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    La conciliación de los victimarios: una larga historia a propósito del genocidio.

    Por Juan Carlos Marín




    Siempre la Iglesia Católica y las FFAA argentinas han generado una enorme y franca admiración y se han ganado el más profundo agradecimiento y fervor hacia ellas de los sectores más sanguinarios, retrógrados y fascistas de nuestro país.

    No hay duda que la confianza que gran parte de las clases poseedoras y la totalidad de nuestra sociedad fascista siente por ellos es merecida. La Iglesia católica y las FFAA constituyen dos de las identidades más consecuentes con relación a la defensa tenaz de la persistencia y sobrevivencia de los órdenes sociales más inhumanos pasados y actuales. 1

    ¿De dónde surge el poder de la Iglesia y de las FFAA?

    ¿Se debe a una particular destreza y singularidad de los seres que las constituyen?

    En parte sí.

    El uso y la articulación monopolizada del terror y de la violencia material para contener la desesperación y la rebeldía de las masas tiene una historia muy antigua, de un muy complejo y variado proceso social de gestación de muy larga duración y de actualización constante: esa historia hace a los modos constitutivos de la dramática, prolongada y compleja historia de la formación de las clases sociales dominantes. Sus identidades e historia social abarcan variadas, distintas y diferentes formaciones sociales.2

    La Iglesia es una forma social instrumental resultado del desenvolvimiento de un largo y complejo proceso correspondiente a la historia social y cultural de la formación de los cuadros orgánicos de las clases sociales dominantes. Mediante esa forma instrumental, Iglesia, esas clases sociales lograron enfrentar y resolver los problemas del control y el manejo disciplinario de los poblamientos correspondientes a sus territorios. Logrando monopolizar los

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    “Cabe aquí una advertencia útil: ante la amenaza –que suele dejar de serlo para convertirse en realidad con demasiada frecuencia- de que lo ya pasado sea frivolizado y normalizado, sería un error imperdonable poner en duda la eficacia inmediata que tuvo el remedio genocida: lo que la sociedad capitalista argentina buscaba con el consenso y bajo la dirección de los grandes capitalistas lo logró. ¡Y con creces!”; Juan Carlos Marín “Los hechos armados” Argentina 1973-1976 La acumulación primitiva del genocidio; Ediciones P.I.CA.SO./La Rosa Blindada, 1996
    ¿Quién puede poner en duda que hacer referencia al contenido del origen histórico social de los individuos, familias y organizaciones que actualmente forman parte de las clases sociales dominantes del capitalismo nos llevaría a nombrar desde la nobleza europea, pasando por las infinitas variedades de burguesías hasta llegar a las jerarquías del sovietismo... y podríamos seguir, verdad?

    modos sociales de creación y aplicación del conocimiento en sus formas reflexivas; y también, con esa forma, instrumentaron funcionalmente una meta social más amplia: el desencadenamiento, organización e institucionalización de un proceso que logró crear e instalar en los poblamientos la formación de una masa de creyentes. En ellos sembraron profundas convicciones acerca de la sacralización de las formas de acción que reproducían las condiciones sociales constitutivas de la reproducción del poder material y cultural de las clases sociales dominantes.

    La gestación y dominio de la forma Iglesia cubrió más de una formación histórico social, de ahí su imagen de realidad milenaria; es verdad, es una construcción social constantemente actualizada, su realidad, siempre cambiante, es milenaria.3 El encubrimiento de gran parte de sus acciones encubrió también la fluidez de su identidad y las razones de su perdurabilidad. La búsqueda de su deificación la hizo alternativamente ostentosa, discreta y clandestina en su gestación y ejercicio, según las necesidades y circunstancias históricas de su reproducción.4

    La Iglesia Católica tiene una muy larga historia que por supuesto trasciende histórica y geográficamente nuestra territorialidad nacional en la cual ha construido una enorme red de instalaciones, finalmente fortalezas de un poder llamado espiritual que fue monopolizado y que le permitió generar y mantener incesantemente una infantilización de las poblaciones, particularmente sobre los sectores material y culturalmente más pauperizados de nuestro país.5

    Pobres o ricos, en nuestras primeras etapas en que construimos y descubrimos sin saber que así lo hacíamos, nuestras formas más iniciales y primarias del conocimiento del mundo que nos rodeaba, ese mundo, se nos presentaba como algo preexistente no solo ya construido por alguien sino también como algo que era previo a todo lo humano... lo cual nos llenaba de asombro y

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    3 No es en este momento nuestro interés describir con detenimiento y rigor las etapas tremendamente complejas del proceso histórico –aun en desarrollo- de la forma Iglesia, ni siquiera en la identidad de la iglesia católica. Pero lo que sí importa señalar y enfatizar, en ese caso, es que se trata de una identidad que solo puede ser comprendida a partir de aceptar que no solo la temporalidad de gestación de su origen es milenario sino que estamos en presencia de una identidad viva y aún en procesamiento a la que aún no es posible diagnosticarle su finalización y término como identidad social. (JCM)
    4 Variados y cambiantes han sido los procedimientos utilizados por la forma iglesia y en particular por la Iglesia católica a lo largo de su historia. La fluidez de la Iglesia católica le permitió cambiar –con sus luchas contra las múltiples formas heréticas y cismáticas que enfrentaron a su jerarquía a lo largo de toda su historia; así como también con sus grandes empresas en formas de cruzadas, inquisiciones, empresas coloniales y mercantiles sobretodo en América, Africa- asimilando y adaptándose a los nuevos modos de producción social de las diferentes formaciones sociales que la historia de la humanidad le deparó y a las que consecuentemente sirvió. (JCM)
    5 La empresa de infantilizar a las poblaciones es hoy día una empresa mercantil exitosa y un patrimonio creciente de las diferentes alternativas de la llamada industria del espectáculo en la cual el conjunto de la empresa de comunicación periodística mantiene una función emblemática y consecuente con la infantilización de la población. (JCM)

    temor que se expresaba como un temor respetuoso acerca de lo preexistente.6

    Pensar es una forma compleja de hacer.

    ¡No nos es fácil “ver” y conocer cómo pensamos!

    Lo hacemos... pero la mayoría de las veces no sabemos cómo; es por eso, que el producto de nuestras reflexiones se nos presenta muchas veces como algo que “se nos está revelando”, que se nos está haciendo presente... ¡por algo o por alguien!

    En todos los pueblos y en nuestras primeras experiencias, las reflexiones más primarias acerca del conocimiento de nuestras propias experiencias con relación al mundo que nos rodea y a sus diferentes modos de existencia, se nos instala como una realidad en la cual la acción humana, aún nuestra propia acción, no nos es inmediatamente percibida como formando parte de eso que nos sucede.
    Nuestra acción que dirige su “mirada”, que “toca y observa” y que simultáneamente, aún sin saberlo, “transforma” y “piensa” son acciones que las mayorías de las veces desconocemos: lo hacemos, pero no sabemos cómo.7

    En parte es a eso que K.Marx se refería cuando afirmaba respecto a los pueblos con relación a su propia historia “la hacen pero no saben cómo”.

    Es importante tener presente que aún actualmente, la imagen acerca de que la realidad que nos rodea es en gran medida la resultante de una construcción humana no es una creencia dominante en el mundo. Basta pensar que la gran mayoría de la humanidad piensa que lo existente es una obra que no solo los trasciende sino que es producto de una empresa divina... Las primeras formas del conocimiento de la realidad se expresan con un realismo mágico que no tiene claramente presente cuánto de esa realidad es el resultado del conjunto de la acción humana.

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    6 “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y trasmite el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos...” Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Hay varias ediciones.
    7 “Uno de los dos principales resultados de nuestras investigaciones, junto al análisis de la toma de conciencia como tal, es el de demostrarnos que la acción constituye, por sí sola, un saber, autónomo, y de un porvenir ya considerable, porque si sólo se trata de un «saber hacer» y no de un conocimiento consciente en el sentido de una comprensión conceptualizada, constituye, sin embargo, la fuente de ésta última, dado que la toma de conciencia se halla, en casi todos los puntos, retrasada –y a menudo de manera muy sensible- respecto de ese saber inicial que tiene una eficacia notable, aunque no se conozca.” Jean Piaget, La toma de conciencia. Editorial Morata, Madrid, 1976.


    Más tarde, en la medida que nuestras experiencias y condiciones de vida nos lo permiten, reconocemos en ese mundo que nos rodea mucho de lo que es el resultado de la empresa humana y aprendemos a distinguir, en el amplio campo de esa realidad, la distancia que nos humaniza y que nos diferencia. ¡Y de allí también a distinguir primariamente la diferencia entre lo humano y lo inhumano!
    Con esas formas primarias iniciales del conocimiento, con ese realismo aún mágico, fue y es aún hoy suficiente como para distinguir lo humanamente deseable de lo indeseable: lo que hace sufrir es humanamente indeseable, es inhumano.

    Pero este conocimiento primario, por primero y precario, acerca de lo inhumano del dolor del sufrimiento y de lo indeseable (la injusticia) de la vida que nos rodea y nos lo provoca, se nos presenta en un inicio como el resultado de acontecimientos de los que desconocemos el orden de la causalidad de los procesos que los produce.

    Las formas primeras del conocimiento, que nos asombra, que nos sorprende pues no han sido intencionales, no han sido buscados, se nos presentan como una revelación. Sin conciencia de que es el resultado de nuestra propia experiencia. No es sentida ni vivida como un producto de nuestra incipiente y embrionaria actividad de reflexión sobre la experiencia de nuestra propia acción humana sino como algo que “desde afuera de nosotros” se nos instala como una verdad que algo o alguien “nos lo dice”. Atribuimos el resultado no buscado de nuestras propias acciones embrionariamente reflexivas a un orden de revelación...

    El pensamiento acerca del mundo que nos rodea es inicialmente un realismo mágico y constituye una de las primeras etapas y formas del realismo, de las formas más simples y arcaicas de nuestras reflexiones acerca del conocimiento de la realidad; ¡así lo fue en el origen de nuestra historia como especie humana y también lo es –aún hoy- en la infancia de casi todos!

    Pero, desde allí y a su vez, es posible avanzar y comenzar a desentrañar y conocer mucho de los modos en que se produce lo indeseable como el resultado de una empresa atribuible a los efectos de los modos de acciones que reconocemos humanas en su realización aunque inhumanas en sus efectos indeseables. ¡A partir de allí, las primeras formas del reconocimiento de la injusticia como resultante de la acción humana se hace posible! 8

    Todo un orden de discriminación, valorización y jerarquización de la realidad se desencadena a partir de ese momento en forma de un reconocimiento incipiente de la realidad desde la perspectiva de lo deseable o indeseable. Lo indeseable es injusto se hace discriminable y reconocible como la resultante de la acción de otros y de allí la posibilidad de rechazarlo: la formación de los primeros movimientos sociales contra las formas de inhumanidad e injusticia expresa inicialmente los modos más primarios en que la experiencia íntimamente compartida construye las bases para el desarrollo de las formas más simples de la solidaridad entre quienes se reconocen iguales en el padecimiento y sufrimiento de la realidad... ¡de allí la determinación de reflexionar y organizar el mundo más humanamente y de luchar por ello es posible!

    A medida que las razones, las experiencias y las reflexiones justicieras crecen, crece también la articulación solidaria entre quienes sufren de igual manera las consecuencias de lo inhumano e indeseable. Los movimientos inicialmente concentrados en la experiencia y solidaridad de una reflexión individual pero trascendente acerca de una humanidad deseada y sin sufrimiento, tienden a convertirse en un estado de permanente movilización, trascendiendo las formas más primarias de la conciencia de las masas más castigadas y desposeídas.

    Los modos simples del conocer el orden de lo real y de valorizar positivamente su cambio y el deseo de una humanización creciente se constituyó en una creencia trascendente, solidaria y militante; fue convirtiéndose en una fe y combatividad profundamente valorizada, sacralizada y mesiánica, religiosa.

    Pero apenas esa lucha se inició históricamente comenzó a confrontarse y experimentar una realidad no prevista: mucho de lo indeseable e inhumano para ellos formaba parte de las condiciones y del modo de existencia de “otros”.

    Cuando quienes se unen solidarizándose con su íntima reflexión acerca de lo injusto, intentan enfrentarse a esas formas de inhumanidad desobedeciendo y reclamando contra las órdenes inhumanas que se les imponen, reciben como respuesta directa e inmediata una represión feroz... pues esa es la manera en que los inhumanos construyen y defienden, con el uso de violencia, la reproducción de las condiciones de existencia de su propia vida. Pero las víctimas no descubren de manera directa e inmediatamente con claridad, cuáles son los modos en que se realizan esos procesos; cómo es que esa es, también, la contrapartida de una lucha por la vida. Pero, la de otras vidas: la de aquellos que construyen las condiciones de existencia de su vida a partir de la explotación y expropiación de las condiciones de vida de las grandes mayorías indefensas.9

    Un largo y muy complejo proceso de enfrentamientos se desenvolvieron entre los diferentes poblamientos en la lucha y en la defensa de sus condiciones de existencia. Pero esos enfrentamientos en su desenvolvimiento no lograron alterar las razones que lo desencadenaban sino que por el contrario aumentaron la persistencia de los hechos que constituían lo humanamente indeseable, la represión a los indefensos sólo lograba sumar nuevas reflexiones

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    “El único límite que puede encontrar la entidad comunitaria en su comportamiento con las condiciones naturales de producción –la tierra- (...) como condiciones suyas, es otra entidad comunitaria que ya las reclame como su cuerpo orgánico. Por eso es la guerra uno de los trabajos más originarios de todas estas entidades comunitarias naturales, tanto para la afirmación de la propiedad como para la nueva adquisición de ésta.”; K.Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (grundrisse), pp. 45, Editorial siglo XXI.

    y razones a la necesidad de una lucha justiciera por la vida de las mayorías.

    Desde ese momento, de los modos más altos de esa combatividad comenzó también en los más poderosos y poseedores de los bienes materiales una nueva reflexión respecto a su relación con las creencias profundas y sacralizadas de los combatientes, que ellos reprimían. A partir del reconocimiento de la existencia de esas formas de conocimiento y reflexiones más primarias y mágicas del realismo, nació también la posibilidad en los poseedores del poder material de defender y ampliar las formas más injustas de sus órdenes inhumanos. Ya no solo con el uso de la violencia más formidable del monopolio de la fuerza material. Comenzó en manos de los más poderosos un proceso de expropiación y monopolización de las experiencias acerca de la toma de conciencia de las razones del sufrimiento y la injusticia humana. La construcción de la forma Iglesia constituiría las bases de una justificación y sacralización de los órdenes sociales preexistentes en nombre de una transitoria etapa terrenal de prueba y de un futuro trascendente y espléndido para aquellos más consecuentes y obedientes de los órdenes terrenales: ¡Habría un juicio final! Y quizás también una salvación.

    Es en el uso monopolizado del control y limitación de las formas primarias de la reflexión –del realismo mágico y religioso- que se construyó finalmente un sólido pilar en la defensa moral de los órdenes sociales injustos. Construir y mantener la ignorancia, detener la tendencia creciente al desarrollo de la capacidad reflexiva de las masas, inhibir el uso que ellas pudieran hacer cada vez más complejo de su reflexión y de sus formas de conocimiento, para, de esa manera, lograr infantilizarlas y detenerlas en las etapas más precarias de su desenvolvimiento intelectual. 10 Todo esto se convirtió en un objetivo trascendente y valioso, útil y necesario para los que detentaban la mayor concentración de la expropiación y apropiación de las condiciones materiales de vida de los pueblos.

    Ayudada por quienes expresaban y monopolizaban la capacidad de ejercer la violencia, mediante el uso de la fuerza material, la Iglesia dejaría de ser una asamblea de los desposeídos, se iría convirtiendo en una administración que monopolizaría las formas de conocer, de comprender el mundo y enfrentar sus temores... utilizando y desarrollando una capacidad para amenazar, atemorizar y aterrorizar a quiénes cuestionaran el orden preexistente e intentaran vulnerar las condiciones de esa realidad terrenal. 11

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    Por supuesto que en la actualidad muchas de estas diferentes funciones de la forma iglesia son realizadas de manera parcial por muy variadas instituciones. La complejidad de las nuevas formas del desarrollo capitalista ha evolucionado y un conjunto muy amplio de nuevas organizaciones e instituciones inciden manteniendo el monopolio de los órdenes normativos y valorativos del conjunto de las clases dominantes. (JCM)
    “No fue una prolongación de las experiencias e imágenes de la iglesia de los explotados, de los derrotados, o sea su asamblea, la asamblea de los explotados. La razón contradictoria actual de iglesia es esa dualidad. ¿Quién recuerda y sabe que la iglesia es –o fue- asamblea? ¡Casi nadie!...¡Claro, porque fue un proceso totalmente expropiado por las clases dominantes! Dentro de 70, 80 años, ¿quién va a saber qué quiere decir, o quiso decir en su origen, soviet?: El no-delito: ¿Tan solo una ilusión?, Entrevista a Juan Carlos Marín; Delito


    Por supuesto, la Iglesia a cambio, intervino atendiendo las formas terrenales del sufrimiento creciente de la población y mediante ello –en el terreno favorable del miedo y el terror que produce el sufrimiento o su amenaza, detenía el avance hacia una toma de conciencia de las causas que provocaban ese sufrimiento; creando a su vez –con “otros”- una articulación solidaria e íntima entre quiénes usufructuaban y monopolizaban las diferentes formas del poder material y moral de la acción y la existencia humana: los poseedores.

    Poseedores y desposeídos constituirían un rebaño. Serían iguales ante Dios.

    Aquellos que viven en condiciones de pobreza esencial, de soledad y aislamiento, que se plantean y reconocen autocuestionándose su identidad y las condiciones de su sufrimiento sin llegar a tener respuestas que los liberen del ejercicio permanente que sobre ellos ejercen los modos infinitos de represión y explotación inhumana... ¡viven en la desesperación!

    Es en la sensibilidad y en el reconocimiento de las causas y los efectos resultantes que producen esa desesperanza que se instala la Iglesia. Su tarea ha sido desarmar e infantilizar poblaciones, en particular a las mayorías expropiadas y empobrecidas, a partir de sembrar y prolongar sistemáticamente miedos y terrores en la amenaza creciente de un futuro impredecible y quizás aún más incierto pero... que sería producto de una voluntad trascendente cuya lógica debe ser desentrañada y respetada. Enfrentando así, la Iglesia, el torrente de preguntas e interrogantes que los sectores más desposeídos, los expropiados y reprimidos, se plantean y cuestionan permanentemente, al tiempo que crece su desesperación y enardecimiento. La Iglesia se presentó y se instaló ante las poblaciones como el instrumento capaz de conocer y explicar no solo lo que estaba sucediendo sino también lo que les estaba sucediendo a cada uno de ellos y las posibilidades de obtener su salvación, de un destino aún más terrible.

    La Iglesia ante la desesperación de las poblaciones sembró responsabilidades y culpas... como expresión estratégica de un poder monopolizador en el uso del conocimiento y de la reflexión; luego y siempre se prestaría también a crear las condiciones de sus indulgencias, de sus curas de almas: es decir, desencadenaría el proceso de enfermar de culpa, para poder curar; curar mediante castigos e indulgencias para finalmente poder, de esa manera, expropiar el poder de reflexión y autonomía de los cuerpos. ¡De este procesamiento nació y se reproduce el poder material de la forma Iglesia para construir, a partir de allí, su poder espiritual sobre las poblaciones y que aún hoy mantiene! 12

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    quiso decir en su origen, soviet?: El no-delito: ¿Tan solo una ilusión?, Entrevista a Juan Carlos Marín; Delito y Sociedad, Revista de Ciencias Sociales, 1993
    12 Todos los años –en Buenos Aires, Liniers- el siete de agosto se produce la concentración de San Cayetano. La prensa y la iglesia –en su función de “ilusionistas”- le atribuyen una magnitud “del millón de personas” cuando en realidad no superan las ochenta mil personas; cifra que por supuesto no es despreciable sino por el contrario pues no se registra ningún otro evento socialmente recurrente de una movilización que supere esa

    Es en el modo en que se desenvuelven y se desarrollan progresivamente, las diferentes etapas constitutivas de la subjetividad de la identidad humana, en donde se instalaron las tácticas que implementaron estratégicamente el personal de la forma Iglesia. En esas primeras etapas, el ser humano, realiza un proceso de articulación de sus propias experiencias directas y solo a través de su relación con otros puede lograr descentrarse de sí mismo. El pasaje de la acción a la operación supone, entonces, a nivel del individuo, una descentralización fundamental, que constituye una condición del agrupamiento operatorio y que consiste en ajustar las acciones unas a otras hasta poder componerlas en sistemas generales que se puedan aplicar a todas las transformaciones: estos sistemas, precisamente, son los que permiten conectar las operaciones de un individuo con las de los otros.

    Pero es conveniente también aclarar que no debemos confundirnos y subestimar las experiencias iniciales y las creencias correspondientes a las etapas primeras del desarrollo de la humanidad y de la subjetividad de los individuos. “Por un lado (tanto en la evolución mental del individuo como en la sucesión histórica de las mentalidades) existen niveles sucesivos de estructuración lógica, es decir, de inteligencia práctica, intuitiva u operatoria. Por otra parte, cada uno de estos niveles (muchos de los que pueden coexistir en una sola sociedad) se caracteriza por un cierto modo de cooperación o de interacción social, cuya sucesión representa el progreso de la socialización técnica o intelectual. La lógica consiste en operaciones que proceden de la acción y si estas operaciones constituyen por su propia naturaleza sistemas de conjuntos o totalidades cuyos elementos son necesariamente solidarios unos de otros, estos “agrupamientos” operatorios expresarán, entonces, tanto los ajustes recíprocos e interindividuales de operaciones como las operaciones interiores del pensamiento de cada individuo”. (J.Piaget)

    Estos primeras estadios son momentos constituyentes del proceso de formación de las operaciones lógicas del pensamiento y de la construcción de los criterios del juicio moral.14 El detenimiento de estos procesos, la limitación y el control de su modo de desenvolvimiento es producto y a su vez expresión de una larga y compleja articulación histórica de los ordenamientos sociales construidos por los cuadros orgánicos de los victimarios. Órdenes sociales con los cuales lograron una restricción perversa de las individualidades: limitación y subordinación a una obediencia debida, heterónoma, despótica e

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    magnitud. La gran mayoría (90%) de los concurrentes son asalariados y dificilmente podamos poner en duda que ejemplifica la acción y la presencia de una conciencia realista y mágica, verdad? Al respecto, Formas embrionarias del conocimiento del orden social; Edna Muleras, Programa de Investigaciones Cambio social (P.I.CA.SO.) Universidad de Buenos Aires, mimeo, 2000.
    13 “El individuo comienza mediante acciones irreversibles, que no pueden ser compuestas lógicamente entre sí y egocéntricas, es decir centralizadas en sí misma y en su resultado".; Jean Piaget op. cit. Pp 226
    14 “Todo el mundo ha observado el parentesco que existe entre las normas morales y las normas lógicas: la lógica es una moral del pensamiento, como la moral es una lógica de la acción...”; Jean Piaget; El criterio moral en el niño, cap. IV: Las dos morales del niño y los tipos de relaciones sociales; pp 340, Editorial Fontanella, España, 1971.

    inhumana. 15
    Es en el detenimiento del proceso inicial de humanización, de cada individuo, en la expropiación de la sociabilidad, mediante su control y posterior desarrollo subordinado de ese proceso en donde se instala el personal de la forma Iglesia; usurpando el espacio de la sociabilidad deseada, libre, posible y solidaria. La forma iglesia usó a su masa de creyentes en las tareas de cerco y aislamiento de los sectores más pauperizados e indefensos, para lograr restringir y controlar los procesos interindividuales de construcción y desarrollo social autónomo de cada individuo.

    Los cuadros de la Iglesia lo hacen, mediante la intervención y utilización perversa e instrumental del proceso evolutivo de las dimensiones constitutivas de la subjetividad de lo humanamente valioso: las etapas sucesivas del desarrollo de la capacidad de conocer y tomar conciencia de la realidad social.16

    La forma iglesia realiza sus tareas juntos y articulados con quienes han sido formados también como victimarios; castas, cuadros orgánicos profesionalizados en el uso inhumano de la violencia material que realizan su tarea en nombre de los que monopolizan y dominan instrumental y perversamente esas experiencias, las fuerzas armadas de las clases poseedoras.

    Matar es una empresa muy compleja. No es fácil.

    Pero enseñar a matar es una empresa más difícil aún.

    Hasta hace poco nos era muy común comer animales que comprábamos vivos en el mercado y luego, en nuestras casas, lo matábamos y lo cocinábamos para comerlos con la certidumbre de que eran frescos. En realidad la empresa no era muy difícil, no eran animales feroces sino domésticos, habían sido derrotados y domesticados muchos milenios antes.

    Estábamos acostumbrados a matar o ver morir animales domésticos y comerlos frescos, recién hechos.

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    15 “El precio de la desobediencia es un sentimiento que nos roe, de que no hemos sido fieles. Aún cuando haya escogido la acción moralmente correcta, permanece el sujeto aturdido por el quebrantamiento del orden social que ha causado, y no puede alejar de sí plenamente el sentimiento de que ha traicionado una causa a la que había prometido su apoyo. Es él, no el sujeto obediente quien experimenta la carga de su acción” [...] “El acto de desobediencia exige una movilización de los recursos internos, y la transformación de los mismos más allá de toda preocupación interna, más allá de un mero intercambio verbal cortés, en un campo de acción. Solo que el coste psíquico de la misma es considerable. Stanley Milgram. Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental. Editorial Desclée de Brouwer. Bilbao. 1980. pp 152-3
    “Hay varias lecturas posibles de la obra de K.Marx, pero una es la que consideramos necesaria e imprescindible, porque nos parece que respeta su programa: hacer inteligible la producción de la especie humana. La centralidad de este proceso es captar la producción de un nuevo tipo de relación en la naturaleza que es la relación social. Porque una relación social solo es inteligible en el ámbito del universo, de la naturaleza, al constituirse la especie”. Juan Carlos Marín; Conversaciones sobre el Poder, Universidad de Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Gino Germani, 1996, pág. 130


    Ahora es más difícil. El espectáculo de la muerte está ausente en nuestras comidas es un presupuesto carente de una experiencia inmediata que nos la haga presente. La imaginamos pero no la conocemos.

    Los victimarios son una construcción muy compleja. No nacen por generación espontánea como así lo creen la gran mayoría de ellos. Han sido seleccionados y lentamente procesados para ejercer la determinación de matar. Es una selección que se produce luego que un amplio terreno social ha sido culturalmente preparado y sembrado para tales fines. Una siembra que se la cultiva con esmero y de la cual se extraerán como cosecha exitosa las mejores semillas para poder hacer con ellas verdaderos y excelentes victimarios.

    Matar –al contrario de lo que muchos creen- no es una empresa solo para seres valientes.

    Para matar a seres indefensos se necesita una importante dosis de miedo y cobardía.

    Seleccionar cobardes y a su vez sembrar de manera permanente en ellos el miedo y la obediencia es una tarea permanente de los modos en que las clases sociales dominantes construyen a sus cuadros victimarios.

    La construcción de los victimarios es de una inhumanidad atroz.

    Los procesos constructivos de victimarios tienen como presupuesto instalar en el campo de su subjetividad una escisión perversa: un abismo por la imposibilidad y en la convicción de no reconocerse en los otros seres. El costo de ese abismo es la incapacidad de adquirir su propia humanización: se constituyen en seres deshumanizados. Hasta que logran una animalidad que les posibilita su existencia y supervivencia a partir de realizar matanzas esporádicas y cacerías sistemáticas. Eso es lo que se desea de ellos, una animalidad eficiente como guardianes defensores del mantenimiento y reproducción de un orden social, como verdaderos leones... delante de las rejas.

    Ambos victimarios –la Iglesia y las FFAA- constituyeron y expresaron la personificación social del poder de las clases dominantes en el uso de la fuerza de la razón y de la razón de la fuerza. Se presentaron con la cruz y la espada como dos imágenes que simbolizan y sintetizan la identidad de sus espacios y de su sociedad, como una identidad total amenazante. Se instalaron en el proceso social de manera tal que lograron bloquear el desarrollo de la individualidad, cercando y aislándola del proceso social; desplazando e impidiendo toda otra sociabilidad que desencadene el desarrollo autónomo de una individualidad solidaria y libertaria.17

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    17 “En realidad, la lógica y la moral son totalmente paralelas y, si admitimos (...) que ambas se desarrollan en función de una elaboración colectiva ya no tenemos derecho a apelar a una para explicar las transformaciones de la otra.”, Jean Piaget, op. cit. pp 330

    Pero, aclaremos, la fe, la creencia como una valor sagrado en el deseo de un mundo cada vez más solidario y posible para todos no constituye un producto de la ignorancia y la ingenuidad sino por el contrario, constituye quizás el más profundo acto de reflexión inicial de una embrionaria y creciente humanización. Pero, la atribución de esta reflexión inicial a un origen exterior e indeterminado, ajeno a quien objetivamente lo realiza, constituye el comienzo de un grave error y el inicio de un proceso de indefensión creciente de los sectores más pauperizados.

    ¡A partir de la acumulación y articulación de ese error... se espera y se acepta de otros para conocer y con ello crece la incapacidad de comprender con mayor objetividad lo que explica y rodea al campo de lo inhumano y de la pobreza! Se pierde la autonomía en la libertad de reflexión, se pierde la capacidad de conocer de qué modo se producen las condiciones del sufrimiento humano, las formas de la pobreza genérica... Se pierde también la capacidad de comprender que la pobreza no es el estado natural de la humanidad ni un hecho “silvestre” sino que por el contrario, la pobreza es una formidable siembra y cada vez más compleja construcción de una expropiación sistemática con la cual se construye y acumula para otros, creando en ellos las más formidables fortunas.

    ¡Se pierde la capacidad de comprender que no hay fortunas sin producción de pobreza! ¡Que de allí nacen las riquezas!

    Por supuesto, es necesario comprender que construir la ignorancia es mucho más costoso que educar, que construir la capacidad de ejercer y construir conocimiento genuino.

    ¡Se pierde la capacidad de comprender que la ignorancia es instrumental para crear pobreza y con ello a su vez generalizar las condiciones para explotar y expropiar!

    A su vez, ¡la pobreza se convierte en la más fantasmal y poderosa amenaza para todos! ¡La pobreza se constituye en la amenaza más simple y generalizada con la que se controlan y ejercen viejos y nuevas formas del temor... que aterroriza!

    Lograr que esa situación sea vivida por los más pobres como el resultado y el castigo merecido, de su propia identidad, es una formidable empresa que la Iglesia y los poderosos cultivaron con pasión y profundo interés. Que cada cual sienta que el ser elegido como pobre, desocupado, es algo atribuible al modo de ser y de actuar de cada uno y de allí –para cada uno- se vuelve a hacer presente la arbitrariedad insondable del axioma de “por algo será”.

    Tarea de la Iglesia, crear una relación de extrañamiento y de ajeneidad con el uso de la fuerza corporal, subordinar el cuerpo de cada uno al mandato de una moral –una lógica de la acción errática, ambigua, confusa y contradictoria- cuya complejidad escaparía a la determinación de la propia acción y decisión individual.

    Sometiendo y orientando la reflexión personal a una forma de acción que esté permanentemente vigilada y subordinada a un poder espiritual que monopolice la reflexión; que establecerá el cómo reflexionar, pensar y decidir su valoración en cada nueva circunstancia: obedeciendo la decisión de dios que será desentrañada y expresada por sus representantes terrenales... ¡el personal de la Iglesia!

    La siembra de una moral crónicamente autoritaria que castiga todo intento de autonomía reflexiva constituyó un pilar de reproducción del poder moral de la Iglesia. Una infinita variedad de procesos, tácticas y estrategias corporales, construyeron las iglesias para enfrentar la necesaria “cura de almas” del aluvión y desesperación de las masas empobrecidas. Construyeron nuevas formas y criterios del disciplinamiento y docilidad, para realizar castigos y penitencias adecuadas y viables a la pobreza material de las mayorías más empobrecidas y desesperadas. Creación de un proceso histórico durante todo un período en que las sociedades precapitalistas europeas comenzaron a ser conmovidas por una profunda crisis de sus formas sociales y culturales preanunciando finalmente la resolución capitalista de dicha crisis; todo un período en que la lucha social se expresó como guerra de religiones en el continente europeo.20

    Finalmente, el capitalismo logró la conciliación de los victimarios –la Iglesia y las FFAA de las clases dominantes- construyeron una cultura moral de manera vigilante, dominante y excluyente hasta quedar instalada como el sentido común de las víctimas... que aceptan su destino como una determinación inapelable: “Siempre habrá ricos y pobres”.21

    El contenido de ese sentido común es muy confuso, amplio y contradictorio, compromete e involucra un desarme intelectual y una convicción de

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    En la actualidad, la máxima jerarquía de la Iglesia católica habla de capitalismo “salvaje” como modo de asumir y hacer una critica social a las actuales sociedades. Pero, cabe preguntarse, ¿la Iglesia lo dice porque está convencida que existe un capitalismo que no es salvaje? ¡El pez por la boca muere!
    Por supuesto, en la larga de historia en que las clases dominantes han manipulado y monopolizado el conocimiento, muchas han sido las formas y los procesos mediante los que se expropió a los cuerpos del poder de la reflexión y se ejerció y prolongó estos monopolios de las iglesias. JCM
    La sacralización que la Iglesia había realizado de la sociedad feudal a favor del orden y poder social de los señores feudales entra en crisis a medida que las fuerzas productivas ya no son contenidas en esos modos. La lucha social que ello desencadena se expresa como una crisis de dicha sacralización y el comienzo y reemplazo de un nuevo ordenamiento moral. Ver F.Engels; La Guerra campesina en Alemania, hay varias ediciones, 1870.
    “Del mismo modo que el cura y el señor feudal ha marchado siempre de la mano, el socialismo clerical marcha unido con el socialismo feudal. Nada más fácil que recubrir con un barniz socialista el ascetismo cristiano. ¿Acaso el cristianismo no se levantó también contra la propiedad privada, el matrimonio y el Estado? ¿No predicó en su lugar la caridad y la pobreza, el celibato y la mortificación de la carne, la vida monástica y la iglesia? El socialismo cristiano no es más que el agua bendita con que el clérigo consagra el despecho de la aristocracia.”, K.Marx y F.Engels, Manifiesto Comunista, 1890

    impotencia, se comporta como un prejuicio de lo existente: una certidumbre acerca de la imposibilidad de cambiar las cosas.

    A pesar de ser los portadores de ese sentido común la mayoría de las víctimas y también los más explotados; a pesar de ser los que en su gran mayoría con el uso de su fuerza transforman y producen casi todo lo que nos rodea; a pesar de ser ellos quienes permanente y crecientemente expresan la capacidad de reproducir las condiciones materiales de todas las vidas que nos rodean... ¡a pesar de todo eso, el uso de la fuerza, su control y el conocimiento de la fuerza les es ajena! “El trabajo alienado hace del ser genérico del hombre, tanto de la naturaleza como de su capacidad espiritual específica, un ser ajeno a él, un medio de su existencia individual. Vuelve ajeno al hombre su propio cuerpo, así como la naturaleza exterior, y su ser espiritual, su ser humano”, K.Marx

    Argentina

    La sociedad argentina está articulada e integrada de manera plena y sistémica al desarrollo del capitalismo mundial; es decir, la territorialidad social y cultural de argentina forma parte de la formación social capitalista de manera inescindible.

    La construcción de la formación social capitalista tiene una larga historia aún en proceso; no estamos en presencia de algo que ocurrió sino de algo que está sucediendo, de un proceso que comenzó en el mundo hace ya no menos de cinco siglos y que aún no ha terminado su desenvolvimiento plenamente capitalista. En realidad se trata de una formación social que se está desenvolviendo y extendiendo de una manera crecientemente cualitativa... es un modo de organización social que no tiene prefijado un tiempo y un límite territorial físico y poblacional ineluctable sino por el contrario: también avanza hacia el espacio exterior terrestre y lo incorpora de manera original.

    Su único límite está instalado en el modo y desarrollo de su propia identidad.

    Al respecto es conveniente recordar uno de los descubrimientos más sustantivos de las investigaciones de K.Marx:

    “Mi investigación me condujo a pensar que las relaciones jurídicas y las formas políticas no pueden ser comprendidas por sí mismas, ni pueden tampoco explicarse por el seudo desarrollo general del espíritu humano. Esas relaciones y esas formas toman sus raíces en las condiciones de la vida material cuyo conjunto constituye lo que Hegel llama, con los ingleses y los franceses del siglo XVIII, la "sociedad civil". En la economía política hay que buscar la anatomía de la sociedad civil, en la producción social de la vida, los hombres contraen ciertas relaciones independientes de su voluntad, necesarias,

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    22 Este escrito de K.Marx es parte de los Manuscritos económico filosóficos [1844].

    determinadas. Estas relaciones de producción corresponden a cierto grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política, y a la cual responden formas sociales y determinadas de conciencia. El modo de producción de la vida material determina, de una manera general, el proceso social, político e intelectual de la vida. No es la conciencia del hombre lo que determina su existencia, sino su existencia social lo que determina su conciencia.
    En cierto grado de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad están en contradicción con las relaciones de producción que entonces existen, o, en términos jurídicos, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales esas fuerzas productivas se habían movido hasta entonces. Esas relaciones, que en otro tiempo constituían las formas de desarrollo de sus fuerzas productivas, se convierten en obstáculos para éstas. Entonces nace una época de revolución social. El cambio de la base económica mina más o menos rápidamente toda la superestructura.
    Cuando se estudian esos trastornos, es preciso distinguir siempre entre la conmoción general que agita las condiciones económicas de la producción y que pueden comprobarse con exactitud científica, y la revolución que derriba las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas que sirven a los hombres para tener conciencia del conflicto y explicárselo.
    Si es imposible juzgar a un individuo por la idea que de sí mismo tiene, no puede juzgarse semejante época de revolución por la conciencia que tiene de sí misma.
    Es preciso explicar este conflicto por las contradicciones de la vida material, por el combate entre las fuerzas productivas de la sociedad y las relaciones de la producción.
    Un estado social jamás muere antes que en él se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que podía encerrar.
    Nuevas relaciones de producción, superiores a las antiguas, no ocupan su lugar antes de que sus razones de ser materiales se hayan desarrollado en el seno de la vieja sociedad.
    La humanidad jamás se plantea enigmas que no puede resolver; pues, considerando mejor las cosas, se notará que el enigma no es propuesto más que cuando las condiciones materiales de su solución existen ya o, al menos, se encuentran en curso de formación.
    En tesis general, se pueden considerar los modos de producción asiática, antigua, feudal y burguesa, como las épocas progresivas de la formación económica de la sociedad. Las relaciones de producción burguesas constituyen la última forma antagónica del proceso de producción de la sociedad.
    Este antagonismo no significa un antagonismo individual. Es un antagonismo que dimana de las condiciones de la vida social de los individuos.
    Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al propio tiempo las condiciones materiales indispensables para resolver este antagonismo.
    Con este estado social se cierra la prehistoria de la sociedad humana”.


    Es decir, se trata de un modo de organización social que expropia las condiciones materiales de vida de los productores directos y las apropia concentrándolas al mismo tiempo en otras manos; una formación social cuyo crecimiento depende constante e incesantemente de resolver mediante procesos revolucionarios sus propias contradicciones inmanentes de su modo de ser y reproducirse.24

    Estas contradicciones tienen como origen una relación temporalmente asincrónica entre su siempre avanzada capacidad social de generar fuerzas de producción y su incapacidad de lograr simultáneamente su incorporación a su modo de sumar, articular y organizar el conjunto de las fuerzas productivas. Esta asincronía, este atraso social, entre el conjunto de las fuerzas y relaciones sociales productivas –es decir, entre las fuerzas de producción y el modo social de su reproducción- constituye un operador estructurante esencial del modo de reproducción de esta formación social. A su vez lo original, del carácter social de esta formación, es que las contradicciones inmanentes de su modo de ser no pueden ser resueltas directa e inmediatamente por su modo capitalista preexistente. Es en la lucha para enfrentar los efectos inhumanos de las contradicciones inmanentes del desarrollo capitalista en donde anida el territorio y la posibilidad del desarrollo revolucionario de esta formación social.25

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    23 K. Marx, "Para resolver las dudas que me asaltaban, emprendí un primer trabajo, la revisión crítica de la filosofía del derecho de Hegel, trabajo cuya introducción apareció en los Deutsch französische Jahrbücher editados en París en 1844. Continuaba en Bruselas el estudio de esta ciencia, que había comenzado en París, pero que debí interrumpir a causa de una orden de expulsión dada por M. Guizot. El resultado general al cual llegué y que, una vez encontrado, me sirvió de hilo conductor de mis estudios, puede formularse brevemente de la siguiente manera"
    24 “Con el modelo explicativo de Karl Marx, encontramos el ejemplo de un análisis que tiene como objeto a las interacciones como tales, y que regula en forma distinta los elementos de causalidad y de implicación según sus diferentes tipos. El punto de partida de la explicación marxista es causal: los que determinan las primeras formas del grupo social son los factores de producción, considerados como interacción estrecha entre el trabajo humano y la naturaleza. Sin embargo, ya desde este punto de partida se manifiesta un elemento de implicación: el trabajo, en efecto, está asociado con valores elementales y un sistema de valores es un sistema implicativo. Además, también, el trabajo es una acción y la eficacia de las acciones realizadas en común determina un elemento normativo. De este modo, y desde el principio, el modelo marxista se sitúa en el terreno de la explicación operatoria, ya que la conducta del hombre en sociedad determina su representación y no a la inversa, y la implicación se desprende poco a poco de un sistema causal y previo al que en parte supera, pero no reemplaza”; Jean Piaget, La explicación en Sociología; Introducción a la epistemología genética, Editorial Paidos, 1975
    25 “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales... “, K.Marx y F.Engels, El Manifiesto Comunista, 1890

    a partir del enfrentamiento revolucionario del pasado feudal –la formación social preexistente- y fue creando al mismo tiempo las precondiciones de una resolución revolucionaria de su presente.

    La formación social capitalista avanza en cada territorio según las condiciones reales que allí encuentra, no lo hace de manera homogénea y simultánea, depende sobremanera de las condiciones socioproductivas y culturales que ella encuentra. En todos los lugares que ella avanza, construye e instala en los procesos productivos relaciones sociales capitalistas; lo que provoca que en el avance territorial de dicha formación social se produzcan crisis sociales, económicas y políticas de sus preexistentes formas sociales.

    Las crisis llamadas capitalistas por referencia a un conjunto muy variado de procesos sociales en que se expresan de manera errática e imprevistas fuertes contradicciones que obstaculizan el desenvolvimiento y el modo de crecimiento de la economía, se hacen presente para la vida de la inmensa mayoría de los seres de nuestras sociedades de manera adversa y catastrófica. Para los sectores más pobres, la desocupación y la inflación son quizás los dos procesos sociales ante los cuales su indefensión es enorme y los aísla y confronta los unos a los otros. Las relaciones solidarias construidas en períodos anteriores entran en crisis, ellas no son suficiente barrera para contener defensivamente la envergadura que asume la intensidad expropiatoria del desarrollo capitalista de ese período.26

    La Argentina ha transcurrido en estas últimas décadas su historia política y social de un modo en que se nos ha hecho presente de qué manera se producen estos períodos de crisis y de qué manera se han resuelto desde la perspectiva y acción de las diferentes clases sociales. Veamos durante el período 1969/76, que constituye desde nuestra perspectiva un período que hemos denominado “la acumulación primitiva del genocidio”.27

    “Todo intento por comprender la situación real de la Argentina, así como sus tendencias, nos conduce a una reflexión acerca del carácter social de su particular situación de "guerra". Tradicionalmente la guerra fue un atributo de las clases dominantes y en esa medida -en la lucha por una territorialidad- de los Estados. Por supuesto que "represión" y "terrorismo" no tienen, al menos instrumentalmente, la capacidad para definir una situación de lucha armada como de guerra. Pero cuando la política armada estatal reemplaza la "represión" por la "aniquilación" como única relación con el adversario nos encontramos entonces en un espacio en el que las leyes de la guerra comienzan a hegemonizar las acciones y las relaciones entre las fuerzas sociales en pugna”

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    “¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas...”, K.Marx y F.Engels, obra citada, 1890
    Juan Carlos Marín; Los hechos armados, Argentina 1973-1976, La acumulación primitiva del genocidio. Ediciones PICASO/La Rosa Blindada, 1996. Hay otras ediciones, la primera de Argentina fue del Centro de Investigaciones en Ciencias sociales (CICSO), mimeografiada en Buenos Aires 1978.


    (...)"a partir del 16 de setiembre de 1970 el promedio de secuestros y desapariciones había sido de uno cada 18 días", en la actualidad la acción de los aparatos paramilitares de la política armada del Estado ha logrado un promedio no inferior a las cinco personas diarias desde julio de 1976. Las fuerzas armadas argentinas han definido como eje de su política estatal de reordenamiento del sistema institucional nacional la "aniquilación de la delincuencia subversiva". Por otra parte, los "delincuentes subversivos" asumen la constitución de un "ejército popular" como el instrumento estratégico esencial en este período de la lucha de clases.
    ¿Por qué la lucha de clases asumió la forma de una guerra?
    Así como la existencia de la lucha de clases no depende de ninguna voluntad subjetiva en particular, ya que refiere a una ley correspondiente a determinadas formaciones económico-sociales, la guerra tampoco está subordinada y constreñida al ámbito de una voluntad subjetiva. Ella puede ser conducida, pero su existencia sólo hace expresar la realidad que ha asumido la relación entre las clases durante un determinado período histórico.
    El "secuestro", la "desaparición", comenzaron siendo los dos instrumentos típicos que fueron desplazando y subvirtiendo las formas institucionales tradicionales de la represión policial legítima del sistema. Se convirtió en una política sistemática de aniquilamiento de los cuadros más combativos del movimiento popular, cualesquiera fueran sus orientaciones políticas.
    Una táctica política iba así ganando terreno en los aparatos armados del Estado; en la práctica, los cortó transversalmente y se fueron constituyendo fracciones internas que comenzaron a realizar tareas "parapoliciales". En este sentido, es obvio que al menos una fracción de la burguesía comenzó las acciones "irregulares" aproximadamente a partir de 1969 contra la fuerza social que movilizaba el movimiento popular.
    La burguesía siempre mantiene, claro está, una política armada, pero los instrumentos que manipula en la implementación de su dominación -así como también en los enfrentamientos sociales que ésta provoca- expresan y revela una trama social que ayuda a comprender las condiciones específicas en que intenta mantener esa dominación.”

    La decisión unánime e irreversible que había tomado la gran burguesía financiera respecto a la ejecución de una política de aniquilamiento de lo que

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    28 De hecho, se constituyó en una política "clandestina" en el seno del régimen. Valga como dato ilustrativo la participación civil conque contó la conducción militar de ese período:
    "El 35.3 por ciento, o sea más de un tercio de los actuales intendentes con tendencias políticas definidas de todo el país, son radicales; el 19,3 de esos intendentes son peronistas y el 12,4% son demócratas progresistas. Tan sugestivos porcentajes surgen de uno de los trabajos más minuciosos de relevamiento político interno que se conozcan en la actualidad. Ese trabajo, realizado palmo a palmo sobre la extensión total del territorio nacional por los servicios de inteligencia del Estado, demuestra sobre los 1697 municipios censados, que sólo 170 intendentes, o sea el 10%, pertenecen a las fuerzas armadas; 649 intendentes, o sea el 38% carecen de militancia política definida y 878 intendentes, esto es, el 52%, están de un modo u otro adscriptos a una corriente política concreta. La primera de esas observaciones es que la Unión Cívica Radical aparece objetivamente prestigiada por el hecho de haber sido, entre todos los partidos políticos, aquel con el cual esté de un modo u otro vinculada el mayor número de intendentes designados por veintitrés gobiernos militares. (Hasta fines de 1978) Confrontar diario La Nación del 25 de marzo de 1979, columna La Semana Política titulada: "La participación civil".

    denominaba “la subversión”, no fue clara y totalmente comprendida por las diferentes fracciones sociales y políticas que configuraban el movimiento de masas, ni por sus cuadros intelectuales, políticos y gremiales. Estos en su gran mayoría no se sentían involucrados en la denominación de “delincuentes subversivos”.

    ¿Qué era la subversión?

    La subversión era la tendencia creciente de las diferentes fracciones sociales del movimiento de masas a mantener la continuidad de las luchas planteadas e iniciadas -de muy diferentes maneras- durante el período de las dictaduras militares (1966/73). La transacción y la derrota habían sido en el pasado la tendencia tradicional y reiterativa ante las ofensivas del enemigo (las diferentes fracciones capitalistas); hasta ese momento siempre se había impuesto un cambio encubierto de política a todo intento por mantener la lucha y la combatividad. Por primera vez, la continuidad de la lucha encontraba una territorialidad social que la sostenía y asumía como propia, rechazando las tendencias que conducían al desarme político del movimiento de masas. (JCM)29

    La crisis de la ideología burguesa en la conciencia obrera era algo que ya se reflejaba en su permeabilidad hacia los combatientes armados de los movimientos revolucionarios; así como también su decisión creciente de otorgarles a los enfrentamientos una fuerza y orientación que superaba la establecida por sus conducciones corporativas y políticas del peronismo. Se trataba de un período en que “la clase obrera comenzó a ver la posibilidad de una estrategia político-militar que no estuviera subordinada –como siempre lo había estado- a los cuadros profesionales del Estado. Le era posible realizar en su acción una reflexión que la condujera a evaluar la capacidad armada del régimen, asediado y debilitado por fuerzas a las cuales ella podía acaudillar de acuerdo a sus intereses de clase y tal como ella los definía en sus acciones inmediatas.30

    Las fuertes y aparentes diferencias sociales entre quienes compar-tían la combatividad de la lucha libertaria, se mostra-rían, cada vez más, y a partir de la crisis política de la dictadura militar (1973)- como diferen-cias instaladas en una imagen virtual de la realidad, reprodu-ci-da obstinada y reiterati-vamente por la moral de una conciencia burguesa. La ruptura, la crisis y el descentramiento de esa con-ciencia burguesa, tendrían un efecto en las mayorías ciuda-danas: la revelación de su per-tenencia a una humani-dad homoge-neiza-da en su identi-dad de expropiados.

    El enemigo impuso una táctica política a partir de la cual amenazó y coaccionó

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    29 Los hechos armados; JCM, obra citada
    En síntesis, ante la amenaza cierta de un proceso en marcha que evidenciaba una crisis de la conciencia moral de la ciudada-nía de los obreros, se desen-ca-denó una crisis de su anterior individuali-dad política, acelerándose de ese modo una crisis del doble carác-ter social y político del ejercicio de su ciudada-nía, y, en conse-cuencia, una amenaza de crisis para el orden social dominan-te.
    (JCM)

    a todos los sectores sociales y les impuso como eje de la alineación de todas las políticas que se expresaban legítimamente en el seno del régimen: Definir sus posiciones respecto a la subversión. El desenlace de ese período aún lo padecemos.


    La conciliación de la sociedad genocida.
    Lo que el genocidio finalmente aniquiló fueron las infinitas relaciones sociales solida-rias que se habían tejido entre quienes habían combatido a las dictaduras militares y habían compartido durante todo el período anterior, de muy diversas maneras, sus luchas contra las sistemá-ticas violaciones a los derechos políti-cos de su ciuda-danía.
    En respuesta a esas luchas, el conjunto de la sociedad capitalista en la Argentina ani-quiló miles de personas para destruir las relaciones de clase que a lo largo de los últimos cien años, trabajosa, contradictoria y largamente, habían logrado ins-talarse entre la mayoría de los obreros en la argentina. El terror que sembró y cultivó la política genocida en el conjunto de la sociedad, dirigida por la oligarquía de los más grandes capitalistas, también sirvió más tarde para facilitar la tregua que necesitaron los cuadros de las FFAA de la sociedad capitalista.31

    Para el espíritu del conjunto de la sociedad capitalista, asumir la decisión del genocidio y corresponzabilizarse no fue fácil, ciertamente no por razones morales, sino, sobre todo, por la complejidad que implicaba su implementación, ejecución y encubrimiento. La Iglesia católica ayudó y templó el ánimo de la sociedad capitalista argentina para enfrentar las tareas genocidas mediante el silencio y la sistemática indulgencia de la confesión criminal de las FFAA. No puede haber duda acerca del papel de la Iglesia católica: fue un fiel guardián de la moral genocida y aún hoy lo sigue siendo; como así lo muestra ante la mirada de todos los católicos y de su masa de creyentes cada vez que administra la misa a los genocidas reiterando el misterio de un gran genocidio.

    Pero también, no debemos olvidar, que gracias al desarrollo de las formas culturales que asumieron las luchas sociales y políticas, a lo largo de este último siglo, en el mundo capitalista, se impuso una lógica y se forjó una moral de inhumanidad que ayudó a la oligarquía de los grandes capitalistas a encontrar las soluciones instru-mentales necesarias para llevar a cabo su decisión genocida.32

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    31 No creemos que el genocidio haya sido "una tarea de unos pocos en detrimento de una mayoría"; presumiblemente fue todo lo contrario, ¡una formidable e inmensa empresa de muchos en detri-mento de unos pocos! (JCM)
    32 Las aniquiló mediante la destrucción de miles cuerpos de desaparecidos y la construcción de ese nuevo objeto epistémico que fue el desapare-cimiento.



    El exterminio de poblaciones comenzó a ser cada vez más la lógica natural de los modos de resolución y recupe-ración de las crisis económi-cas y sociales desenca-denadas por la expansión creciente a escala mundial de las relaciones sociales capitalistas, resueltas (!?) todas ellas desde la perspectiva, hegemonía y dominio impuestos por el uso de la violencia de los sectores propietarios más concentrados y monopolistas del capitalismo.

    A partir de 1983, ante la crisis y el derrumbe de la dictadura militar, como conse-cuencia de su derrota militar por una potencia extranjera, sus jefes transfi-rieron el manejo del Estado a un proceso de recomposición constitucional; a cambio, el conjun-to de la sociedad política otorgó a las FFAA la tregua y el perdón que necesi-taban para su recuperación, evitando así la amenaza de una descomposición catastrófica y definitiva de su institucionalidad.33

    Lo que la sociedad capitalista otorgó involucró legalmente a toda la ciudadanía.

    ¡Pero no todos los ciudadanos aceptaron que ese fuera el carácter de su identidad ciudadana!

    En realidad la conciliación actual que busca la sociedad genocida es la integración y disciplinamiento del conjunto de la sociedad y su conversión a una sociedad política y ciudadana que comprenda y normalice el genocidio y en la que cada cual pueda interpretarlo como quiera en tanto asuma formar parte e integrarse con el conjunto de los argentinos, sean o no genocidas en una normalización moral de la sociedad capitalista.

    En definitiva, debemos reconocer un nuevo esfuerzo patriótico de la Iglesia y las FFAA que buscan, una vez más, ayudar a reconstruir una nueva y creciente ciudadanía para que circulemos con libertad entre todos nosotros como una moneda de dos caras: capitalista y genocida.

    De lograr la coherencia entre lo uno y lo otro en esta territorialidad primermundana del capitalismo argentino se encargaran ellos mediante la fuerza de su fe y sino con la fe en su fuerza.

    Recordemos que: ¡Si la sociedad capitalista fracasa en el mantenimiento de la infantilización de la población... ella se autoconvocará sin pudor y sin culpa al gesto y la determinación de una cruzada, espada genocida!34

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    33 Los procesos de índole y complejidad diversa que se constituyeron con el fin de crear una ignorancia conciente, una justificación, un perdón, un olvido, un indulto y, finalmente, una glorificación de los genocidas , y de todas las aberraciones y actos de inhumanidad que protagonizó la sociedad capitalista, es un campo cuyo reconocimiento y análisis en profundidad apenas comienza a revelar sus oscuridades. Recordemos las palabras de Carlos Saul Menen, “Nosotros gracias a la presencia de las FFAA, en este caso el ejército –lo cortés no quita lo valiente- triunfamos en esta guerra sucia que puso al borde de la disolución a nuestra comunidad”.

    34 “Ahora goza la (Argentina), añadió, de un gobierno de orden que tiene principios, una autoridad, que pone un poco de orden en los asuntos del país, que impide a los bandidos matar a otras personas y así la economía se recupera. Los obreros tienen trabajo y pueden regresar a sus hogares sabiendo que no van a ser aporreados

    ¡A ellos lo mismo les da!

    ¡Pero a nosotros NO!

    Juan Carlos Marín, enero del 2001