pro ceso que incluye a las otras milicias chiítas como Al-Dawa y las Brigadas Sadr del Consejo de la Revolución Islámica (ambas integrantes del gobierno títere iraquí). Diamond parece saber demasiado: "si no controlamos esta situación ahora, comunidades enteras serán impedidas de registrarse para votar, los candidatos de oposición serán asesinados y los funcionarios electorales serán intimidados: no existe esperanza para un Irak pacífico (sic) y democrático (sic) si no desmantelamos a las milicias". Ahora o nunca: "mejor desarmar y desmovilizar a estas milicias ahora o habrá una mayor (sic) guerra civil más tarde". Lo real es que Estados Unidos desea una democracia para esclavos a la medida de la globalización financiera-militar que tiene como fin primario la privatización del petróleo de Irak, como nos acaba de ilustrar Tonu Benn, el ex ministro del gabinete Blair.
Según el Servicio informativo israelí Debka (2 de abril), la suerte de la "segunda guerra de Irak" se juega en Teherán y en Damasco, donde sus gobiernos intentarán sacar el máximo de ventajas. Irán pudiera contribuir en someter las veleidades de la milicia Al-Mahdi a cambio de que Estados Unidos cierre los ojos sobre el enriquecimiento de uranio de su programa clandestino nuclear. Debka resalta una declaración incendiaria de Moqtada en su alianza retórica con Hamas y el Hezbollah contra Estados Unidos e Israel. Por su parte, Hamid Reza Asefi, portavoz de la cancillería persa, criticó a las fuerzas de ocupación por los sucesos en tierra chiíta. Gareth Smyth, del Financial Times (5 de abril), advierte que Teherán mantiene relaciones con todas las facciones chiítas en Irak, incluido Moqtada Sadr, pero que sus lazos más estrechos los estableció con Albulaziz Hakim, líder del Consejo Supremo de la Revolución Islámica, que forma parte del Consejo de Gobierno.
Para Pravda (5 de abril), "la rebelión chiíta no es ningún accidente: existen todavía algunos poderes en Irak y en el mundo que desean que los estadounidenses fracasen". Según el rotativo ruso, "las fuerzas de Estados Unidos tendrán que rendirse y admitir su responsabilidad en la actual situación con Irak y con la ONU, o llevar adelante la batalla contra la nación iraquí entera", y agrega que "la próxima elección presidencial en Estados Unidos desencadenó las fuerzas de oposición para ver que las fuerzas estadounidenses fracasen", en las que se han coligado Francia y Alemania. En forma curiosa, no cita a Rusia ni a China, pero advierte que la "revolución iraquí" será una derrota para la relección de Bush y "un éxito para que Rusia, Francia y Alemania participen en la reconstrucción de Irak", lo cual "mejorará en forma significativa la posición internacional de Rusia". Concluye que la derrota de Bush en Irak mermará su presencia en el Cáucaso y en todo el Medio Oriente. Todavía falta mucho por ver.
La ruta del martirologio es propia del chiísmo y nadie se mueve mejor en su trayecto que el ayatola Moqtada Sadr, cuyo padre, un prelado de gran prestigio, fue asesinado en 1999. Un factor clave radica en la postura que adopte el gran ayatola Sistani, quien pudiera ser rebasado en sus plegarias a la calma por los fieles cansados de tantas falsas promesas de los conquistadores del oro negro. Los analistas se extravían en el número de partidarios con los que contaría Moqtada Sadr que, en el mejor de los casos, representaría la tercera parte de la comunidad, y 15 por ciento, en el peor. ¿Y que tal si son más, es decir, 60 por ciento? Con solamente 30 por ciento de partidarios chiítas a favor del joven ayatola, que serían el equivalente a toda la comunidad sunita árabe de la zona central de Bagdad, Bremer III se habría metido en serios problemas y su esquema represivo de desmantelamiento podría descarrilarse abruptamente. Ehsan Ahrari (Asia Times, 7 de abril) advierte que el "martirio" de Moqtada Sadr "podría asegurar que el sur chiíta -una región que se conocía por su calma relativa y su cooperación con las fuerzas de ocupación-- se deslizaría hacia una revuelta más general contra Estados Unidos". Ahrari señala que la Coalición de Autoridad Provisional decidió arrestar a Moqtada debido a su "reciente expresión de simpatía hacia Hamas y Hezbollah durante sus sermones" incendiarios contra Estados Unidos (la tesis del servicio israelí Debka).
¿Bremer III apuesta a una selectiva operación microquirúrgica dentro de la comunidad chiíta para extirpar el "factor Al-Mahdi"? Lo que parece indicar un diseño elaborado para someter a la milicia Al-Mahdi con el fin de justificar la presencia y, quizá, la prolongación del ejército invasor, se puede revertir y, por el contrario, no solamente cohesionar a la comunidad chiíta iraquí, sino también, unificar a chiítas y sunitas árabes (con la excepción de la etnia de los kurdos-sunitas) en contra de los invasores: ni más ni menos que el "síndrome 1920", cuando los patriotas iraquíes de todas las confesiones se unieron para expulsar al conquistador británico. Si los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos hubieran leído un poco de historia de la antigua Mesopotamia, se habrían detenido en lo que llamamos con mucha antelación el "síndrome 1920", p ara advertir la resistencia legendaria del pueblo iraquí en su conjunto, cuando se escenificó la revuelta chiíta de Basora encabezada por dos prelados, Mohammed Taqi Shirazi y Abul Hasan Isfahani, quienes por medio de fatwas (ordenamientos religiosos) pusieron contra la pared al gobernador de la ocupación británica sir Percy Cox, el Paul Bremer III de aquel entonces. ¡Qué bueno que muchos dirigentes de la Tierra no sepan historia!





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