ANTROPOSMODERNO
¿Cómo sería el futuro de los movimientos sociales en Colombia?
Adriana Hernández Yasnó - Investigadora independiente

El presente texto se ocupará de los movimientos sociales en Colombia y sus posibilidades para el futuro, partiendo de las reflexiones y en algunas genealogías de los mismos y internalizadas algunas lecturas. Pero teniendo en cuenta el contexto social colombiano, especialmente en la relación con la política de estado y el modelo de desarrollo dominante.

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El presente texto se ocupará de los movimientos sociales en Colombia y sus posibilidades para el futuro, partiendo de las reflexiones y en algunas genealogías de los mismos y internalizadas algunas lecturas. Pero teniendo en cuenta el contexto social colombiano, especialmente en la relación con la política de estado y el modelo de desarrollo dominante.

Existe una profunda brecha creada por la falta de equidad económico-social que se reproduce en cada uno de los niveles sociales, a su vez tiene como efectos una macro-violencia y una micro-violencia producida en el interior de las familias colombianas, ambas como resultado de falta de políticas coetáneas de desarrollo como resultado de análisis de los hechos económicos/sociales específicos y el control de los efectos de las políticas sobre la población en riesgo. El efecto bumerang de las políticas económicas aplicadas acríticamente en Colombia y basadas en el modelo neoliberal han producido en los últimos años, el empobrecimiento más elevado que marcó el descenso social de estratos, especialmente, de la clase media alta, y qué decir, de los estratos más bajos, hacia una lumpenización. En el gobierno de Virgilio Barco se acuño el término “pobreza absoluta” menos de un dólar diario para vivir, en el estado actual de Colombia hay personas que ni siquiera tienen este dólar diario según los informes televisivos en el año 2006. Un ejemplo adicional consiste en recordar la época de la “apertura” económica en el gobierno del presidente César Gaviria Trujillo, que llevó a la quiebra a las micro y medianas empresas en varios sectores de la economía, lo cual ha sido nefasto porque a la coyuntura política se sumaron los graves problemas energéticos que sufrió el país por esos años noventas. La base de la grave situación colombiana, es su política económica frágil y antisocial, política para el subdesarrollo, también la lenta disminución del estado (en los países latinoaméricanos) producto del mismo modelo neoliberal y la aparición de nuevos poderes transnacionales y empresas de este mismo talante con un modelo de economía extractiva tanto en Colombia como en Latinoamérica.

Es significativo el problema con relación al desarrollo que involucra la política transnacional del Banco Mundial con una visión neoliberal y en coherencia con indicadores económicos que dirigen las políticas para el mundo, sirven únicamente para el mismo banco y sus socios, a quienes no interesa un modelo de desarrollo a escala humana ni alternativo y menos, permite una autonomía y autodesarrollo de los países, porque estanca la autogestión económica de éstos y le interesa una dependencia bajo los compromisos económico/políticos de la “deuda externa” que no deja a los estados modelar políticas económicas, precisamente los ministros de desarrollo generalmente son formados en escuelas de economía norteamericanas y europeas, donde no existe la formación de un pensamiento económico latinoamericano o colombiano. Los intelectuales latinoaméricanos en la mayoría de áreas del conocimiento hacen mímesis del conocimiento norteamericano y eurocentrado. Esto es gravísimo, ante lo cual debe existir un contradiscurso, al decir de Orlando Fals Borda, quien afirma que en la base social puede construirse este nuevo conocimiento y prueba de ello son los trabajos realizados en Colombia, Nicaragua y México con la I.A.P. al respecto:
“Es significativo que en Colombia este proceso haya conducido a la articulación de un movimiento y no de un partido político como tal; y que el procedimiento adoptado haya sido de las bases hacia arriba y de la periferia al centro, y no lo contrario como ha sido costumbre en los partidos y sectas tradicionales, incluidos los de izquierda” (FALS BORDA, 1986, P. 75),

Este trabajo de Fals Borda es importantísimo para el futuro de los movimientos sociales y para el trabajo de los antropólogos que son duramente cuestionados por este autor:
“Los agentes externos, funcionarios y expertos comunes y corrientes, como los intelectuales académicos o formales, no enfrentan mayor problema, en cuanto a la producción y difusión de sus conocimientos o técnicas, que escribir un informe bajo su propia responsabilidad, hacerlos llegar a los colegas o a las autoridades superiores, publicarlo por su cuenta o a costa de terceros, y esperar a que la crítica formal tome nota de esa “contribución a la ciencia” y le dé paso hacia las bibliografías técnicas. Los políticos tampoco experimentan mayores problemas en este campo: simplemente ofrecen a la gente sus impresiones superficiales y proceden a organizar su orgía de migajas con ofertas, regalos, puestos y promesas varias que fomentan el tradicional clientelismo”. (FALS BORDA, 1986. p. 111)


Esta dependencia económica le hace perder autonomía a los estados, y por lo tanto, el compromiso con los préstamos internacionales ahonda la deuda externa de los países latinoamericanos. En este sentido es importantísimo revisar la teoría de la dependencia que no se ha mirado de una manera crítica en sus consecuencias y efectos colaterales.

“…cuando los mercados favorecen a los países industrializados, que siguen comprando materias primas baratas a los países en vías de desarrollo. Aquellos poseen la tecnología que estos necesitan; y también el suficiente poder económico para permitir la entrada de bienes procedentes de estos países sólo cuando les conviene. Este planteamiento fortaleció la creencia del Tercer Mundo en las virtudes del desarrollo autóctono. Los países menos industrializados, sólo podrían crecer si se protegían de las exportaciones del mundo industrializado mediante barreras arancelarias. Las inversiones realizadas por las empresas multinacionales terminarían perjudicando a estos países, por lo que se desconfiaba de ellas: puesto que los mercados no eran capaces de fomentar un crecimiento equilibrado, ni un cambio estructural, los gobiernos debían intervenir más en la planificación para promover el crecimiento económico, lo que implicaba que las empresas del sector público realizaban aquellas inversiones que el sector privado no arriesgaba. Para algunos economistas, la ayuda exterior de los países industrializados era incluso contraproducente: se trataba de un instrumento neocolonialista que intentaba consolidar el predominio de los países industrializados”

En este sentido, este contexto tan fuertemente inequitativo implicará a futuro una profunda polarización política en Colombia, como la que se observa ahora, en el sentido de una filiación más fuerte del sector más conservador de la población a los partidos existentes especialmente a la coalición de partidos de donde se legitima el actual gobierno (Partido de la “U”, Cambio radical, otros engendros y mixturas) y de donde emergerán nuevos presidentes esto es seguro. Y de otro lado, el resurgimiento de una izquierda que toma más fuerza en Latinoamérica como modelo político “alternativo”, contra-hegemónico, lejano del poder por décadas, pero que al retomarlo podría ser una nueva “hegemonía”, he ahí las contradicciones del poder. Esta izquierda del siglo XXI, generalmente aceptada por la población más joven, con derecho a votar y los académicos e intelectuales colombianos y latinoamericanos, entre otros actores. Recordemos los resultados de las últimas votaciones presidenciales donde la izquierda representada por Carlos Gaviria obtiene una votación considerablemente alta. En consecuencia, esta polarización implicará la existencia de movimientos sociales más fuertes, especialmente con relación a la izquierda, pero sin obviar los movimientos sociales gestados desde modelos y partidos políticos ortodoxos y hegemónicos. Esta consecuencia será importante para las transformaciones que sobrevendrán en un lapso de unos diez años. Aquí no se trata de hacer el papel del oráculo de Delfos, pero es tan fuerte el problema económico y el “hambre social ” que estas dos fisuras serán la mecha para romper la indiferencia de la mayoría de la población colombiana hacia una movilización social, que si no se organiza y analiza en sus efectos directos y colaterales, podría desembocar en una violenta guerra civil, según lo han mostrado las incontables guerras, hechos de la trágica historia colombiana. De otro lado, existe un fenómeno social de graves consecuencias, es la indiferencia política del pueblo colombiano que oculta un malestar general, como efecto del desencanto, ante una serie de guerras civiles, la existencia de la violencia que surge de diversos actores desde el comienzo del siglo veinte (sin contar la violencia de los siglos anteriores) agudizándose a mitad de siglo. Desencadenando mixturas políticas como el Frente Nacional, coaliciones e intereses de clases emergentes; también se asiste a una fragmentación y disminución del estado, la historia de corrupción en todos los niveles, las políticas económicas transnacionales depredatorias y la imposibilidad de sobrevivencia de los líderes, quienes son entre otras cosas quienes dan la consistencia a los movimientos sociales, recordemos la serie de asesinatos desde Jorge Eliécer Gaitán hasta la desaparición sistemática de los miembros de la Unión Patriótica y líderes de la base social, actores y pensadores heterodoxos.
En cuanto al liderazgo como fundamento en los movimientos sociales, es importante citar y de manera contraria a un liderazgo individualista a Orlando Fals Borda, quien acuña el concepto liderazgo catalítico dentro de la investigación acción participación así:
“El nuevo tipo de liderazgo catalítico, esclarecido, servicial y comprensivo que se dibuja en la IAP – el equipo responsable orientador, sistematizador y ejecutor de los trabajos junto con las bases –responde a la aparición y desarrollo de valores sociales nuevos que cuestionan la sociedad existente y buscan superar sus contradicciones e inconsistencias. Se inspira en la función integral de los intereses orgánicos (especialmente, los desarrollados en las propias clases trabajadoras), cuando las actitudes y convicciones de los activistas son como las que se estipularon atrás. El quebrar la tradicional dependencia, si se hace bien, haría redundante el papel de los dirigentes vitalicios, hombres-pivotes y vanguardias cancerberas que han monopolizado el conocimiento y los recursos y explotado indebidamente a las masas. El liderazgo catalítico de equipo se forma con una amplia participación política (no solamente con la técnica u operativa), como se ha ensayado en Nicaragua, concediendo cierta autonomía a los organismos de base y haciendo una verdadera delegación de poderes de los organismos centrales a los regionales. (FALS BORDA, 1986, P. 54),


Como resulta de la I.A.P es importante afirmar como se sale del modelo del líder individual por un liderazgo político de equipo en la base en los movimientos sociales, este empoderamiento es fundamental y resulta en acciones concretas como aquellas que enuncia el texto “Conocimiento y poder popular” de Orlando Fals Borda (1986). La propuesta de Fals Borda es importantísima como metodología para dinamizar el trabajo de los movimientos sociales en Colombia y se resume de manera general así:
“Ahora vemos a la IAP como una metodología dentro de un proceso vivencial (un ciclo productivo satisfactorio de vida y trabajo en las comunidades) en busca de “poder” y no tan sólo de desarrollo “para los pueblos de base, un proceso que incluye simultáneamente educación de adultos, investigación científica y acción política, y en el cual se consideran el análisis crítico, el diagnóstico de situaciones y la práctica como fuentes de conocimiento. La IAP implica adquirir experiencias e información para construir un poder especial –el poder popular que pertenezca a las clases y grupos oprimidos y a sus organismos, con el fin de defender los justos intereses de éstos y avanzar hacia metas compartidas de cambio social en un sistema político participativo”. (FALS BORDA, 1986, P. 14)

Desde la instancia legal, es importante observar como la “Constitución Nacional” da las bases jurídicas para la existencia de la participación del ciudadano en la política en el capítulo II artículos 107 a 111. En el artículo 108 enuncia “… los movimientos sociales y grupos significativos de ciudadanos también podrán inscribir candidatos...”. El enunciado anterior implica la legitimidad de los movimientos políticos, ¿pero es real esa legitimidad? cuando vemos a diario el repliegue de las fuerzas armadas coartando los derechos de expresión del ciudadano, los canales televisivos comprometidos con el discurso del poder. Es importante como el discurso de la Ley, es incoherente con las prácticas represivas del estado, esto corresponde a un lenguaje que implica una “discurso político eufemizado ” en un estado totalitario que usa la Ley a su acomodo implica la incoherencia entre el discurso y la acción, sin respetar los principios políticos de realidad. Un discurso retórico, falso y mentiroso apoyado por la publicidad oficial y los medios de comunicación.
Movimientos sociales a futuro en la perspectiva de Mauricio Archila:
Mauricio Archila, en el artículo “Vida, pasión y… de los movimientos sociales en Colombia” muestra los debates sobre los movimientos sociales dentro de antropología colombiana con el fin de historiografiar las discusiones acerca del tema. Es sumamente importante mirar como son las filosofías de la resistencia como el vanguardismo proletario, aunque con grandes falencias por su concepto básico reduccionista de clase social (que se debe interrogar), el populismo metodológico donde el pueblo es el actor social fundamental (también ambiguo en el concepto que definía la acción social de manera inestable: pueblo, movimiento popular, o movimiento social) y el marxismo maoísta que da papel fundamental al campesinado desde una visión reivindicatoria y el discurso del “pensamiento cepalino” (que tiene la imposibilidad de separarse del discurso del desarrollismo, ideología que propugna el desarrollo meramente económico como objetivo prioritario). Éstas corrientes de pensamiento y acción han sido fundamentales para examinar la cuestión, pero no suficientes, lo cual implica la necesidad de aportar en este siglo XXI, nuevos elementos a estas reflexiones anteriores y a la revisión crítica que han realizado los antropólogos, pero en la relación entre una macroeconomía y una microeconomía y sus efectos directos y cómo este conocimiento implica dirigir la política nacional y evitar que desde el campo del poder político y económico, se apliquen políticas sin recurrir al examen de necesidades y prioridades sociales que no deben olvidar la constitución nacional como principios para la acción y el análisis de la situación socio-económica del país. Naturalmente, si se tienen en cuenta las propuestas de Mauricio Archila estas podrían ser bases conceptuales y metodológicas para el futuro de los movimientos sociales, igual las propuestas resignificadas para estos tiempos de Orlando Fals Borda y la I.A.P, para la preparación de actores y acciones sociales.

En la perspectiva de Mauricio Archila, especialmente, en la necesidad de un trabajo interdisciplinario para el análisis del desarrollo desde la antropología o transdisciplinario en la realización de una sola agenda de investigación teórica que implicaría grandes esfuerzos y recursos. En segundo lugar, la necesidad de escuchar a los actores sociales colectivos e individuales para incluir las otras voces, desde un pensamiento no ortodoxo, creando tejido social. Tercero, la exigencia desde los movimientos sociales de que el estado tenga un discurso y una acción coherente, ellos deben ejercer veeduría social, un control democrático. Cuarto que las luchas implementadas por los movimientos sociales se organicen previa concertación de finalidades y desde análisis que muestren efectos directos y colaterales de las acciones que se van a emprender con el fin de refrenar “injusticias, desigualdades y exclusiones y que tienden a ser propositivas en contextos históricos específicos” (Archila. p.18).

En el sentido anterior, sí existe un futuro para los movimientos sociales según la perspectiva metodológica de Mauricio Archila y esto requiere una comprensión de la condición postcolonial, a la que se enfrenta tanto el antropólogo como los actores sociales en su complejidad. Lo que requiere la construcción de “escenarios” de desarrollo desde los movimientos sociales, es decir, una comprensión del contexto internacional globalizante y las lógicas locales, en pos de un verdadero conocimiento local no aislacionista. Así mismo, construir modelos propios de desarrollo, en este sentido “alternativos”, ya que los modelos eurocentrados no son producidos desde las dinámicas y el conocimiento local. También, analizar los efectos de un discurso desarrollista y buscar la representación política en los poderes legislativos para empoderar las propuestas políticas de los movimientos sociales y hacerse “visibles” y no solamente “contestarios del poder”.

En cuanto a la tarea desde la disciplina antropológica se debe realizar una reflexión interdisciplinaria, empezando por definir las disciplinas en contacto. Es fundamental pensar en un trabajo desde un eclecticismo moderado, porque un sólo modelo teórico no tiene capacidad explicativa según Archila, en el caso de la complejidad de los movimientos sociales, en el anterior sentido, es importantísimo pensar en un proyecto interdisciplinario entre antropología e historia, para realizar primero que todo una historia de los movimientos sociales. Tener un punto de vista metodológico menos prejuiciado y pragmático para comprender a los actores sociales en sus propias dinámicas. Establecer diálogos entre académicos y actores sociales dentro de un proceso investigativo dado por un diálogo de saberes (en este sentido la I.A.P da fundamentos y también relación con nuevas metodologías como la “etnografía colaborativa r”). Igualmente, tanto en el campo del trabajo antropológico y en el producido por los movimientos sociales se debe realizar un proceso de comprensión adecuada de las dinámicas de las acciones y los actores sociales en una revisión constante de falencias y oportunidades dentro de un diálogo de saberes y un control de la actividad.

Crear un lenguaje de la resistencia:
Todo cambia paradigmático en el sentido de las teoría de las revoluciones de Thomas Kuhn implica desmontar un paradigma y su discurso existente. En un sentido similar para Mario Bunge, la nueva construcción implica crear un campo de definiciones nuevo, unos nuevos conceptos abiertos e incluyentes, una coherencia entre conceptos, lo cual es fundamental para crear conocimiento desde la ciencia, igualmente, levantar estos nuevos conceptos es un reto tanto para la organización de los movimientos sociales y la misma antropología. En el sentido anterior, en términos de Orlando Fals Borda (1986, p. 120) se debe tener en cuenta como se expresan los actores sociales, este es el primer paso para crear una identidad, un poder para los movimientos sociales y lo expresa así: “En términos generales, hay que conocer también el manejo real y la “arqueología de las palabras” utilizadas por el pueblo, pues los mismos sonidos silábicos envuelven sentidos distintos y producen efectos contradictorios, macondianos u orwellianos.
POR: ADRIANA HERNÁNDEZ YASNÓ
INVESTIGADORA INDEPENDIENTE
ariadnayco@yahoo.com,
ariadnayco1@hotmail.com,
madamebovary9@hotmail.com


BIBLIOGRAFÍA

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ARCHILA, Mauricio. “Vida, pasión y… de los movimientos sociales en Colombia”
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