ESPACIO Y TIEMPO EN LA NARRATIVA HIPERTEXTUAL

Alberto Navarro

Publicado el: 2003-12-03


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Recorrer un hipertexto es ir siempre a la deriva, o vivir el espacio y el tiempo propios e irrepetibles ....







ESPACIO Y TIEMPO EN LA NARRATIVA HIPERTEXTUAL

Alberto Navarro

Universidad de Zaragoza

Es evidente que las coordenadas espacio temporales del universo social, cultural y comunicacional del período que F. Jameson vino a llamar Capitalismo tardío (1) se han transformado gracias al surgimiento de las nuevas tecnologías y a sus nuevos soportes comunicacionales. La visión de la modernidad que racionalizó desde la crítica kantiana el tiempo y el espacio como marcos o formas vacías de un escenario donde se representan de una forma secuencial los fenómenos de lo real queda obsoleto y superada antelos nuevos espacios virtuales, oeltiempo multisecuencial delanarración cibertextual. Y aquí no hay que pensar en la potencia de simular o falsificar una materia natural sino en la singularidad de cada experiencia donde cada espectador, ahora también autor, produce una obra nueva y diferente, configurando su propio espacio-tiempo actual, su propio pasear y mirar el mundo.

El hipertexto electrónico responde a este nuevo estatuto. Recorrer un hipertexto es ir siempre a la deriva, o vivir el espacio y el tiempo propios e irrepetibles de cada itinerario en la intensidad variable de cada momento, y en la extensión nunca dada de antemano de cada camino. Es bien conocida la historia del hipertexto. Un consejero del presidente Roosevelt llamado Vannevar Bush, en 1945, ya tuvo la visión de un texto enciclopédico, o de una biblioteca interactiva, es decir de un sistema de organización de datos dinámico. Poco después Ted Nelson acuñó el término hipertexto, hypertext, para describir esa forma no lineal de escritura: texto que se ramifica y permite muchas vías o caminos de lectura. El hipertexto no es por tanto sólo un texto electrónico, sino un modo de presentar el texto al lector, puesto que no es lineal, como la mayoría de los libros, sino que el lector del hipertexto puede elegir su propio camino a través del texto, dado que está organizado en una red de nudos que están conectados por links o enlaces. Por todo ello la estructura del hipertexto obliga a que cada lector o buscador cree su propio itinerario de lectura, su viaje nomádico in progress por el laberinto que él mismo teje.

Ahora la estructura del hipertexto es la de un laberinto por el que navega el lector, modelo que se explica desde una nueva episteme o paradigma del conocimiento humano. El filósofo M. Foucault (2) distingue tres epistemes en la historia del pensamiento, tres marcos o modos de pensar el mundo. Señala que en el siglo XVII el hombre cree que el mundo es infinito e ilimitado. La misión del científico se centra entonces en encontrar un orden en la infinitud de las series de los datos investigados. Se estudia entonces la vida, la economía, el lenguaje, como si fueran ilimitados e infinitos desarrollando una ciencia de tipo general, que en el caso de la Lingüística se reconoce por el éxito de las gramáticas generales, que establece series ilimitadas que tratan de ocupar el máximo grado y territorio con el objeto de alcanzar la infinitud, aunque anclando todos los hechos y datos recogidos en la naturaleza infinita de Dios. Desde finales del siglo XVIII, y fundamentalmente durante el siglo XIX, el hombre asume la finitud de su empresa por lo que esta idea de finitud contamina las fuerzas del hombre, su vida, su trabajo, su lenguaje, hasta irrumpir en las disciplinas científicas correlativas, Biología, Economía, Lingüística, provocando la discontinuidad de las series de los estudios en esos campos. Lo finito limitado. Ahora la idea de finitud rompe las series, fractura los continuos, y la representación deja de hacerse infinita: la muerte entra a formar parte de la vida, el trabajo se carga de penuria debido a la especialización de las tareas en las factorías industriales, la parcelación agrícola posibilita la emigración de mano de obra desarraigada, los nacionalismos rompen los territorios, la política omnímoda anclada en la sanción divina deja su paso a la representatividad fracturada en distintas cámaras y poderes, la afasia en el lenguaje provoca las fracturas de la métrica, la prosa poética. En resumen, la ciencia, del lenguaje, o de la economía política, sustituye lo comparado a lo general, que era lo característico del siglo XVII. La vida misma se percibe fracturada por los sueños, la locura, los viajes interiores, las experiencias alucinatorias, por la misma muerte. El hombre queda dispersado, roto, su mundo fracturado en mil pedazos ante la muerte de dios, sintiéndose finito y limitado. Pero Foucault asegura que en la parte final del siglo XX se han producido cambios que ya anuncian la llegada de nuevas fuerzas con las que el hombre ha sabido entrar en relación. Y afirma que el hombre puede volver a unir la vida, la economía y el lenguaje dentro de lo finito ilimitado, creando un código o genoma que comprende todas las diferencias genéticas de lo vital, o el silicio del ordenador que es capaz de agrupar o codificar la ilimitada dispersión del ser mediante el lenguaje digital.

Estamos lejos de contemplar esa Gran Biblioteca digital de ilimitada sabiduría accesible desde cada terminal de ordenador, pero ciertamente el hipertexto es una ventana de espacio finito que se abre a ilimitados caminos. El hipertexto es efectivamente laberinto finito pero ilimitado que se ajusta a lo que Gilles Deleuze y Félix Guattari denominaron como rizoma (3)(término que toman de la botánica y que se atribuye a una raíz descentrada que se extiende en todas las direcciones), que define un modelo multiple de conexión de elementos heterogéneos. El hipertexto funciona efectivamente como un laberinto rizomático que se compone de un espacio red surcado por nudos conectados entre sí que modifica el espacio limitado o cosucesivo cartesiano al expandirse ilimitadamente anulando toda idea de jerarquía o de centro del que dependería a la par que toda idea de identidad o de unidad limitadoras. El hipertexto ya no es finito, clausurado, limitado en una identidad o una unicidad singular e irreversible proveniente de la intuición singular del espíritu de un Autor; pierde su identidad y su unicidad para devenir multiplicidad impersonal y colectiva, texto red que prolifera como potencia del código que pone en variación al mundo.

Una muestra literaria hipertextual da un paso decisivo en la formalización de este laberinto rizomático como una codificación de lo ilimitado que supone anular todo orden jerárquico dependiente de un centro aglutinador o toda limitación identitaria: Patchwork Girl; o un Monstruo moderno de Shelley Jakson. El mito de Frankenstein se reinterpreta en relación con la identidad de lo femenino y el cuerpo de la mujer. El texto fragmentado gráficamente funciona como un patchwork en paralelo a la técnica con la que se fabrica un tejido hecho de remiendos de otros tejidos, de otros tactos y colores, que se unen para formar un único objeto cuyo origen heterogéneo es constantemente visible. En principio la idea del monstruo fragmentado remite a Lacan (4) cuando describe en la evolución del niño una fase que él denomina estadio del espejo en el que éste observa su propio cuerpo como fragmentado, sus pies, sus manos, incluso la imagen de sus padres. El niño observa y desea partes, pedazos, fragmentos, que sólo más tarde unirá en la figura del padre, o de la madre, y la suya propia. Para Lacan por cierto a partir de ahí el niño comprende quién es el padre como entidad molar, y pronto descubre que es la ley; regula su deseo definitivamente en la fase del Edipo, y en la adolescencia ya tiene una imagen que repetir e imitar. Ya desea una entidad molar: un chico con ahorros, una joven buena y culta. Sólo el esquizofrénico que está enfermo sigue viviendo en ese período infantil en el que siente su cuerpo troceado, fragmentado, roto, por lo que el diagnóstico para la tradición del psicoanálisis sería claro: el hipertexto de Jakson es esquizofrénico. Pero ese espacio fragmentado que es el monstruo o el cuerpo de la mujer funciona aquí como una potencia multiplicadora de la unidad que pone en variación ilimitada la materia finita de la vida.

El espacio liso del hipertexto de Jackson posee una heterogeneidad de base que no procede por estríaje de líneas perpendiculares y verticales como la página en blanco sino que se convierte en un singular plano de composición, patchwork de elementos diferentes, que se revela como espejo textual de la ilimitada riqueza diferencial de los cuerpos. El cuerpo del monstruo es la suma total de las partes o miembros que lo componen como agrupamiento de elementos heterogéneos que poseen su propia vitalidad, su propia organización, a la par que la construcción imaginaria del yo se desvela como la suma de elementos culturales, semióticos, o ideológicos. Resulta indudable que Jakson al fragmentar el texto a la par que el cuerpo humano está incidiendo en la multiplicidad ilimitada que late debajo de la unidad resaltando esa trama vital que se teje como red de nudos que pone en comunicación los elementos más heterogéneos. Multiplicidad que el lector reproduce en otro lado, perdido el hilo que sujetaba Ariadna, en el laberinto de la lectura.

Si el monstruo de Jakson se construye en un espacio heterogéneo cualitativo ya no cuantitativo, sin jerarquía pero no sin diferencia puesto que expresa los diferentes fragmentos de una identidad que pierde su esencialidad para abrirse en la multiplicidad de accidentes y de percepciones, ahora el hipertexto permite también a otros escritores, como es el caso de Michael Joyce, exponer versiones excluyentes de una misma situación o argumento en distintos itinerarios de lectura que actualizan mundos posibles alternativos o contradictorios entre sí. Si el propio género narrativo parte de la posibilidad de crear otros mundos ahora ya nada impide aprovechar las puertas que los ponen en comunicación desde los enlaces de los textos de ordenador. El debate sobre el problema de los mundos posibles, tal como lo resume Deleuze (1988), ya lo plantea Leibniz en la Teodicea con la noción de composibilidad. Veamos a fondo la cuestión: la esencia del individuo, o de la mónada, según Leibniz, está compuesta por la serie infinita de accidentes, o de predicados analíticos que envuelve. Podemos definir a la garrapata como es tradicional por sus diferencias de género o especie, esto es por la semejanza, identidad, oposición y analogía respecto a otros individuos, especies y géneros, o bien, y este es el método propuesto por Leibniz, por los accidentes, es decir, por el mundo como suma de accidentes que envuelve. Ahora bien, el problema que se plantea Leibniz es el siguiente: si sustituimos las esencias por los accidentes en el análisis ¿existirán incompatibilidades lógicas en los mundos desplegados por los individuos? Si así fuera, el mundo en el que Juan combate en la batalla naval no podría existir en el mismo mundo donde Pedro detiene la flota y no entra en batalla. O bien, y en tanto que carecemos de soporte esencial y todo se define por los acontecimientos, por los predicados, cómo explicar un mundo donde la mónada Adán no es pecador y la monada Cristo es redentor, o César no cruza el Rubicón. ¿Cómo podría existir el mundo de las mónadas, si entre ellas no hay la debida unidad que otorgaría el mundo? En respuesta a este problema Leibniz plantea la noción de composibilidad de los mundos y confía la convergencia de las series a Dios. Así, dirá Leibniz, el mundo es una infinidad de series que convergen alrededor de puntos singulares, y se llamarán composibles el conjunto de series convergentes, y el conjunto de mónadas que expresan el mundo en el que convergen: Adán pecador, César emperador, Cristo salvador, etc., e incomposibles las series que divergen, el mundo donde Adán no ha pecado, y César es emperador, etc. Dios compara los mundos y elige el mejor de los mundos posibles manteniendo la convergencia de las series y de los acontecimientos.

Pero quizás el juego ha cambiado si soslayamos a esa entidad superior, o si imaginamos un dios burlón y estafador, entonces las series divergentes trazan en un mismo mundo caótico senderos siempre bifurcantes, un chaosmos que la literatura moderna antes que nadie supo percibir, Joyce, Maurice Leblanc, Borges o Gombrowicz. Si en el Barroco se da el último intento de restaurar la razón clásica que se despedazaba por los golpes de las divergencias, las imposibilidades, los desacuerdos y disonancias, la Modernidad ha irrumpido con su despliegue de series divergentes en el mismo mundo, de incomposibilidades sobre la misma escena donde como en el jardín de los senderos que se bifurcan de Borges, Fang mata al intruso, Fang es asesinado por él, o todo a la vez. Leibniz dice que un acontecimiento, una batalla naval puede tener lugar o no pero no será en el mismo mundo. Tiene lugar en un mundo, no tiene lugar en otro mundo y esos mundos son posibles pero no son composibles entre sí. Así de este modo forja la noción de composibilidad en lugar de la de contradicción para resolver el dilema y mantener la idea de verdad. No es imposible sólo incomposible. Pero nada nos impide afirmar ahora que los incomposibles puedan pertenecer al mismo mundo como afirma Borges en su relato. La línea recta del tiempo se bifurca pasando por los presentes incomposibles, por pasados no necesariamente verdaderos, derivándose un nuevo estatuto de la narración que afirma la incomposibilidad, la divergencia de las series, la simultaneidad de presentes diferentes, poniendo en cuestión la noción de verdad para una narrativa que deja de ser verosímil en beneficio de su poder creador y artístico.

Afternoon de M. Joyce es uno de los primeros productos literarios hipertextuales que vienen a aprovechar esta inmersión en mundos posibles con secuencias y desenlaces diferentes o contradictorios. Se trata del monólogo interior de un narrador y la acción se limita a unos minutos u horas o segundos dependiendo del itinerario elegido de lectura de la tarde de este Stephen Dedalus electrónico. Consta de 539 lexias y empieza con una, aunque no tiene porque leerse la primera, que se titula ?quiero decir?, y contiene una sola frase: ?Quiero decir que es posible que haya visto a mi hijo morir esta mañana?; desde aquí el lector empieza a explorar las lexias en forma de tarjeta cada una con varios enlaces posibles para saber más de la historia. En efecto la primera pantalla de Afternoon termina con una pregunta: ?¿Quieres oír más sobre esto?? El lector puede contestar sí o no y en cada uno de los casos verá pantallas distintas que lo guiarán por caminos diferentes. Sin duda el laberinto hipertextual de Afternoon no sólo deconstruye la identidad personal como en la obra de Jakson sino que expresa una realidad múltiple que rechaza alérgicamente la idea de Verdad, ¿qué ha visto de verdad Peter? Efectivamente los diferentes caminos de lectura pueden deshacer la lógica causal de los hechos narrados modificando la noción de verdad de lo narrado, de forma que el en sí del mundo se deshace literalmente en mil perspectivas o puntos de vista fenomenológicos que configuran acaso el conjunto ilimitado de los para sí singulares de cada visión o lectura.

Sin duda que conviene también señalar, aunque ahora no sea el lugar para desarrollar por extenso, que los conceptos de tiempo unilineal y espacio cuantitativo o de cosucesión son modificados en Afternoon en beneficio de los de la repetición y la diferencia. El laberinto hipertextual es probablemente repetición, como eterno retorno, pero de la diferencia, no de lo mismo, sino de una diferencia mínima, únicamente espacio-temporal, como una mise en abîme aunque ahora inmanente y rizomática. Ya no es lo mismo lo que cambia sino lo otro lo que retorna. Ése es el giro antiaristotélico de la posmodernidad, la gran diferencia con el pensamiento clásico: el espacio y el tiempo son los productores de la variación, la diferencia de cada camino en el tiempo de la repetición, en este dar vueltas constante por un espacio confuso y contradictorio que es la obra de Michael Joyce, como la repetición diferente de la obra de otro Joyce no menos revolucionario. Esa repetición de las lexias es la repetición de la duda sobre lo que ha visto el protagonista, que se repite a su vez en los lectores, pues es también la duda sobre lo que creemos ver, el nuevo Hamlet que duda y repite la duda, y hace de la repetición de la duda el auténtico motor del relato. Hay lexias que se repiten en Afternoon y hay links que no ceden la primera vez, pero resuena siempre la repetición de cada camino diferente de lectura, como las citas o los encuentros que se repiten pero difieren aunque sólo sea en el espacio y el tiempo en el que conocer nuevos detalles o tomar nuevos derroteros como la única libertad del sujeto frente a lo real. En verdad tiempos y espacios que poseen su propia singularidad, verdaderos productores de lo real.

Hemos analizado brevemente dos obras hipertextuales y hemos señalado algunas de las características más innovadoras para la teoría textual, y hemos entrevisto cómo el hipertexto es fragmentario, rizomático, laberíntico, expresión de un universo que la ciencia moderna ha troceado cualitativamente. Ahora bien, creemos que esto todavía no es suficiente, la narrativa hipertextual desde la experimentación futura de autores literarios puede seguir la brecha que la modernidad supo abrir en torno a la noción multiforme de verdad o a la multiplicidad de la identidad del cuerpo o del yo. Si las incompatibilidades lógicas de una historia se mantienen a salvo en un mismo itinerario de lectura, olvidos aparte como el cervantino del rucio de Sancho, la narrativa multiforme hipertextual ya permite por otro lado la proliferación ilimitada en el espacio y en el tiempo, multiplicando las identidades, rompiendo la unidad de la verdad en beneficio del juego creador de lo narrativo. Habrá que esperar cómo los escritores del hipertexto son capaces en el futuro de aprovechar ese nuevo estatuto de lo finito ilimitado, cómo trabajan desde ese código propio del hipertexto, generador de miles de variantes, de múltiples posibilidades. Pues contar es siempre relatar en el tiempo una serie de acontecimientos de los que se puede incidir en su lógica temporal de causa y efecto o bien en su ficcionalidad dando lugar así a dos modelos de prescripción narrativa que están también en la base de toda creación artística. Y si el espacio sufre las condiciones de un trabajo, el del hipertexto, que en verdad revoluciona el conocimiento y la percepción, el tiempo unilineal puede disolverse para generar la divergencia y la alteridad de, ahora sí, otros mundos posibles que paradójicamente se pueden dar a la vez, con desenlaces diferentes de la historia como una libertad para el hombre.

La narrativa multilineal del hipertexto puede mostrar mejor que el libro analógico esta ruptura de la línea del tiempo que destituye la idea de la representación o de la verosimilitud en beneficio de un orden creador que pertenece por entero al hombre y al arte. Quizás más tarde se pueda valorar en que medida la literatura hipertextual trabaja en otra dirección, más política o filosófica, quizás más necesaria. Pues acaso afirmar un espacio red que se abre en divergencias secuenciales, es decir construir otros mundos en un espacio-tiempo otro, suponga también negar el orden convergente, las identidades fijas de Dios, Mundo, y Yo, y así arruinar la moral, el fascismo, y la psiquiatría, las tres columnas del templo de oro del poder de hoy.

NOTAS

(1) Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism , Durham, 1991.

(2) Las palabras y las cosas , Siglo XXI, México, 1968.

(3) Mil Mesetas , Pretextos, Valencia, 1988.

(4) "Le stade du miroir comme formateur de la foction du Je", Écrits , París, 1966.



BIBLIOGRAFÍA

Deleuze, G. (1988): Le Pli. Leibniz et le Baroque , París, Minuit.

Deleuze, G., y F. Guattari (1988): Mil Mesetas , trad. de J. Vázquez, Valencia, Pretextos.

Foucault, M. (1968): Las palabras y las cosas , México, Siglo XXI.

Jackson, S.: The body. http: //www.altx.com/thebody/body.html.

Jameson, F. (1999): El giro cultural , trad. Horacio Pons, Buenos Aires, Manantial.

Joyce, M.: Afternoon. http://www.eastgate.com/catalog/Afternoon.html.

Joyce, M. (1989): Afternoon :: a story, Cambridge, Eastgate Systems.

Lacan, J. (1966): Écrits , París, Seuil.

Landow, G. (1997): Teoría del hipertexto , Barcelona, Paidós.

Murray, J. (1999): Hamlet en la holocubierta , trad. Susana Pajares, Barcelona, Paidós.

Navarro, A. (2000): Introducción al pensamiento estético de Deleuze , Valencia, Tirant lo Blanc.







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