ANTROPOSMODERNO
Sexolíticos

Charles Melman




    Los textos reunidos en este volumen [referencia al compendio publicado por la Asociación Freudiana sobre toxicomanía], en muchos casos traducidos por primera vez, nos ofrecen diversas enseñanzas.

    Primeramente, que el objetivo de un trabajo puede ser menos aquél que anuncia su título que el intento, para los pioneros, de ilustrar las tesis de Freud; a menos que se trate de convencer a los incrédulos del valor del método, o, porqué no, polemizar con un colega. Por esto, la apariencia científica no nos debe hacer olvidar que la intención del autor le puede deber tanto a su esfera privada que a una preocupación de rigor, cuando esta no está al servicio de aquella.

    Retendremos luego, por su modestia, que las capacidades discriminativas de la observación clínica se hallan reguladas por el aparato conceptual disponible, los significantes puestos en circulación, aquellos de Freud en este caso, a menos que un alumno no proponga los suyos.

    En fin, nos sorprenderemos con la verdadera adivinación puesta de manifiesto por Freud, quién, anticipando el dispositivo estructural que le hacía falta, avanza unas tesis de una exactitud remarcable. Así la asimilación de la masturbación (1887, Carta a Fliess) y, más adelante, aquella sobre la pasión del juego (Dostoïesvski), a una toxicomanía; el gozo procurado por un pensamiento que escapa a la lógica (1904, El Chiste...), la relación al alcohol como modelo de un matrimonio feliz (1910, Psicologia de la vida amorosa), el estado de elación del bebedor asemejado a la manía (1917, Duelo y melancolia), el vínculo entre el estado de elación y el humor (1927, El Humor) etc.

    Pero, aplicar a nuestra generación la parte crítica de sus observaciones, ¿podría dar pruebas de los conceptos de Lacan? Pongamoslo a prueba rápidamente, con respecto a algunos trazos de las llamadas "toxicomanías".

    1. La adicción

    Si la adicción indica un estado de dependencia vital con respecto a un objeto, es conveniente notar, como preámbulo, que ella forma parte de todo sujeto. "Falo" es el nombre dado por Lacan (más preciso que aquél de "libido" utilizado por Freud) a la instancia cuya presencia es indispensable al mantenimiento de la subjetividad –y por lo tanto del deseo, del pensamiento, de la memoria, del Yo, etc. Se verifica que la existencia busca antes que todo hacer reconocer la permanencia de su apropiación, de su incorporación. Las grandes crisis vitales están por lo general relacionadas con su eclipse repentino : duelo, divorcio, menopausia, desempleo, etc.

    La adicción es por lo tanto central en la economía psíquica y su objeto, el falo, esclarece el efecto sustitutivo de las drogas.

    2. Las drogas

    Algunas tienen fama desde hace tiempo, por provocar efectos psíquicos parecidos a aquellos de la presentificatión anunciada o sobrepasada del falo : excitacion psíquica y física idénticas a aquellas que son producidas por la inminencia de su entrada en juego, petite mort y sedación como lo que sigue a su deshinchazón. En los dos casos el efecto de "bienestar" parece relacionado a una puesta en suspenso de la existencia, tomada a cargo por el estado de excitación en el primer caso, pasajeramente abolida en el segundo.

    Se puede explicar así que las drogas sean apreciadas por su acción excitante (la cocaína por exemplo) así como también sedativa (la heroína). En los dos casos, la meta es atenuar el dolor de existir. Quizás sea necesario recordar el hecho de que la existencia sea consubstancial a un fracaso: no hay apoderamiento feliz del objeto ni relación al Yo que no sea dividida.

    La eficacia remarcable de las drogas es de crear un cortocircuito en el encaminamiento complejo y aleatorio del discurso para, con un flash quimico, realisar una excitación o un orgasmo mejor logrado y reproductible a voluntad. Esos productos garantizan el triunfo sobre una instancia –fálica– cuyo capricho y esquiva programados convierten al sujeto dependiente de un fracaso. El precio de esta libertad es la adicción a un nuevo objeto –puro real– cuya fisiologia y ritmo –tensión-deshinchazón– convierten de nuevo la presentificación aleatoria.

    3. Los sexolíticos

    A esta tentativa de reunir las diversas drogas bajo una misma apelación a pesar de la diversidad aparente de sus efectos, se opone otra objeción : el rol del alcohol. Este es conocido desde hace mucho tiempo como afrodisíaco, susceptible de hacer desaparecer las inhibiciones y favorecer una relacion sexual liberada de las prohibiciones inclusive las del incesto (como la marihuana por otra parte y a veces el prozac).

    Dionisios, a este respecto nunca ocultó sus intenciones. Se recordará sin embargo que de ser repetido, el vaso preliminar terminará por absorber toda la satisfacción y que es en la impotencia que se saldará la cuenta. Es clásico que el alcohólico crónico termine privilegiando la botella en detrimento de una esposa rechazada por su infidelidad, puesto que de estructura, se le escapa.

    Se necesita una profunda complicidad entre una sociedad y sus drogas para que haya sido necesario todo ese tiempo antes de que se aisle la evidencia : el poder sexolítico de los productos incriminados. Esta colusión viene sin duda de que la sabiduría –popular así como también filosófica– siempre quizo deshacerse del sexo o esquivar lo que causa el más grande dolor y que la teoría psicoanalítica llama "castración". Las drogas son de ello el pharmakon y la ciencia toma el relevo proponiendo equivalentes "médicos".

    4. Los sexolizados

    La clínica de las "toxicomanías" se halla con esto renovada. El sexolizado aparece como reducido a la fisiología "animal" de un organismo dominado por una pulsión no dialectizada y que ha deshabitado el espiritu. Este abandono ataca todos los orificios, con la excepción de aquél que es cada vez "neoformado" por la injección –la moda del piercing puede así descifrarse como la voluntad de privatizar un orificio del cuerpo contra aquellos que impusieron la castración.

    El tiempo privilegia el instante, que nunca es neutro ya que esta investido por la tensión o la deshinchazón, y por lo tanto sin influencia objectal constante, negando el pasado y rechazando una proyección en el futuro. La inafectividad rige la relación al otro, llevado regularmente a la figura del doble y por lo tanto del mismo quién se convierte en compañero de deriva, cualqueira que sea su sexo. El transitivismo no impide la competencia más feroz, criminal en todos los casos extremos, cuando el estado de carencia se vuelve insoportable. La palabra se haya fuera del discurso y no conoce sino la inteligencia y la astucia necesarias para obtenir de un tercero, por medio de la violencia si hace falta, la suma necesaria a la obtención de una dosis.

    Rechazando de esta manera la dimensión Otra, reducida a ser el encubrimiento de un tesoro usurpado, a veces puramente mítico, que se trata progresivamente de reapropiarse, es su propio cuerpo que el drogado consume y así se consume como un perfecto autófago.

    Conclusión

    El éxito de la toxicomanía es contemporáneo al logro de los ideales que enlazan la economía a la ciencia. La economía de mercado reposa sobre una ética del consumo; la ciencia sa halla apta para fabricar los productos que la convertirán en perfecta.

    La perfección pasa ineluctablemente por la eliminación de la sexualidad. Sexolíticos y sexolizados hacen de esta manera la transición con el porvenir que querrán prepararnos.

    Traducción: Marielena Salazar

    Revisión: Virginia Hasenbalg

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