ANTROPOSMODERNO
EL INSTANTE Y EL TIEMPO
Oscar Alberto González

El yo como primer objeto señuelo es a la vez un primer indicio de ficción. Es el primer objeto del Ello y también el primer objeto de engaño.

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El yo como primer objeto señuelo es a la vez un primer indicio de ficción. Es el primer objeto del Ello y también el primer objeto de engaño.

Como nos lo señalara Freud se instaura sobre la superficie del lago, que a modo de espejo le devuelve a Narciso una imagen novedosa y amable en la cual él se reconocerá. Situamos aquí un nuevo acto psíquico, que sobrepuesto al autoerotismo, arroja como resultado lo que conocemos como yo ideal.

El problema surge cuando este nuevo objeto-señuelo queda coagulado como única imagen y no da paso a otras. Problema crucial para comprender lo que se suele llamar genéricamente \"patologías de borde\" o \"de fin de siglo\", pero no se reduce a ellas exclusivamente, comprende también distintos momentos de la cura.

La problemática del narcisismo pasa a ser una pieza clave para inteligir la ausencia de síntomas en los fenómenos antes mencionados.

No me quiero extender en esto que trabajé en otro lado,(1) tan solo pretendo retomar la idea de dos estados diferentes del narcisismo y, por ende del yo. Uno coagulado y compacto, y el otro más dotado para la aceptación del agujero que lo habita. Sintetizando: es el pasaje de lo especular a lo imaginario. En el primero tendremos un yo de piedra, y en el segundo, un yo agujereado que llamamos yo auténtico.

Dando por sentado lo dicho en aquella oportunidad, quiero hoy retomar estas dos características. Para ello voy a partir del sueño de la inyección de Irma (2) que Lacan interpreta en el seminario El Yo en la teoría y en la Técnica Psicoanalítica(3).

En el mismo, Lacan nos muestra el proceso de descomposición del yo que el trabajo del sueño va generando mientras avanza el relato del soñante. ¿Qué sucede allí con el yo de Freud? ¿En qué consiste esa descomposición espectral de la que nos habla Lacan?

Descomposición espectral que toma de la física, más específicamente de la descomposición de la luz por medio de un prisma. Prisma que recibe un haz de luz uniforme y en su salida proyecta un abanico multicolor.

Es necesario contextualizar este sueño para comprender el paso decisivo que está dando el sujeto Freud en su vida. Paso decisivo en relación con el descubrimiento del psicoanálisis. Está yendo más allá del padre, más allá del saber oficial. Está franqueando un límite.

La confesión que le hace a Fliess se puede leer en las cartas del 1900. En una de ellas imagina que sobre la puerta de su casa de campo de Belleve, donde transcurre este sueño, podría colocarse una placa que dijera: Aquí, el 24 de julio de 1895, por vez primera el enigma de sueño fue desentrañado por Sigmund Freud.

Observen todo lo que se le jugaba a nivel del prestigio, pero también de lo osado del paso que está dando.

No voy a entrar hoy en los detalles del sueño para no apartarnos de nuestro itinerario, es decir, para avanzar sobre esa enigmática descomposición espectral del yo.

Recordemos tan solo que Irma es una paciente de Freud, bonita y seductora.

Cuando en el sueño él se acerca a examinarla, la paciente abre la boca y lo que ve al fondo son esos cornetes recubiertos por una membrana blancuzca. Un espectáculo horroroso. La boca y el órgano sexual femenino quedan asociados.

Dice Lacan: la carne que jamás se ve, el fondo de las cosas, el revés de la cara, del rostro, los secretatos. por excelencia, la carne de la que todo sale, en lo más profundo del misterio, la carne sufriente, informe, cuya forma por sí misma provoca angustia.(4)

Es lo real, punto medusante e innombrable. Allí Freud se queda sin palabras. La muerte y la feminidad carecen de representación en el inconsciente. Entonces, ¿qué hace el soñante?. Recurre a sus dobles: llama al profesor M. en su ayuda. Luego desfilan Otto y su colega Leopoldo. Estos últimos comparables con el inspector Bräsing y su amigo Karl.

¿Quiénes son en el sueño estos colegas que acuden en su ayuda? Son las capas identificatorias del yo en las que el sujeto Freud está alienado. Vemos aparecer la serie de los yo, serie de identificaciones que conforman el moi. El yo como el lugar de las identificaciones alienadas del sujeto.

Al llegar a este punto crucial lo imaginario se descompone y muestra su hilacha: muestra cómo las imágenes en las que Freud estaba alienado comienzan a caer una por una, una tras otra. Los personajes convocados dicen pavadas, componen un trío de clawns, imágenes ridiculizadas, eminencias que diagnostican disparates.

La unidad narcisista, esa gestalt egomórfica, reja a través de la cual percibimos el objeto, se deshace. Adviene en su lugar un sujeto acéfalo, el sujeto del inconsciente descentrado del yo que sin embargo aún sigue hablando.

Esto es de capital importancia, hay descomposición espectral del moi y sin embargo, el sujeto sigue relatando el sueño. Hay una voz que hace hablar a cada uno de esos personajes en el seno de dicha descomposición. Una voz que se dirige a Fliess, agregaría yo.

Magnífica postal que nos transmite el instante mismo en que Freud franquea sus identificaciones narcisistas, no hay aquí un \"punto de vista fijo\". Queda únicamente la voz de nadie (personne).

Franqueamiento que se sostiene en el eje transferencial con Fliess que asiente su decir como semejante, como soporte necesario para que la palabra pueda discurrir. Tiempo de comprender, tiempo de asentir la palabra del analizante.

Este franqueamiento nos permite afirmar que el sujeto ahí comprometido dispone de un narcisismo, de una estructura del yo ideal no \"coagulado\". Si así fuera, la descomposición espectral no hubiera sido posible y advendría en su lugar un \"instante catastrófico\"(5).

Narcisismo dinámico que abre a la serie sucesoria de otras imágenes o, por el contrario, imagen única fija y rocosa, plegada sobre sí misma.

Diferencia radical entre plenitud e infinitud. La infinitud no es plena, no es completa, abre una serie infinita de cifras por venir.

¿Qué importancia puede tener para nosotros, analistas esta descomposición del yo?

Cuando el yo, en el sueño queda totalmente descompuesto (...)se produce el mayor número de enlaces entre las pulsiones, las imágenes y los significantes.(6) Es entonces, el lugar apropiado para el advenimiento de unacontecimiento por medio del cual, nuevas imágenes y nuevos significantes se ofrecen como alternativa de ligadura a aquellas pulsiones desanudadas.

A esta altura imagino que ustedes podrían decirme; bueno está bien te concedemos la idea de que hay dos posibilidades, una que el yo tolere su descomposición y otra que no, ¿pero qué tiene que ver esto con el tiempo y el instante? ¿No venías a hablar de eso acaso?

Es cierto les respondería, pero ¿advirtieron que he dicho \"instante catastrófico\"?

Primero veamos entonces ¿qué es un instante? Y ¿qué es el tiempo en psicoanálisis? No pretendo decir la última palabra al respecto porque el tiempo es una noción tan controvertida como fundamental en el la historia del pensamiento.

Pero como por algún lado hay que empezar, comienzo por criticar la idea de un tiempo lineal, contínuo y sucesivo. Noción vulgar que encontramos en el discurso corriente.

En realidad, casi todas las psicologías se basan en esa concepción lineal y sucesiva del tiempo. Suponen que pasado, presente y futuro se continúan espontáneamente. Como si hubiera un orden de desarrollo contínuo, casi diría \"natural\". Se cree que el presente es la síntesis entre el pasado que ya fue y el futuro que vendrá. Es el tiempo del placer.

Ilusión de un yo- aquí abro mi apuesta- que supone que es posible vivir en un tiempo circular que logra dar la vuelta y plegarse sobre sí mismo. En términos del espejo plegarse sobre la imagen del semejante con la convicción de alcanzar una plenitud que no deja resto.

Picardía, cuando no canallada del tiempo lineal que desconoce de este manera la inminencia de la muerte. No olvidemos que el yo es el lugar del desconocimiento propiamente dicho.

Es un tiempo pleno que se desliza del pasado al futuro dejando de lado la proposición esencial: la muerte.

Por el contrario, en el sueño de la inyección de Irma, la muerte y la feminidad no están eludidas, ocupan un lugar fundamental en el proceso de descascaramiento del yo.

En el tiempo lineal el obsesivo controla el futuro con ritos y procrastinaciones. La histeria pretende un presente eternamente juvenil que neutralice el fantasma de un futuro que amenaza con arrugas. Y el melancólico mastica un pasado que no termina de pasar.

Pretensiones que se apoyan en la concepción de un tiempo lineal que ha secuestrado la dimensión del instante. Ha neutralizado la irrupción de lo novedoso, con una llamativa supremacía de la unidad sobre la diferencia.

En las neurosis, el síntoma vendrá a socorrerlos de ese incesante deslizamiento, haciendo que el obsesivo postergue porque anticipa siempre demasiado tarde, mientras que el histérico repite siempre lo que hay de inicial en su trauma, a saber: un demasiado pronto, una inmadurez fundamental.(7).

Es decir, que el sujeto está aquí siempre en la hora anterior o en la posterior. A destiempo con el encuentro del objeto. Esto es lo que da lugar a la realidad y por qué no decirlo, a la temporalidad.

Por otro lado el instante no es el \"ahora\" dice Heidegger, el \"ahora\" está sumido en el tiempo, el instante es corte en el tiempo, es lo que conecta al sujeto con lo intemporal. Algunos llaman eterno a ese elemento atemporal. Lo cierto es que el tiempo lineal se vería conmovido por el instante.

Lacan desarrolla una lógica del tiempo (8) que contempla el apres coup tomado del nachträglich freudiano. Dice: Instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir.

El primero, el instante de la mirada, de la mirada panorámica que ubica la disposición de los elementos, es el instante que inaugura el juego. Este instante se extiende en el sueño de Freud hasta el momento que ve la garganta de Irma. Allí comienza otro.

Viene el tiempo de comprender que ofrecen las coordenadas donde el sujeto quedará entramado en la transitividad, en la rivalidad con el semejante (podría asimilarse al tiempo lineal que mencioné anteriormente).

Del tiempo de comprender hay que salir, es necesario salir, tanto como haber entrado en él. Hay allí una urgencia por la dimensión mortal de quedar atrapado en una circularidad sin fin. Por eso dije que el neurótico terminará produciendo síntomas, porque pretende salir de este atolladero.

Los síntomas ya serían el inicio del momento de concluir, pero ¿cuándo no se cuenta con formaciones del inconsciente cómo se concluye?.

En el tiempo de comprender se van a manifestar ya esos trastornos del narcisismo en sus dos variantes que desarrollé anteriormente. La urgencia por salir de la prisión del tiempo es la misma que la de entrar en él. Para romper este círculo tóxico digo lo siguiente: el instante, el corte, el intervalo es lo que aprés coup temporaliza.(9)

El acceso al tiempo de comprender divide las cosas de dos maneras: 1) del narcisismo estático que no permite el descascaramiento del yo, y 2) del narcisismo dinámico que tolera la descomposición espectral de lo imaginario.

Pero ¿cómo salir de esa coagulación?

Si nos remitimos nuevamente al sueño de la inyección de Irma, Freud a través del sueño y del trabajo de interpretación, descompleta la unidad imaginaria y se precipita hacia el momento de concluir. El resultado de esto es la fórmula de la trimetilamina, ella es la que escribe la autenticidad del franqueamiento de la trama imaginaria.

Si la urgencia por concluir tomara al sujeto Freud congelado en una imagen en el tiempo, \"efracción\" imaginaria, la descomposición sería imposible, y la urgencia por concluir lo enfrentaría con otro tipo de problema, el instante catastrófico. La garganta de Irma advendría un instante catastrófico.

Ese instante es un agujero negro en el tiempo. Una nada que no cuenta con coordenadas que le den borde al sujeto desde donde abordarla. Aquí es donde la \"transferencia como fuente de ficción\"(10) debe operar para que sea posible abrir en la cura ese instante catastrófico, verdadero coágulo del tiempo que no cursa la temporalidad.

Es sólo con el acto como corte sobre el tiempo lineal que puede surgir el descongelamiento antedicho, es decir, la auténtica temporalización.

La transferencia como \"fuente de ficción\" será el vehículo, el analista como \"eje temporizador\" sostendrá las coordenadas apropiadas para que la apertura de ese instante catastrófico sea posible sin caer en el abismo.

Antes me referí a esta operatoria a través de la función de asentimiento primordial de la palabra que el analista como semejante debe sostener. Pero esa no es su única función, además el analista con su presencia, semblanteando el objeto a, garantizará que ese ilusorio repliegue sobre sí mismo del yo, en un tiempo lineal pleno, no se consume, ya que él en tanto resto está soportando el fracaso de la ilusión mencionada. Resto que al quedar del lado del analista cede la posición de sujeto al analizante.

Las inhibiciones responden bastante a este proceso de trastorno del tiempo, de un tiempo que no dispone del instante que lo articula con la eternidad. No sólo las inhibiciones, sino otros fenómenos clínicos asintomáticos. Se pueden comprender en este proceso las formaciones narcisistas no psicóticas.

El sueño de Freud es un paradigma que nos enseña que con su trabajo las imágenes se van abriendo al campo de la palabra. Esas imágenes fijas se van descongelando en el sueño mismo por medio del quehacer de aquélla. Allí comienza un posible nuevo instante, el instante de la letra. Letra con la que el sujeto aprende a leer la hora sobre su objeto, parafraseando a Lacan (11). Desencuentro justo-a-tiempo con el objeto.

El instante de la letra es el acto que hemos referido en concordancia con la lectura. Instante de verificación del nudo. Este sólo es posible verificarlo con el corte. Con el corte \"a cielo abierto\" que da lugar al empalme, es decir, sin garantías. Instante cero de la escritura y del tiempo.

El empalme como momento de concluir deja una letra (fórmula de la trimetilamina) que escribe que \"ha habido\" un sujeto.

La presencia del sujeto es inaprensible, únicamente sabremos de él como \"habiendo sido\". El sujeto no era ni antes ni después, se constituye como \"habiendo sido\".

El sujeto Freud en el sueño que nos convoca, transita en el entre-dos-muertes, sitio donde se asume el ser-para-la-muerte que Heidegger tan firmemente teorizó.

Esta falta en ser no debe entenderse como que al ser le falta algo, sino como la falta radical del ser del sujeto, esta es la experiencia del instante como bisagra entre el tiempo lineal y lo atemporal (lo eterno).

Este tránsito por la descomposición espectral del yo que vacía el ser del sujeto, temporaliza al modo de lo que dice Hegel el concepto es la muerte de la cosa, el tiempo es la muerte de la cosa. Allí el nudo cortado abre a la aventura enigmática de la palabra, sobre un eje transferencial que sostiene la escena que posibilita atravesar la experiencia de la nada con un borde. En Freud el eje transferencial hay que ubicarlo en la figura misma de Fliess. Es a él a quien se le relata este sueño.

Lacan nos habla de dos tipos de tiempo, el tiempo a posteriori y el tiempo reversivo. El primero sería el lineal pero con cambio de dirección. El reversivo es el tiempo del inconsciente, el del retraso.

Tiempo de desvío, de fracaso del encuentro. El sujeto llega tarde como \"habiendo sido\". Este es un precioso y afortunado fracaso que Lacan nombró con varios aforismos, como aquel que dice: No hay relación sexual. Este maravillosos fracaso es el que impide que el sujeto se encuentre con el objeto, hay una función temporalizante que arroja al sujeto a un errar.

Pero ahora advertido de la inminencia de la novedad del instante. Advertencia que viene con una señal de angustia donde antes solo había angustia automática. Donde la coagulación neutralizaba la señal y presentía (tiempo a priori) el \"instante catastrófico\".

[Gráficos disponibles en la Biblioteca de la EFBA]

1) Instante de ver: llega hasta la imagen de la garganta de Irma.


2) Tiempo de comprender: Otto, Leopoldo y M. (en transferencia con Fliess).

3) Momento de concluir: fórmula de la trimetilamina.


Participante: ¿cuándo no se da esa descomposición el sujeto queda tomado ahí por un goce? ¿Podrías decir algo más respecto a cómo se articula ese narcisismo estático con el goce?

Oscar González: sí, te agradezco la pregunta. Deberíamos comenzar por recordar que el primer tiempo gramatical de la pulsión es el autoerotismo y el segundo es el narcisismo (pasaje del activo al reflejo, del ver al verse), ahora bien, para que se complete el trayecto pulsional es necesario acceder al tercer tiempo gramatical, el pasivo (hacerse ver). Recién entonces surge el sujeto en concordancia con su posicionamiento en el fantasma. Por lo tanto cualquier punto de detención de dicho trayecto impide el funcionamiento eficaz del fantasma y el recorte del objeto que, como dije antes, sucede en el tercer tiempo. Desde esta perspectiva, un narcisismo coagulado, que no admite marca, impide que la pulsión se encause. Esto no es sin consecuencias porque deja al sujeto adosado a una imagen pétrea que recibe el impacto pulsional sin permitir la sustitución y , como decía tu pregunta, el sujeto queda preso de un goce que es al menos, desesperante.

NOTAS:

(1) González, Oscar A. Pulsión, narcisismo y fantasma. La clínica del objeto a. Clases 10-11-12 ( 2000) en la biblioteca de la EFBA.

(2) Freud, Sigmund. O.C. Amorrortu Ed.

(3) Lacan, Jacques. El seminario II. El Yo en la Teoría y en la Técnica Psicoanalítica. Ed. Piados. Bs. As.1978.

(4) Ídem. 3, pág. 237.

(5) Le Poulichet La obra del tiempo en psicoanálisis.Amorrortu editores Bs. As. 1996, pág.107.

(6) Ídem 5, pág.70.

(7) J.Granont-Lafont.Topología lacaniana y clínica psicoanalíitica.. N. Visión. Bs. As.,pág.85.

(8) Lacan, Jacques. El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma. Escritos1. Ed. Siglo veintiuno. Bs. As. 1971.

(9) Ritvo, Juan. Temporalización del instante. Ficha disponible en la biblioteca de la EFBA.

(10) Lacan, Jacques. Seminario VIII. La transferencia..Versión inédita disponible en la Biblioteca de la EFBA.

(11) Ídem. 7, pág.82.



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