ANTROPOSMODERNO
Digan Lo que Digan, Esta Guerra es Ilegal

por Michael Mandel





    Un secreto bien guardado acerca del ataque Anglo-Americano contra Afganistán es que es claramente ilegal. Viola la ley internacional y la letra de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas.

    A pesar del repetido recurso al derecho de autodefensa según el Artículo 51, la Carta simplemente no es aplicable en este caso. El Artículo 51 otorga a un estado el derecho a repeler un ataque ya iniciado o inminente, como medida temporal hasta que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pueda tomar las medidas necesarias en defensa de la paz y la seguridad internacional. El Consejo de Seguridad ha aprobado ya dos resoluciones condenando los ataques del 11 de septiembre y ha anunciado una serie de medidas encaminadas a combatir el terrorismo. Estas medidas tienen por objeto la supresión legal del terrorismo y de su financiación, y la cooperación entre estados en materias de seguridad, inteligencia, investigaciones criminales y otros procedimientos relacionados con el terrorismo. El Consejo de Seguridad ha creado un comité para hacer un seguimiento de los avances conseguidos con estas medidas, y ha dado a todos los estados un plazo de 90 días para informar sobre la aplicación de estas medidas. No puede decirse, ni remotamente, que ninguna de las resoluciones autorice el uso de la fuerza militar. Es verdad que en el preámbulo de ambas se "afirma" de forma abstracta el derecho inherente a la autodefensa, pero se hace "de acuerdo con los términos de la Carta." Estas resoluciones no dicen que una acción militar contra Afganistán esté dentro de este derecho a la autodefensa. Ni podrían decirlo porque el derecho a la autodefensa unilateral no incluye el derecho a vengarse una vez terminado el ataque. El derecho a la autodefensa en la ley internacional es igual al derecho a la autodefensa recogido en nuestras leyes: permite defenderte cuando no hay elementos legales a mano, pero no permite que nadie se tome la justicia por su mano.

    Puesto que los Estados Unidos y Gran Bretaña han lanzado este ataque sin la autorización explícita del Consejo de Seguridad, aquellos que mueran como consecuencia de estos ataques, serán víctimas de un crimen contra la humanidad, al igual que las víctimas de los ataques del 11 de septiembre. Incluso el Consejo de Seguridad sólo puede autorizar el uso de la fuerza cuando "sea necesario para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacional." A estas alturas, todo el mundo debe tener claro que el ataque militar contra Afganistán no tiene nada que ver con prevenir el terrorismo. Es mucho más probable que este ataque provoque más terrorismo. Incluso la administración Bush admite que la guerra real contra el terrorismo es a largo plazo, requiriendo una combinación de mejoras en la seguridad y en la inteligencia, y el replanteamiento de las alianzas de EE.UU. en el exterior. Los críticos para con la forma con que Bush afronta el problema argumentan que cualquier lucha efectiva contra el terrorismo debe incluir una revaluación sobre la forma en que Washington conduce su política exterior. Por ejemplo, su promoción de la violencia para alcanzar objetivos a corto plazo, como en Afganistán donde apoyó a los talibanes hace diez años , en Irak donde apoyó a Saddam Hussein contra Irán, o antes en Irán donde respaldó al Sha

    El ataque contra Afganistán es una mera venganza que busca demostrar al mundo lo duros que son los americanos. Está hecho sobre las espaldas de la gente que tiene mucho menos control sobre su gobierno que incluso las pobres almas que murieron el 11 de Septiembre. Inevitablemente, producirá muchas muertes de civiles, que serán el resultado directo de los bombardeos y de la interrupción de la ayuda humanitaria a un país donde millones de personas corren el riesgo de morir de inanición. Las 37.000 raciones lanzadas el pasado domingo son un puro ejercicio de relaciones públicas, como lo son las descripciones de ataques "quirúrgicos" y la negación de muertes civiles. Lo hemos visto ya en ocasiones anteriores, como por ejemplo en Kosovo, seguidas de excusas poco convincentes sobre los "accidentes" que mataron a inocentes.

    Por mucho que se diga que tantas cosas han cambiado desde el 11 de Septiembre, lo que no ha cambiado en absoluto es el desprecio que EE.UU. muestra por las leyes internacionales. Tanto su campaña de bombardeo contra Irak que dura ya más de diez años, como el bombardeo de Yugoslavia en 1999 son ilegales. Los EE.UU. ni siquiera reconocen la jurisdicción del Tribunal Mundial. Lo abandonaron en 1986, cuando este tribunal condenó a Washington por atacar a Nicaragua, minando sus puertos y financiando a la contra. En este caso, el tribunal rechazó la pretensión de EE.UU. de estar actuando según el Artículo 51 en defensa de los vecinos de Nicaragua. Canadá, por su parte, no puede esconder su complicidad en esta ilegalidad apoyándose en la cláusula de "solidaridad" del tratado de la OTAN, ya que esta cláusula está explícitamente subordinada a la Carta de las Naciones Unidas

    Podemos preguntarnos si la legalidad importa en este caso. Por supuesto que sí. Sin leyes, no hay otros límites a la violencia internacional que no sean el poder, la crueldad y las artimañas de los perpetradores. Sin la legalidad internacional del sistema de Naciones Unidas, se deja a un lado a la gente del todo el mundo en materias de interés vital. Todos corremos el riesgo de lo que vaya a ocurrir a partir de ahora. Debemos insistir en la necesidad de que Washington presente su caso y justifique la necesidad, la racionalidad y la proporcionalidad de este ataque, con luz y taquígrafos, ante la comunidad internacional real. Los bombardeos de Afganistán son legal y moralmente equivalentes a lo que se hizo a los estadounidenses el 11 de Septiembre. Puede que lleguemos a recordar esta fecha no por la tragedia humana que ocurrió, sino por habernos lanzado de cabeza a una etapa caracterizada por la violencia y la ilegalidad a nivel mundial.

    Michael Mandel, profesor de Derecho de la Osgoode Hall Law School en Toronto, es especialista en legislación criminal internacional.