ANTROPOSMODERNO
    La desocupación, ¿un flagelo sin salida?
    Lic. Elisa Franz
    Psicóloga

    Otra mirada ...
    En otras épocas, la ubicación social se definía por los nombres y los títulos. Hoy se define a través de la “ocupación” desempeñada. En este marco, el desocupado es un nuevo marginado de la sociedad. En cierto modo “deja de ser”. La desocupación produce una conmoción en la subjetividad. ¿Por qué?

    Una persona desocupada es una persona “desalojada”, una persona que ha perdido un lugar donde habitar, un lugar de pertenencia. Esto produce una sensación de desamparo, un incremento de la vulnerabilidad, lo que implica una reducción de las “reservas subjetivas”. Por cierto, no podemos perder de vista lo que pasa “uno por uno”. Dependerá en cada caso de la reserva subjetiva con la que cuente. Cuando hablamos de “reserva subjetiva” podemos establecer cierto paralelismo con las “defensas”. Cuando un organismo se enferma, cada uno responde a la enfermedad de acuerdo con las defensas con las que cuenta.

    Además, la cultura ofrece “nombres de ser”: ser padre, ser madre, ser hombre, ser mujer. Nos dice, además, cómo ser en cada uno de esos lugares. Nombres con los cuales nos identificamos, de los cuales nos apropiamos para, desde allí, funcionar en nuestro mundo, interactuar en nuestro medio. El “ser hombre” está muy ligado, en nuestra cultura, al lugar de “proveedor”, de “sostén”. Cuando un hombre no cuenta con los medios con los cuales proveer a su familia, por lo general siente vacilar su identidad como tal. Aunque cada vez este lugar está siendo más compartido con la mujer, no podemos decir que esto pertenece al pasado.

    Este malestar atraviesa a la familia. Generalmente se producen cambios en los roles tradicionales, que si bien son parte de un proceso que se está dando en nuestra época por otros factores, cuando advienen por la desocupación –o sea, no por una decisión planeada por las partes implicadas–, generan conflicto. Algunos pueden acomodarse y funcionar adecuadamente, otros no.

    Se produce una caída de un lugar, lo que produce interrogantes con respecto a la identidad, a la capacidad, a la posibilidad, desde uno mismo y desde el entorno.

    ¿Qué hacer en estas circunstancias? Hay todo un trabajo a realizar si la persona no quiere quedarse “afuera”, “desalojada”, “desocupada”. Lo que voy a plantear desde mi área es una salida subjetiva. ¿Por qué? Porque me parece fundamental como punto de partida.

    Las circunstancias por las que estamos atravesando como país son muy difíciles. La realidad es que las tasas de desocupación están creciendo. El gobierno espera que este porcentaje disminuya para el 2001. Sí, la realidad externa es muy “dura”.

    Esto me hace pensar en una obra de teatro, una nueva versión del cuento de la Cenicienta, de Perrault: el hada no tiene tiempo de ayudar porque está demasiado atareada con otros cuentos. Cenicienta decide, entonces, “buscar por su cuenta” su destino. De esto se trata.

    Voy a tratar de dar cuenta de algunos momentos lógicos por los que considero hay que atravesar para poder re-situarse, disponer de un “otro lugar” para, desde ahí, poder hacer.

    1. Poder despejar de las circunstancias que estoy viviendo.

    – ¿Qué tiene que ver la realidad externa? Dice Forrester: “Se ha iniciado una nueva era en la historia humana, caracterizada por esta atroz realidad sin precedentes en todo lo que la especie ha vivido: la reducción sistemática del mercado laboral”. El porcentaje de desocupación sigue subiendo en la Argentina. Esto es una parte de la realidad que nos atraviesa como argentinos. No podemos desconocerla.

    – ¿Cuál es la cuestión que tiene que ver con cada uno? Poder detectar lo singular del padecimiento, sin perder de vista el origen global del mismo. En cada una de las circunstancias de la vida que uno atraviesa, se ponen en juego estas dos variables. Siempre hay algún aspecto del cual uno tiene que hacerse cargo. Si bien es cierto que hay circunstancias en las cuales no decidimos estar (por ejemplo, un terremoto, o la empresa en la que estaba trabajando cierra). Pero qué hago, cómo me sitúo aun frente a una contingencia, sí tiene que ver con cada uno.

    Cuando el “Otro” es responsable de todo, ya sea el Estado, la empresa, la familia, la historia personal, las circunstancias que rodean, uno está situado como objeto, no como sujeto, está a merced del Otro, es el Otro el único que puede decidir el curso de su destino. El individuo que se encuentra en esa posición, está esperando que las circunstancias cambien, su actitud es completamente pasiva. Espera todo del Otro.

    Entonces es fundamental decidir ser protagonista, que no sean las circunstancias las que decidan por mí, sino trabajar para que yo intervenga en las circunstancias. Tomando un ejemplo extremo: siempre me llamó la atención la historia de algunas personas en los campos de concentración. Sí, es cierto que la mayoría pereció, pero hubo algunos que decidieron que querían vivir, no se entregaron a sus circunstancias, y vivieron.

    2. Poder hacer duelo por lo que se ha perdido. Si he perdido un empleo, una oportunidad, lo que sea, lo perdido está perdido. Hay que poder dejarlo para poder pasar a otra cosa. En tanto se sigue aferrado a algo que fue, o que podría haber sido, no se puede pasar a otra cosa.

    3. Poder renunciar a los “ideales”. Los ideales siempre nos demandan un “deber ser”, exigen siempre “estar a la altura”. Por eso padecemos: nunca estamos a la altura. No es que los ideales no sirven, claro que sí, de alguna manera son los que van orientando nuestro deseo, pero una cosa es que nos orienten, y otra es que estemos sometidos por ellos. Decía Khalil Gibran: “Los ideales son como las estrellas, guían nuestro camino, pero nunca los alcanzamos”. Hay que poder cederlos. Sólo entonces se podrá ...

    4. Ubicar los “recursos” con los que se cuenta. “Si yo hubiera tenido un título...”; “si cuando era más joven hubiera...”; “si mis padres ...”. Es una posición de pura queja, no sirve para nada. Hay lo que hay. Y es con éso que hay que hacer, es sólo a partir de ahí que podremos dar un paso. Es a partir de poder contar con los recursos con los que seguramente tiene cada uno, que uno puede hacer con ellos. Hay lo imposible y hay lo posible. Si hay lo que “no”, entonces hay lo que “sí”.

    5. Hacer con lo que sí es posible. Este es el momento de la creación, de la invención. Cuando uno empieza a producir un proyecto, ya está situado en otro lugar, ya no está “desocupado”. Es un sujeto que, apropiándose de sus recursos, genera una nueva forma de producir, hace con lo que tiene, con lo que es posible. Un sujeto que se ha puesto en movimiento.


    Se trata, pues, de poder renunciar a la intervención del Hada y, apropiándonos de nuestros recursos, protagonizar nuestra historia. Esto, produce efectos ...