La ficción paranoica como negantropía del saber

Ana Llurba
anallurba@hotmail.com
Publicado el: 19/03/08


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El concepto de “paranoia”, como señalara Leo Bersani (1989:99) en su sugestiva lectura de la célebre novela El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon, ha tenido “una extraordinaria y compleja historia médica, psiquiátrica y psicoanalítica”, y es considerada -en su acepción más frecuente- meramente como sinónimo de desorden mental que elucubraría sospechas infundadas sobre un medio hostil, cifrado en delirios de persecución .


La ficción paranoica como negantropía del saber

Ana Llurba
anallurba@hotmail.com
Lic. en Letras Modernas
Facultad de Filosofía y Humanidades (Universidad Nacional de Córdoba)


Paranoia y literatura

Yo estoy vivo y todos ustedes están muertos.
Philip K. Dick


El concepto de “paranoia”, como señalara Leo Bersani (1989:99) en su sugestiva lectura de la célebre novela El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon, ha tenido “una extraordinaria y compleja historia médica, psiquiátrica y psicoanalítica”, y es considerada -en su acepción más frecuente- meramente como sinónimo de desorden mental que elucubraría sospechas infundadas sobre un medio hostil, cifrado en delirios de persecución . Esta acepción es la que más extendidamente se identifica con la ficción paranoica como una modalidad literaria que tematizaría, en el discurso literario, esos delirios de persecución, característicos de esta patología psiquiátrica.
De acuerdo con la especulación teórica del escritor argentino Ricardo Piglia (1991) acerca de los géneros narrativos, las condiciones de la emergencia de la modalidad literaria de la ficción paranoica podrían considerarse “desde el cuarto cerrado, el lugar privado, el sujeto amenazado por el otro, desde ese punto se construye el género”. En esta línea de indagación, la ficción paranoica podría entenderse, de acuerdo con este autor, como una nueva categoría narrativa que retomaría del policial -en una genealogía que alcanzaría desde la obra de Edgar Allan Poe hasta la serie noir - la emergencia de la multitud anónima, ese elemento amenazador que nace con la sociedad moderna.

La ley del género
En continuidad con lo afirmado anteriormente, la ficción paranoica, entendida desde la reflexión de Piglia (1991) sobre los géneros literarios, se manifestaría como una intersección del policial, la ciencia ficción y los relatos de fantasmas. Un “entre” estas modalidades literarias, como una ley del género “ficción paranoica”, que deviene en términos de Derrida (1980:9) “ley de de desborde, de participación sin pertenencia, de contaminación”: la contaminación genérica, una característica vital de esta modalidad literaria. La ficción paranoica, en este sentido, atendiendo a esa ley del género derridiana, estaría vinculada con una concepción del policial, como una “máquina paranoica” de producir sentido:
“La literatura policial instaura una paranoia del sentido que caracteriza nuestra época: los comportamientos, los gestos y las posturas del cuerpo, las palabras pronunciadas y las que se callan: todo será analizado, todo adquirirá un valor dentro de un campo estructural o de una serie. Se trata de la semiología que, como teoría de la lectura, se aproxima cada vez más a la máquina paranoica de la literatura policial” (Link, 2003:13) (El resaltado es nuestro)

Por lo tanto, a medio camino entre el policial, como “máquina paranoica de producir sentido” y la ciencia ficción, se ubicaría la producción literaria de Philip K. Dick, según Piglia (1991), uno de los gestores de este híbrido genérico. Su prolífica narrativa de ciencia ficción desarrollaría casi exhaustivamente el imaginario de la amenaza y de la vida cotidiana puesta en permanente peligro, remitiendo a la omnipresencia de una especie de complot o totalidad conspirativa.
Philip K. Dick (1928-1982) es considerado un referente de la ciencia ficción contemporánea, género con el cual se halla estrechamente vinculada la ficción paranoica. En este sentido, quizás la paranoia sea una característica ceñida a éste género, según afirma Thomas Disch 1994([1987]:21), otro de los referentes contemporáneos del género: “Tal vez la paranoia sea un rasgo específico de la ciencia ficción. Sin duda, es un terreno fértil para las construcciones delirantes y persecutorias porque especula con el futuro y nos ha enseñado a imaginar los terrores del porvenir”. Otras reflexiones acerca de la ficción paranoica, a diferencia de Disch, amplían el vínculo concreto que este escritor indica de la ficción paranoica con la ciencia ficción, identificando a la primera con un género literario con una extensa memoria cultural: la distopía. En este sentido, entendiendo, con Litter (2004), que “si la ciencia ficción podría considerarse una extrapolación hacia el futuro del presente tecnológico, la ficción paranoica, podría leerse como una extrapolación de alguna tendencia del presente político hacia el futuro” , podría indagarse en esta modalidad literaria, un vínculo específico entre ciencia ficción y extrapolaciones del presente político. Este parentesco ha sido planteado como modalidad de la distopía contemporánea por Raymond Williams (1994 [1979]:122-123) de la siguiente manera:
“Dentro de este modo a la vez liberador y promiscuo, la ciencia ficción, en su conjunto ha ido más allá de lo utópico; en la mayoría de los casos, es verdad, porque también se ha quedado corta. La extrapolación más directa a partir de nuestras propias formas y condiciones -sociales y políticas pero también inminentemente materiales- ha sido en efecto en intención distópica: la guerra atómica, el hambre, la superpoblación, la vigilancia electrónica han colocado a 1984 como una era de la felicidad entre todas las fechas posibles”.

Esta intención distópica atribuida a la ciencia ficción, con la cual, la ficción paranoica compartiría esa capacidad de extrapolación de nuestras propias formas y condiciones sociales y políticas, permiten entender a ésta como una de las modalidades literarias de la distopía.
La ficción paranoica, comprendida, de esta forma, como una extrapolación hacia el futuro de alguna tendencia política “negativa” del presente coincidiría, además, con la lectura propuesta por Jameson (2000:244-245) sobre el carácter representacional de la ciencia ficción:
“(...) el aparente realismo o el carácter representacional de la ciencia ficción ha ocultado tras de sí otra estructura temporal más compleja: no se trata de ofrecernos imágenes del futuro(...) cuanto de des-familiarizar y reestructurar la experiencia que tenemos de nuestro propio presente, y de hacerlo por unas sendas específicas, distintas de todas las demás formas de des-familiarización que conocemos (...) lo que sostendré aquí es que, en realidad, la ciencia ficción más característica no pretende imaginar el futuro “real” de nuestro sistema social. Sus múltiples futuros ficticios desempeñan una función muy diferente, la de transformar nuestro propio presente en el pasado determinado de lo que aún está por venir”

En este trabajo, el autor, atribuye lúcidamente a algunas obras de literatura de anticipación (como las de James Ballard) cierta sensibilidad histórica, que no representaría el futuro, sino que desfamiliarizaría el presente, inaccesible directamente. Aspecto que nos permitiría entender a la ficción paranoica en continuidad con el “horizonte ideológico” configurado en la modalidad genérica de la distopía.

El valor “patognóstico” del discurso literario
Si como señalara Wolfang Bongers (2006:15), en una sugestiva intersección teórica entre las observaciones literarias y médicas como formaciones discursivas, el discurso literario podría considerarse como una “second order observation” del discurso médico:
“Mientras que la medicina como ciencia etiológica apunta al diagnóstico, a la terapia y a la cura de enfermedades, la literatura y el arte son capaces de hacer diagnósticos estéticos sobre el estado de la cuestión en una sociedad y sobre las constelaciones culturales (...) La literatura funciona entonces como una second order observation de la medicina y otras observaciones y autoobservaciones construidas en los registros sociales y científicos. Es capaz de proveer un saber cultural que está a disposición de la sociedad como un metasaber sobre sí misma”

Desde ese lugar asignado al discurso literario como un metasaber de la sociedad sobre sí misma, la ficción paranoica podría entenderse como una modalidad literaria que vislumbraría diagnósticos estéticos sobre el estado de la cuestión de las relaciones entre el sujeto y el Estado en las sociedades contemporáneas. De esta manera, la ficción paranoica podría pensarse, además, desde la hipótesis en torno al “valor patognóstico” asignado al discurso literario por Jorchen Hörisch (2006:51). Sin caer en una excesiva romantización de los vínculos entre literatura y enfermedad, este autor propone que:
“El discurso literario tiene una propensión patognóstica. La patognóstica: el neologismo eleva a concepto una tesis (…) la patología y gnoseología están estrechamente emparentadas. Las enfermedades brindan algo para detectar, por cierto que las enfermedades tienen conocimientos: las enfermedades son conocimientos. La lógica de las enfermedades (patología) y la lógica de los conocimientos (gnoseología) se corresponden entre sí”.

Este crítico postularía que ese “valor patognóstico” se manifestaría, en especial, en el discurso literario de la Era Moderna, donde “a diferencia del discurso de las ciencias médicas, psiquiátricas, etc., (el discurso literario) tiene un especial interés en enfocar correspondencias entre crisis de época o patologías de época por un lado, y enfermedades individuales por el otro”. En este sentido, señalaría el autor que una diferencia entre enfermedades de época y enfermedades de moda, se cifraría “cuando los contemporáneos perciben, califican, observan y bautizan su tiempo como una época específica que se diferencia de lo precedente de manera encantadora o amenazante”. De esta manera, la ficción paranoica desde su “propensión patognóstica” (Hörisch, 2006:51) realizaría discursivamente el dispositivo de la amenaza desde su atención a la representación de la experiencia de las coacciones que sufre el sujeto en la sociedad contemporánea, producto del proceso histórico del desplazamiento del Estado de soberanía moderno a las sociedades de control.
Un desplazamiento indagado en la célebre Posdata sobre la sociedades de Control de Gilles Deleuze (1999:106) donde, en clave de apostilla foucaultiana, el filósofo francés aseguraría que “Control es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo”. Si control es el dictamen para el futuro próximo, quizás la paranoia, sea un interesante tópico “patognóstico” para indagar sus representaciones en el discurso literario. De esta manera, podemos entender a la ficción paranoica como una modalidad literaria que, en continuidad con el género policial, tematizaría a la paranoia, como una enfermedad de nuestra época, la sociedad de control.

La “verdad” de la paranoia

El Presidente Schreber tiene los rayos del cielo
en el culo. Ano solar. Además podermos estar seguros
de que ello marcha; el presidente Schreber siente algo,
produce algo, y puede teorizarlo.
Deleuze-Guattari.El AntiEdipo


Sabemos que Sigmund Freud presentó su análisis más célebre sobre la psicosis paranoica en Notas psicoanalíticas sobre un relato autobiográfico de un caso de paranoia (1911), basado en la autobiografía Memorias de un enfermo nervioso (1903) del Dr. Daniel Paul Schreber. Autobiografía considerada no sólo una “fuente privilegiada” para el análisis de este patología psiquiátrica, sino también presentada como “una de las obras más extraordinarias del siglo XX” . En su indagación sobre esta enfermedad, el fundador del psicoanálisis atendió a los delirios interpretativos del Dr Schreber como un mecanismo de autoconservación contra un acceso de libido homosexual:
“Freud explicó la paranoia como la defensa contra un deseado ‘ataque’ homosexual, una defensa cuyo éxito depende de un agotador esfuerzo interpretativo. Los beneficios potenciales del control interpretativo son ilustrados dramáticamente por el caso del Dr Schreber, el caso de paranoia más célebre analizado por Freud, el cual trasciende su ansiedad paranoica, hasta trasformarlo en un complot de hostilidad cósmica dentro de la épica de un egocentrismo cósmico. El deseo de Dios de usar a Schreber como una “esposa” con el fin de engendrar una nueva raza reescribe la catástrofe como apoteosis; el ataque terrorífico que tendrá lugar, pero, en su forma idealizada, divina, puede ser finalmente reconocido como un objeto de deseo. Schereber termina exactamente donde él (Freud) empezó: en la anticipación del placer de ser destruido como resultado de tomar un rol sexual pasivo” (Bersani:1999,100).

Entonces, de acuerdo con la interpretación freudiana clásica, la paranoia en el caso de Schreber se manifestaría como la represión de un acceso de libido homosexual hacia su médico, el Dr Flechsig. Un mecanismo de represión que adquiriría la forma de hilarantes delirios interpretativos -hasta alcanzar la dimensión de un complot místico-religioso- en los cuales Schereber alucina con su transformación en mujer, para ser fecundada por los rayos del sol, por donde circularían los espermatozooides que engendrarían a una nueva raza, luego de una hecatombe universal.
Sin embargo, Leo Bersani (1989:100) ha señalado sugestivamente que “un poco de paranoia” debe haber asediado al mismo Sigmund Freud al indicársele las similitudes entre su formulación teórica acerca de las catexias libidinales y los síntomas (los rayos de Dios) presentes en los delirios enunciados en la autobiografía del Dr Schreber. Esta curiosa anécdota acerca del íntimo vínculo entre la paranoia y la teoría psicoanalítica, le permite a Bersani (1989:102-103) preguntarse: “¿Qué más podría ser la verdad de la paranoia que una replicación, un registro discursivo diferente, de los delirios paranoicos?” Y, a los fines de relativizar la insistencia de este concepto en la obra de Thomas Pynchon, propone que en El arco iris de la gravedad el escritor norteamericano estaría menos interesado en esa sospecha constante enclavada en sus argumentos, que en una “despatologización de las estructuras de pensamiento” .
En esta línea de sentido, donde el discurso de la ciencia se confunde promiscuamente con el lenguaje de la sintomatología de la paranoia, podríamos agregar que, las memorias de Schreber, esa obra fundante para el análisis de este desorden mental, es un texto que, según Schäffner (2006:186), puede ser leído simultáneamente como un “caso” de psicosis paranoica, a la vez que, como un discurso literario:
“Ante el fracaso de la internación y el apoyo que significa la publicación de las Memorias para poder ganar el juicio contra su incapacitación, la paranoia de Schreber puede entrar en un espacio más allá del discurso psiquiátrico: primero, el espiritismo que le permite la publicación, después también el psicoanálisis y las teorías culturales. De tal manera, el texto de Schreber pierde su carácter patológico y hace época pero no como enfermedad sino como texto tanto teórico como literario que puede demostrar la verdad de su teoría palabra por palabra en su propio cuerpo” (El resaltado es nuestro).

De esta manera, entendiendo al discurso literario en la intersección con el discurso médico, psiquiátrico y psicoanalítico, podríamos relativizar esa asignación de “second order observation” (Bongers, 2006:15) a este discurso. Atenderemos, en este sentido, a la ficción paranoica, como una modalidad literaria que no sólo tematizaría “tópicos” del discurso médico, como la sintomatología de la psicosis paranoica, sino, más bien, como un discurso literario capaz de relativizar esa “verdad” construida por el saber-poder del discurso médico- psiquiátrico.

La “desterritorialización” del caso Schreber
Otra operación de “despatologización de la paranoia” podría entenderse en la “desterritorialización” del caso Schereber que agenciaron Deleuze-Guattari (2005) en El AntiEdipo. Ambos autores cifraron gran parte de su polémica contra el psicoanálisis en la propuesta del “esquizoanálisis” , basado en la polaridad paranoica-esquizo. La primera parte de esta díada, la paranoia, fue resemantizada por estos autores, como “un tipo o polo paranoico fascista, que carga la formación de una soberanía central y sobrecarga en la causa final, eterna, de todas las otras formas sociales de la historia, contracarga los enclaves y la periferia, descargando toda libre figura del deseo (…)”(Deleuze-Guattari,2005:286-287) . En este sentido, se evidenciaría el esfuerzo interpretativo desde el “esquizoanálisis” de resemantización de la paranoia como una catexia social de tipo represivo. Edipo, como complejo nuclear del psicoanálisis, sería interpretado, por lo tanto, como una catexia social de tipo paranoico . En esta clave de lectura, estos autores acusaron a Freud de una excesiva “edipización” de la paranoia en el caso Schreber:
“Debemos constatar que el presidente Schereber no conoció tan sólo el destino de ser sodomizado por los rayos de Dios, sino el póstumo de ser edipizado por Freud. Del enorme contenido político, social e histórico del delirio de Schreber no se tiene en cuenta ni una sola palabra, como si la libido no se ocupase de esas cosas. Sólo se invocan un argumento sexual, que lleva a cabo la soldadura entre la sexualidad y el complejo familiar(...)” (Deleuze-Guattari, 2005:62)

Deleuze-Guattari cuestionaron, de esta manera, el reduccionismo “familiarista” en la interpretación psicoanalítica freudiana del caso Schreber y lo reinterpretaron “esquizoanalíticamente”, desde el desmontaje de la “ley paranoica”:
“El psicoanálisis dice que debemos descubrir al papá bajo el Dios superior de Schreber, y ¿por qué no al hermano mayor bajo el Dios inferior? Ora el esquizofrénico se impacienta y pide que se le deje tranquilo. Ora entra en el juego, incluso lo exagera, con la libertad de poder reintroducir sus propios puntos de referencia en el modelo que se le propone y que desde el interior hace estallar (sí, es mi madre, pero mi madre es la Virgen). Nos imaginamos al presidente Schreber respondiendo a Freud: claro que sí los pájaros parlantes son muchachas, y el Dios superior es papá, y el Dios inferior, mi hermano. Pero a la chita callando vuelve a embarazar a las muchachas con todos los pájaros parlantes, y a su padre con el Dios superior, y a su hermano con el Dios inferior, formas divinas que se complican o se desimplifican a medida que se abren camino bajo los términos y funciones demasiado simples del triángulo edípico” (Deleuze-Guattari, 2005:22-23)

En este sentido, desde una gramática de interpretación “esquizoanalítica”, ambos autores agenciaron una operación de decodificación del caso Schreber, desde el polo esquizo, promoviendo su “desedipización” a la vez que su desterritorialización. Dentro de esa polaridad paranoica-esquizo formulada por la cuarta tesis del esquizoanális, una noción de “desterritorialización” emergería en la definición del polo esquizoide como:
“sus líneas de fuga que siguen los flujos decodificados y desterritorializados, inventando sus propios cortes o esquizias no figurativas que producen nuevos flujos, franqueando siempre el muro codificado o el muro territorial que los separan de la producción deseante”
(Deleuze-Guattari, 2005:277) (El resaltado es nuestro)

Por lo tanto, el concepto de “desterritorialización” aparecería como un neologismo, en continuidad con esta definición, planteada originalmente en El AntiEdipo (2005) (aunque adquiriría una significación más compleja en obras posteriores) como sinónimo de “descodificación”. En este sentido, la “desterritorialización de la lengua” representaría la decodificación de una ley paranoica, en el trazado de esas líneas de fuga, parafraseando a los autores, capaces de arrancar a nuestra propia lengua una literatura menor. Esa “desterritorialización de la lengua”, la condición primera para una “literatura menor”, entendida de esta manera, no remitiría exclusivamente al uso literario de una lengua menor, dentro de una considerada mayor (como Kafka, que en su condición de judío-checo escribió en el alemán de Praga) sino a un “uso intensivo asignificante de la lengua” (Deleuze-Guattari, 1998:43). Un uso que crearía por “invención sintáctica” líneas de fuga creadoras, como “vectores de desterritorialización o desorganización” (Zouravichbili, 2007:55) evidenciando a la lengua como ese “traje de Arquelín” o “esa mezcla esquizofrénica”, de donde emergerían las condiciones para una “literatura menor”. La desterritorialización, germinaría, entonces, como una operación de decodificación, o “antiley”, es decir, como un “procedimiento que va a desmontar la ley paranoica en todos sus dispositivos”, el polo esquizo. Este procedimiento se evidencia en la restauración de ese “uso intensivo asignificante de la lengua” que agenciaría el discurso de Schreber. De esta forma, se le asignaría a su delirio interpretativo, la fluidez del código deseante del esquizofrénico mediante el desmontaje de la “ley paranoica”. El caso Schreber deviene, así, una especie de ejecución proso-poética de la “esquizofrenia” para Deleuze y Guattari (2005), quiénes “despatologizarían” su discurso devolviendo el discurso de la ciencia (el psicoanálisis freudiano y su interpretación del caso como psicosis paranoica) a la improbabilidad . Operación análoga, quizás, a la de Bersani (1989:102-103) sobre la obra de Pynchon, señalada anteriormente y, a la sugestiva lectura de Michel Foucault, sobre la obra del gestor de la proto ciencia ficción: Julio Verne, que indagaremos a continuación.



La ficción paranoica como negantropía del saber

Podríamos intentar redefinir a la ficción paranoica, en este sentido, como una modalidad literaria relativamente contemporánea que, desde la célebre autobiografía del Dr Schreber hasta las novelas de Thomas Pynchon agenciarían esa “negantropía del saber” que Foucault (1994[1968]:68) concedió atractivamente a la obra de Julio Verne, uno de los fundadores de ese género con el que la ficción paranoica se encuentra estrechamente vinculada, la ciencia ficción:
“Contra las verdades científicas y rompiendo sus voces heladas, los discursos de la ficción remontaban sin cesar hacia la improbabilidad más grande. Por encima de ese murmullo monótono por el cual se anunciaba el fin del mundo, esos discursos hacían que se fundiera el ardor asimétrico de lo casual, del inverosímil azar y del despropósito impaciente. Las novelas de Julio Verne son la negantropía del saber. No es la ciencia que se ha tornado recreativa, sino la re-creación a partir del discurso uniforme de la ciencia”


De esta manera, nos parece que esa ley paranoica que se manifestaría en la modalidad de la ficción paranoica, re-crearía el discurso uniforme de la ciencia, en este caso, los delirios de interpretación y el lenguaje de la sintomatología de la paranoia. Una re-creación que tendría lugar desde esa paradójica “ley de la ley del género” sobre la que indagó Derrida (1980:3), en el sentido de que “la condición de posibilidad de la ley es el a priori de una contraley, un axioma de imposibilidad que enloqueciera el sentido, el orden y la razón”. Una ley paranoica, en este sentido, que no puede existir sin una contra-ley. La cual se configuraría como una contraley esquizo en la interpretación que agencian Deleuze-Guatari sobre el caso Schereber, así como una “despatologización del pensamiento” en la indagación de Bersani (1989:102-103) sobre Pynchon. Interpretaciones que, como la reinscripción histórica de Schäfner (2006:186) del delirio interpretativo de Schereber en una serie literaria, fraguan ese movimiento de restitución del lenguaje al desequilibrio de sus poderes soberanos, que Michel Foucault (1994[1968]:66) asignó a los juegos ardientes de la ficción. Operaciones de lectura que desmontarían, decodificando, desterritorializando la ley del género ficción paranoica, haciendo del discurso de la ciencia y del saber-poder del discurso médico-psiquiátrico y psicoanalítico, representado en esta modalidad literaria, ese “murmullo que hay que devolver a la improbabilidad”.






Bibliografía

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• Bongers, Wolfang (2006): Literatura, cultura, enfermedad. Una introducción. En Literatura, cultura, enfermedad. Wolfang Bongers y Tania Olbrich. Comp. Ed. Paidós.Bs As, Argentina.Pág.11-15.
• Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (1998): Kafka. Por una literatura menor. Ed. Era. México.
- Capítulo 3.¿Qué es una literatura menor? Pág.29-44

• Deleuze, Gilles (1999): Posdata sobre las sociedades de control. En El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo. Christian Ferrer comp. Ed. Altamira. Bs As, Argentina. Pág.106
• Deleuze, Gilles (2005): El AntiEdipo. Capitalismo y esquizofrenia. Ed. Paidós. Bs As, Argentina.
- Capítulo I. Las máquinas deseantes. Pág.11-41

- Capítulo II: Psicoanálisis y familiarismo: La sagrada familia. Pág.57-63.
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• Disch, Thomas (1994[1987]): Como un auto lanzado a fondo por una carretera vacía. Entrevista de Ricardo Piglia. En Escalera al cielo. Utopía y ciencia ficción. Daniel Link comp. Ed. La marca. Bs As, Argentina. Pág. 21.
• Foucault, Michel (1994[1968]): Verne: un revolucionario subterráneo. En Escalera al cielo. Utopía y ciencia ficción. Daniel Link. comp. Ed. La Marca. Bs As, Argentina. Pág.66-68.
• Hörisch, Jochen (2006): Las épocas y sus enfermedades. El saber patognóstico de la literatura. En Literatura, cultura y enfermedad. Wolfang Bongers y Tania Olbrich, comp. Ed. Paidós. Bs. As, Argentina. Pág. 47-65
• Jameson, Fredric (2000): Progreso versus utopía: ¿podemos imaginar el futuro? En El arte después de la modernidad. Ed. Akal. Madrid, España. Pág.241-248.
• Laplanche, Jean y Pontalis, Jean Bertrand (1996): Paranoia. En Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Paidós. Bs As, Argentina. Pág. 270-271.
• Link, Daniel (2003): Prólogo. En El juego silencioso de los cautos. Ed. La Marca. Bs As, Argentina. Pág.13.
• Littler, Jo (2004): Paranoid Fiction. En www.paranoidfiction.org
• Piglia, Ricardo (1991): La ficción paranoica. En suplemento Cultura de diario Clarín 10/10/1991.
• Schäffner,Wolfang (2006): Delirios de interpretación y sistemas de registro. En Literatura, cultura y enfermedad. Wolfang Bongers y Tania Olbrich, comp. Ed. Paidós. Bs. As, Argentina. Pág. 173-190.
• Williams, Raymond (1994[1979]): Teoría política: utopías en la ciencia ficción. En Escalera al cielo. Utopía y ciencia ficción. Daniel Link comp. Ed. La Marca. Bs As, Argentina. Pág. 112-113.
• Zouravichbili, Francois (2007): “Líneas de fuga”. En El vocabulario de Deleuze. Ed. Atuel. Bs As, Argentina. Pág.55



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