¿Están de moda las teorías conspirativas?

Leonardo Innamorato
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Publicado el: 01/02/2021

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La antropóloga Margaret Mead sostuvo en una oportunidad: "Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos pensadores y comprometidos con la sociedad puede cambiar el mundo”. Estamos en tiempo de pandemia global, lo cual hizo resurgir como un reguero de pólvora en estos tiempos, el tema de las “conspiraciones”. En este sentido, el rebrote de la fascinación conspiranoica en la agenda social, de los simples mortales, y puestas en la agenda de los medios, los periodistas y los intelectuales, arrasa el planeta Tierra, convertido en un gran ecosistema de desinformación y desconfianza pública.

 

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Introducción

La antropóloga Margaret Mead sostuvo en una oportunidad: "Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos pensadores y comprometidos con la sociedad puede cambiar el mundo”. Estamos en tiempo de pandemia global, lo cual hizo resurgir como un reguero de pólvora en estos tiempos, el tema de las “conspiraciones”. En este sentido, el rebrote de la fascinación conspiranoica en la agenda social, de los simples mortales, y puestas en la agenda de los medios, los periodistas y los intelectuales, arrasa el planeta Tierra, convertido en un gran ecosistema de desinformación y desconfianza pública.

Personalmente he visto armarse teorías conspirativas. Es quizás lo más divertido que he sacado de internet o el más fiel ejemplo de un Antinorteamericanismo; ver cómo se levantaban conspiraciones donde sabía, con certeza, que no había motivos. Previamente, desde los 70, las revistas de divulgación de “ciencias ocultas”, fenómenos paranormales, los espacios en la tv, la radio y las historias populares, alimentaron como un reguero de pólvora lo que más adelante en el tiempo ahora la conocemos como tal. Este fenómeno de las conspiraciones. El bombardeo, manipulación, injerencias ideológicas y hasta de mentes ignorantes, han llevado al usuario hasta dudar de su propia existencia en el plano físico.
En el año 2010 me junté con gente que escribía en internet para transformarlo en un escrito subjetivo con fines de publicarlo en algún sitio o blog. Nos conocíamos de leernos, compartir posturas similares y dejarnos comentarios —que era una cosa que se hacía—, pero la mitad ni nos habíamos visto en persona. No éramos de una asociación, no compartíamos universidad, ni vivíamos en la misma ciudad. Escribíamos de política con datos y a veces citando pappers. Entonces llegó el 15M, la política rejuveneció y se puso de moda, las redes sociales, los blogs, el Twitter creció... y de repente nos leía más gente.

La duda de todo

Desde el principio empezaron a circular historias locas. Leía teorías conspirativas sobre nuestro “proyecto” —¿qué proyecto? —, sobre nuestra agenda —¡¿qué agenda?!— sobre el llamado “orden mundial” o que los Iluminatis y la “elite” preparan su inminente política de exterminio masivo con estas cosas por el estilo: guerras nucleares, virus de laboratorios, tecnologías 5 G, manipuleo tecnológico informático social, y una larga lista de posibles cataclismos, y muchas de ellas ridículas. Ahora bien, sobre estas conjeturas que tiene una parte de la sociedad – en su imaginario social –es obvio que tenga derecho a pensar como uno quiere. Si vamos al caso, la información, las imprentas, los libros, los medios de comunicación y lo que hoy se conoce como el “poder de los medios” son precisamente medios empleados para informarse más. De una selección o no de tales contenidos, o en el mejor de los casos hacer una “bulimia informativa” no estaría nada mal.

Cuando uno de nosotros dejó el grupo, leí una explicación exhaustiva sobre cómo otro compañero, molesto, había logrado que le echáramos. Primera noticia. Una mañana, me increpa una persona (estudiante de ciencias políticas, el cual me dijo qué es lo que estudiaba), me dijo, “vos formas parte de una sociedad secreta y te reúnes a tratar temas prohibidos con tus amigos”: ¿quién nos financiaba? Me quedé asombrado; ¿financiar? Pues no teníamos intenciones de lucro, ni éramos un club, o algo que se asemeje a tales falacias. Se lo hice saber. No logré persuadirlo. Supongo que la verdad era una historia peor: éramos algunos veintañeros que escribían por pasión por las investigaciones en ciencias sociales, de política, de música o por algunos hobbies. Después hemos sido más cosas, pero fue por accidente.

Años después, en el ambiente de mi provincia me entero que no pertenezco a su entorno y su dedo acusador muchas veces me jugó un juego en contra, en detrimentos de propuestas de participación en espacios de reflexión y de ponencias académicas, pero eso es otro tema. De alguna manera, siempre fui descrédulo de las teorías conspirativas, que tan en boga están. En todo caso, como hombre de ciencia, pues es ésta la que nos da la razón, y si se quiere la sociedad en el devenir, a través de la ciencia dio progresos en materia de información al instante, comunicación, ocio, entretenimiento – no así en las relaciones humanas- y el egoísmo como algo pendiente en materia filosófica y del respetarnos los unos a los otros. Pero, a la luz de las ultimas noticias, que se hacen virales sin chequear sus fuentes y los intereses que mueven, llegan a la sociedad y muchas veces se producen confusiones, pánico, desconfianza, y una larga confusión.

Conceptos

Clarificando conceptos, una “teoría conspirativa”, es una tentativa explicación que hace referencias a fuerzas ocultas. Sirven para responder preguntas sin ofrecer argumentos, sin pruebas, sin nada. Un atentado, una epidemia y una injusticia pueden explicarse si uno asume que detrás hay siempre voluntad y culpables. La pobreza existe porque alguien quiere. El cáncer no tiene cura porque no conviene. El cambio climático no es un problema, es un invento para dañar a los Estados Unidos.

Pero… ¿Por qué tienen éxito estas teorías? Localizar un culpable parece ser reconfortante. Como si la idea de un mundo caótico nos incomodase más. Preferimos creer en villanos antes que aceptar que el mundo está, en parte, en manos del azar y la incertidumbre. En cierto modo es comprensible: si existiese un culpable, bastaría eliminarlo para tener una solución.

Pero el motivo principal encuentro que es otro: estas teorías eliminan las dudas. Las personas odiamos las preguntas sin respuesta. Creer en teorías conspirativas es un fenómeno casi religioso. Sus creyentes construyen una cosmovisión donde nada ocurre sin motivo. Cuando las piezas encajan, se cargan de razón. Algunas están predestinadas en la Biblia, en el famoso Apocalipsis, abriendo cita, - lo cual demuestra cierta ignorancia en la gente, puesto a que lamentablemente, este capítulo de la Biblia es el más leído y menos entendido-, lo cual también hay partes diacrónicas, escritas para la gente que pasaba persecución del imperio Romano, y en el mejor de los casos, nos da un mensaje de esperanzas, y no de miedo. Cuando chirrían, apelan al argumento circular: “Eso quieren que creas”. Es un sistema total de pensamiento porque cualquier fisura puede taparse añadiendo un nivel extra de conspiración. Una sucesión de deus ex machina elimina cualquier herejía. Creer es una forma de ver el mundo: “El mejor predictor de creer en una teoría conspirativa es creer en otras teorías conspirativas”, como sostenía el profesor Viren Swami.

Explicarlo todo está en nuestra naturaleza humana. En términos evolutivos, debió de sernos muy útil conectar causas y consecuencias rápidamente. Si después de comer unas manzanas anaranjadas tuviste vómitos, mejor creer que no fue casualidad. Y, si el ruido en la maleza suena como un león, mejor salir corriendo. Nuestro cerebro toma muchos atajos así. Padecemos también de patternicity, encontramos patrones. Nos pasa mirando ruido: si enseñas a una persona una serie de números aleatorios y le dices que son las ventas anuales de gaseosas, encontrará motivos para explicar cada altibajo.

Además, nos auto convencemos y nos entusiasmamos. Cuando tenemos una teoría favorita, por todas partes encontramos nuevas piezas. Es lo que se conoce como sesgo de confirmación: aceptamos mejor la información que confirma nuestros prejuicios (y olvidamos rápido la que los contradice). Eso se lo ve en cosas mundanas. Cuando tu pareja se las toma con alguien, por ejemplo. Entra en guerra silenciosa: de golpe todo lo que hace el otro esconde un motivo. “¿Has visto lo que ha dicho? Como queriendo decir…. Y da igual que le expliques que crees que no lo decía por eso. “No lo defiendas”. Cuanto más lo piensa, más encaja todo: “Y fíjate lo que hizo ayer”. Con razón “el rompecabezas se va armando”.

La tentación conspirativa la sufrimos hasta con objetos inanimados. El televisor se descompone “justo hoy”, pensamos. “Todo me pasa a mí”, o todo está o en la carta astral, lo justificamos. Como si el mundo o el sistema estuviese contra nosotros, en el peor de los casos, nos vamos paulatinamente persiguiendo y hasta convertirnos en paranoicos desahuciados. Sabemos que no es verdad, pero lo sentimos. Solo pensamos en la suerte cuando nuestra moneda cae del lado desafortunado, caso contrario el destino quiso que sea así, la entidad que nos controla y los dominadores tienen un poder coercitivo. Nadie da las gracias por vivir en el mejor de los tiempos, ni por nacer en un país o una familia privilegiada. Todo eso lo pasamos por alto (o peor: lo confundimos con el mérito).

Nadie está salvo de creer en conspiraciones. Son como las tentaciones, nadie está exentas de ellas, ahora, el aceptarlas o no, está en uno mismo. Hay muchas que el vulgo la aceptó. Cuantitativamente y tirando cifras, por ejemplo, un 16?% de los estadounidenses cree que el “11 S” fue pergeniado por su gobierno, y un 7?% de la población mundial culpa a Israel de los males del mundo. Un tercio de los americanos cree que Obama nació en Kenia, y el 31?% cree que las vacunas causan autismo, pero se oculta. En Europa, hay un 22?% de ciudadanos que creen que los muertos del Holocausto se han exagerado, y hasta quienes lo niegan. Otras no tan conocidas, que el actual Paul Mac Arthney, ex Beatle es un doble ya que el original bajista había muerto en 1962, a causa de un fatal accidente automovilístico.

Hay teorías conspirativas para todos y todos los gustos: no importan tu edad ni tu ideología, nadie está en este mundo porque sí, sino tu destino está “predestinado” y no mires hacia arriba, ya que el “Nuevo orden mundial” te vigila con sus potentes e inescrupulosos satélites. Y podría seguir enumerando más teorías, pero en el peor de los casos, suenan disparatadas y que me apartan de todo principios racionales y científicos, en el mejor de los casos – la ficción y la imaginación – no tienen límites.

El éxito de estas teorías a veces nos sorprende, pero quizás no debería. Mucha gente cree en cosas locas. Un 20?% de las personas sobre la Tierra cree que los aliens viven entre nosotros disfrazados. Lo creen especialmente los hombres, los jóvenes, de todos los estratos sociales, y hasta el que tiene un título universitario. Otra que se tornó muy polémica, es sostener que la Tierra es plana, (2019) y lo aseveran en esta teoría un grupo de exóticos personajes de la farándula de Hollywood, y que también arriesgan esa postura -y hasta su misma reputación-, algunos científicos.

A modo de conclusión.

No hay nada nuevo bajo el sol. La superstición es aliada de la ignorancia. Tal vez están más de “moda” debido a la interacción en los medios por Internet. Esto ayuda a elaborar un “análisis” colectivo donde un análisis inicial puede ser re-analizado (perdonen la repetición) por otro usuario. También ayuda en cierta medida a mantener una documentación colectiva, cuando esta documentación antes estaba centralizada digamos por medios de comunicación. Un dato llamativo, el 80% de los que creen en las teorías conspirativas son personas de ideologías socialistas, jóvenes y gente adepta a todo tipo de superstición.

¿Todo actualmente está puesto en duda? ¿Los científicos nos mienten o esconden algo? ¿La elite se prepara para salvarse sola? Acaso tal vez, ¿no deberíamos primero priorizar el terreno de lo verídico, del sustento científico y lo validado? Aceptar y digerir lo válido lo objetivo y empírico y desechar informaciones poco confiables, esas que son armadas por operaciones de prensas, y las llamadas “fakes new” y de medios de escasa o dudosa reputación.

El mundo de la web, los videos elaborados por cualquier adepto a estas teorías están a la orden del día y casi son control alguno por las plataformas, en que si estas ideas - ciertas o no- son contenidos que no se sustentan en evidencia demostrables, pero mantienen a la gente en interesantes explicaciones de todo tipo. Videos y blog con contenidos delirantes parecieran atrapar la atención del público, les interesa demasiado la otra cara de la verdad, o quizás, una interpretación atemporal en donde el generador del contenido, la adapta a su ideología.

En este sentido, las informaciones delirantes en la web funcionan de maravillas, porque en ella surge la pregunta tal como ¿será verdad? así que visionan el contenido para obtener las respuestas, inclusive luego de probar ciertas premisas nos damos cuenta que es una falacia o idiotez, el algoritmo lo va a valorar como un éxito. Ejemplo claro, lo vemos en YouTube, donde el algoritmo buscará un video más a tal cuestión para fascinar a los usuarios consumidores de conspiraciones.

Las personas de sete perfil, suelen creer en un poder oculto que lo rige todo. Las energías, el universo, etc. En la red, nadie controla este tipo de contenidos. Y la gente, se aleja de la ciencia “normal” e ingiere cuestiones tales como supersticiones, convencionalismos de sectas y hasta incluso, volviendo al tema de la pandemia actual de Corona Virus, rechazar una vacuna, por la mera sospecha de que se manipulará la cuestión genética a futuro a pedido de la elite que domina el mundo.

Ante lo expuesto, pasaría más bien por un manejo de información sesgada, negación de la realidad, paradigmas que son duramente cuestionados y hasta el llamado “ver para creer” está en discusión actualmente. En el mejor de los casos, para comprobar hipótesis conspirativas, esperemos los siguientes cables de WikiLeaks, y que Dios nos encuentre confesados ante la inminente llegada de “Nibiru” y Hercólubus …y no se olviden, Elvis está muerto.

Licenciado en sociología, UNSE



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