ANTROPOSMODERNO


    16 de octubre del 2001

    http://usuarios.advance.com.ar/hugo-de-pedro/RESISTENCIA/toussaint.htm

    Argentina: ¿El eslabón más débil de la cadena mundial de la deuda?
    Por Eric Toussaint
    Presidente del Comité para la Anulacion de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), autor de Deuda Externa en el Tercer Mundo. Las Finanzas contra los pueblos  (Editorial Nueva Sociedad, Caracas/Convergencia Socialista - Mexico/CADTM, Bruselas, 1998), fue uno de los conferenciantes del Foro Social de Génova.




    Informe Reservado

    La situación argentina en el año 2001 es catastrófica: tres años de recesión debido a la aplicación de una política neoliberal particularmente agresiva. En realidad, la decadencia de la Argentina que comenzó bajo la dictadura (1976-1983) continuó durante casi veinte años en manos de los diferentes gobiernos que la sucedieron. Contrariamente a una idea proclamada por algunos sectores, no ha habido una verdadera ruptura en la política económica después de la dictadura. Visto en perspectiva, en los últimos decenios, los avatares de los cambios de gobierno no modificaron de manera significativa el camino regresivo en el que había sido dirigida por su clase dominante.

    La Argentina de hoy comparada a la de los años 1940-1950-1960 ha cambiado fundamentalmente. Ha sufrido una regresión como potencia industrial periférica, y hoy, la mayoría de la población argentina, vive peor que hace treinta años. Entre el comienzo de la dictadura (marzo de 1976) y el año 2001, la deuda se multiplicó casi por 20, pasando de menos de 8.000 millones de dólares a cerca de 160.000 millones. Durante ese mismo período, la Argentina rembolsó alrededor de 200.000 millones de dólares, o sea, cerca de
    25 veces lo que debía en marzo de 1976:


          Deuda externa argentina                 (en millones de dólares)         

        Año             Deuda             Servicio pagado (amortización + interés)

          1975                   7875
          1976                   8280        1616
          1977                   9679        1849
          1978                 12496       3310
          1979                 19034       2255
          1980                 27072       4182
          1981                 35671       5390
          1982                 43634       4875
          1983                 45087       6804
          1984                 46903       6281
          1985                 48312       6208
          1986                 52449       7323
          1987                 58458       6244
          1988                 58834       5023
          1989                 65256       4357
          1990                 62730       6158
          1991                 65405       5419
          1992                 68937       4882
          1993                 65325       5860
          1994                 75.760      5771
          1995                 99.364      8889
          1996               111.934   13.054
          1997               130.828   18.308
          1998               144.050   21.573
          1999 (*)         147.881    25.723
          2000                               30.926


          Servicio pagado 1976-2000         212.280

    (*) Según la OCDE, a fines de 1999, la deuda externa total de Argentina alcanzaba ¡169.066 millones de dólares! (OCDE, Statistiques de la dette exérieure, OCDE 2001, p. 0).

    Fuente: World Bank, GDF 2000 y 2001; BCRA y cálculos del autor.

    Argentina demuestra hasta el extremo el carácter vicioso e infernal del endeudamiento del Tercer Mundo (y el de la periferia en general). A causa del pago, y no a pesar de él, el país debe en el 2001 cerca de 20 veces lo que debía a principios de la dictadura (gran parte de los préstamos han servido para refinanciar deudas anteriores que vencían o para asegurar el
    pago de los próximos vencimientos).

    Los pagos de la deuda argentina han sido y son todavía, un formidable mecanismo de transferencia de riqueza producida por los asalariados hacia los dueños del capital (sean argentinos o residentes de los países más industrializados, comenzando por los EE.UU. y Europa occidental). El mecanismo es simple: el Estado argentino consagra una partida cada vez más importante de los ingresos fiscales (cuya mayor parte proviene de los
    impuestos pagados por el pueblo) al reembolso de la deuda externa y a las múltiples ventajas que otorga al sector capitalista. ¿Quién recibe los pagos efectuados por el Estado argentino? Las grandes instituciones financieras internacionales que poseen más del 80% de la deuda externa argentina. El colmo es que vía los mercados financieros norteamericanos y europeos sobre los que se emiten los préstamos, los capitalistas argentinos, compran los títulos de la deuda de su propio país con el dinero que han sacado del mismo y reciben por tanto una parte de los reembolsos.

    Más adelante en este texto veremos que los capitalistas argentinos se endeudaron alegremente durante la dictadura y han colocado una buena parte de ese dinero en el extranjero (vía fuga de capitales). La suma de los capitales colocados por los capitalistas argentinos, en los países más industrializados y en los paraísos fiscales, durante la dictadura es superior a los montos de las deudas contraídas (se puede encontrar la explicación técnica de ese fenómeno en varias obras de los autores: Alfredo y Eric Calcagno; Aldo Ferrer; M. Rappoport, 2001, p. 813 - 814, y en el fallo Ballestero, Poder Judicial de la Nación, 2000). Sólo en el período 1980-1982, las fugas de capital han llegado, según el Banco Mundial a más de 21.000 millones de dólares (Rappoport, p. 825). Y un enorme regalo a los capitalistas argentinos (y extranjeros): sus deudas fueron asumidas por el Estado al final de la dictadura.

    Desde entonces la deuda del Estado se ha agrandado con el peso de la deuda de las empresas privadas ya que el mismo Estado asumió el compromiso frente a los acreedores. A partir de esa época, los capitalistas argentinos han mantenido esa política de evasión de capitales como si se tratara de un deporte nacional. A tal punto, que se podría organizar un campeonato
    latinoamericano de evasión de capitales y el equipo argentino podría intentar ganar el campeonato, pese a que se encontrará con rivales importantes (los capitalistas brasileños, mexicanos y venezolanos son peligrosos en la materia).

    Por otro lado, las deudas de las empresas públicas que habían también aumentado significativamente por decisión de la dictadura, no fueron canceladas salvo cuando se emprendió su privatización. Los gobiernos posteriores a la dictadura usaron el pretexto del endeudamiento de las empresas públicas para privatizarlas, tomando la "precaución" de que el Estado asuma sus deudas antes de privatizarlas (ver más adelante el caso de Aerolíneas Argentinas, la empresa aérea argentina). Se trata entonces de otro regalo al capital argentino o extranjero. ¡Es diabólico!

    Después de un cuarto de siglo en ese escenario, el país está desangrado. Los salarios y los beneficios sociales han caído terriblemente, el desempleo es altísimo, los servicios públicos están en un estado lamentable, la pobreza se extiende a sectores cada vez mayores de la población (incluyendo a sectores que en el pasado vivían con cierto confort), las cajas del Estado están vacías, una gran parte del aparato productivo está abandonado y el resto en manos extranjeras. Ya no queda gran cosa a privatizar. La protesta social ya se manifiesta varias huelgas generales ya desde el 2000, corte de rutas por los "piqueteros", revueltas en ciudades pauperizadas y de barrios enteros).

    Claramente, la Argentina es uno de los eslabones débiles de la cadena del endeudamiento internacional. Posiblemente la cadena se romperá gracias a este país. Pero no hay nada ineluctable. La crisis puede prolongarse durante años. Los golpes que recibieron, durante la dictadura entre 1973 y 1983, las organizaciones de trabajadores y los movimientos sociales en general todavía marcan sus efectos, y si bien el pueblo argentino tiene cien razones para
    decir "¡ya basta!", parece dudar ante un resultado imprevisible. La dirigencia sindical no se juega a fondo en esta batalla fundamental. Sin embargo, visto desde una perspectiva internacional, un cambio de actitud de Argentina respecto de la deuda tendría repercusiones enormes. El monto que debe rembolsar a los mercados financieros de los países más industrializados es tal que un default en el pago podría desestabilizarlos, hasta amedrentarlos y obligarlos a abrir el diálogo. Para que ello sea favorable a los argentinos y a los países endeudados, haría falta que la presión ciudadana lleve a las autoridades a adoptar una posición firme de manera prolongada (a diferencia de lo ocurrido con Alan García en Perú en 1985 o con el régimen brasileño en 1987) combinada con reformas económicas que favorezcan una repartición progresista del ingreso nacional con una política fiscal redistributiva, organizando la vuelta al dominio público de las empresas privatizadas y dando primacía a los acuerdos regionales Sur-Sur respecto de la relación comercial con los Estados Unidos vía el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Suspender el pago de la deuda externa y adoptar otra política económica implica la ruptura de los acuerdos entre el gobierno argentino y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta ruptura no entrañaría ningún daño, al contrario, podría ser beneficiosa para la
    Argentina. Para la población local y para los movimientos en los que se organiza, se trataría en todo caso de una oportunidad. ¿La aprovecharán?

    Con el fin de facilitar la comprensión de cómo se llegó a la situación actual,
    en lo que concierne al endeudamiento, a continuación se presenta una vista en perspectiva histórica, que comienza con la dictadura.

    Argentina: endeudamiento y dictadura militar

    El período durante el cual la deuda argentina literalmente explotó, corresponde al de la dictadura militar del general Videla (1976-1981). La política económica promovida por Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura, a partir del 2 de abril de 1976 marca el inicio de un proceso de destrucción del aparato productivo del país, creando las condiciones para una economía especulativa que devastó el país. La mayor parte de los
    préstamos otorgados a la dictadura argentina, provenían de bancos privados del Norte. Estos contaban con el total acuerdo de las autoridades de los Estados Unidos (tanto de la  Reserva Federal como de la Administración norteamericana). Los "maestros" argentinos de la política de endeudamiento eran el ministro en Economía Martínez de Hoz y el secretario de Estado para la Coordinación y la Programación Económica, Guillermo Walter Klein. Para obtener préstamos de los bancos privados, el gobierno exigía de las empresas públicas argentinas que se endeudaran con los banqueros privados internacionales. Las empresas públicas se convirtieron entonces en una palanca fundamental para la desnacionalización del Estado, a través de un endeudamiento que entrañó el abandono de una gran parte de la soberanía nacional.

    Evolución de la deuda externa 1975 – 1985             (en millones de dólares)

    Año                 Deuda total                    Aumento        en %

    1975                              7.875
    1976                              8.280                    405       5,14
    1977                              9.679                  1399     16,9
    1978                            12.496                  2817     29,1
    1979                            19.034                  6538     52,32
    1980                            27.072                  8038     42,23
    1981                            35.671                  8599     31,76
    1982                            43.634                  7963     22,32
    1983                            45.087                  1453       3,33
    1984                            46.903                  1816       4,02
    1985                            48.312                  1409       3


    Fuente: Banco Central de la República Argentina (BCRA) citado en el fallo Ballestero, p. 172

    Endeudamiento forzado de las empresas públicas

    Esto es tan así que, por ejemplo, la principal empresa pública argentina, la petrolera Yacimiento Petrolíferos Fiscales (YPF), fue forzada a endeudarse en el exterior aunque disponía de recursos suficientes para sostener su propio desarrollo. En el momento del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la deuda externa de YPF se elevaba a 372 millones de dólares. Siete años mas tarde, al terminar la dictadura, esta deuda se elevaba a 6000 millones de dólares. Su deuda se multiplicó por 16 en siete años.

    Casi ningún monto de esa deuda en divisas extranjeras fue a parar a la caja de la empresa; quedaron en manos de la dictadura. Bajo la dictadura, la productividad del trabajador de YPF aumentó un 80%. El personal se redujo de 47.000 a 34.000 trabajadores. La dictadura, para aumentar las entradas a su caja, bajó a la mitad el dinero por comisiones que iba a YPF por la venta de combustibles. Es más, YPF fue obligada a refinar el petróleo que extraía, en las multinacionales privadas Shell y Esso, aunque podía, dada su buena situación financiera al comienzo de la dictadura, dotarse de una capacidad de refinación acorde a sus necesidades (complementando la de sus refinerías de La Plata, Luján de Cuyo y Plaza Huincul). En junio de 1982, todo el activo de la sociedad estaba prendado por las deudas.

    El endeudamiento del Estado

    El endeudamiento masivo del Estado argentino fue justificado por los responsables económicos de la dictadura y por el FMI, como la forma de aumentar sus reservas en divisas extranjeras para sostener una política de apertura económica. Con una buena gestión económica, el aumento de las reservas internacionales del Estado argentino habría debido ser el producto de las actividades de intercambio en el mercado mundial. Las reservas
    internacionales anunciadas por la dictadura argentina provenían del endeudamiento.

    Las reservas no eran ni administradas ni controladas por el Banco Central. De manera general, los empréstitos por sumas fabulosas contratados con los banqueros del Norte eran inmediatamente recolocados como depósitos en estos mismos bancos o en otros bancos competidores. El 83% de estas reservas fueron colocadas en 1979 en instituciones bancarias fuera del país. Las reservas se elevaron a 10.138 millones de dólares y los depósitos en los
    bancos exteriores a 8410 millones de dólares. El mismo año la deuda externa pasaba de 12.496 millones de dólares a 19.034 millones de dólares (OLMOS, 1990, p. 171 y 172).
    En todos los casos, el interés recibido por las sumas depositadas era inferior al interés pagado por la deuda. La lógica de esta política para las autoridades que la organizaron era: 1º) el enriquecimiento personal gracias a las comisiones pagadas por los banqueros del Norte; 2º) se trataba de aumentar las reservas internacionales para sostener el importante aumento de las importaciones, sobre todo la compra de armas; 3º) la política de
    apertura económica y endeudamiento recomendado por el FMI permitía a la dictadura argentina mejorar su credibilidad internacional cerca de los principales países industrializados, comenzando por los Estados Unidos. La dictadura argentina no habría podido mantener el régimen de terror interno en los primeros años (1976-1980) sin la bendición de la administración norteamericana.

    Por su lado la Reserva Federal de los Estados Unidos, estaba más que inclinada a apoyar la política económica de la dictadura argentina, cuando una gran parte del dinero de la deuda estaba depositado en los cofres de los bancos norteamericanos. Desde el punto de vista de la administración estadounidense y del FMI, el endeudamiento argentino hacía volver al regazo norteamericano a un país que durante décadas había afirmado un nacionalismo crítico y había conquistado un cierto despegue económico durante los primeros gobiernos peronistas.

    Confusión de roles

    El secretario de Estado para la Coordinación y la Programación Económica, Guillermo Klein, ocupó esta función de 1976 a marzo de 1981. En el mismo período, estuvo al frente de su estudio jurídico, representando en Buenos Aires los intereses de los acreedores extranjeros. Aunque cuando inició sus funciones gubernamentales su oficina no representaba más que el Scandinavian Enskilda Bank, algunos años más tarde representaba los intereses de 22 bancos extranjeros. En marzo de 1981, sale de su puesto de Secretario de
    Estado al mismo tiempo en que Viola reemplazaba a Videla a la cabeza de la dictadura. Pocas semanas después, el 7 de abril de 1982, a cinco días de la recuperación transitoria de las Malvinas por el Ejército Argentino y de declarada la guerra contra Gran Bretaña, fue designado como apoderado en Buenos Aires de la sociedad anónima británica Barclays Bank Limited, que era además uno de los principales acreedores privados de la deuda pública y privada argentina. A la caída de la dictadura y el acceso al poder de Alfonsín en 1984, su estudio quedó como defensor de los intereses  de los acreedores extranjeros.

    La post-dictadura militar: el gobierno Alfonsín y la impunidad

    El Banco Central argentino declaró que no tenía registro de la deuda externa pública, lo que hizo que las autoridades argentinas que sucedieron a la dictadura tuvieran que basarse en las declaraciones de los acreedores extranjeros y en los contratos firmados por los miembros de la dictadura, sin que éstos hayan pasado por el control del Banco Central.

    A pesar de todo, después de la caída de la dictadura, el nuevo régimen presidencial de Alfonsín decidió asumir el conjunto de la deuda, tanto privada como pública, contraída durante la dictadura. Cuando los militares torturadores obtuvieron la impunidad, los responsables económicos de la dictadura se beneficiaron de la misma clemencia. Más grave todavía, la mayoría de los altos funcionarios de la economía y de las finanzas quedaron en el aparato del Estado, algunos incluso fueronpromocionados.


    El Estado asume la deuda de las empresas privadas


    Las empresas privadas argentinas y las filiales argentinas de las multinacionales extranjeras fueron incentivadas también a endeudarse. La deuda privada total se elevó a más de 14.000 millones de dólares. Figuran entre las empresas privadas endeudadas las filiales argentinas de sociedades multinacionales: citamos a Renault Argentina, Mercedez-Benz Argentina, Ford Motor Argentina, IBM Argentina, Citibank, el First National Bank of Boston, el Chase Manhattan Bank, el Bank of America, el Deustsche Bank.

    El Estado argentino paga a los acreedores privados de estas empresas: Renault France, Mercedez Benz, City Bank, Chase Manhattan Bank, Bank of America, First Nacional Bnak of Boston, Crédit Lyonnais, Deustsche Bank, Société Générale.

    Sintéticamente, el contribuyente argentino paga la deuda contraída por las filiales de las multinacionales con sus casas matrices o con los banqueros internacionales. Se puede sospechar que las multinacionales en cuestión hayan creado una deuda de sus filiales argentinas por un simple juego de contratos. Los poderes públicos argentinos no tienen ningún medio de control.


    La ola de privatizaciones

    El régimen de Menem, que sucedió al de Alfonsín, se lanzó en una política generalizada de privatizaciones en 1990-1992, liquidando literalmente una gran parte de su patrimonio nacional. Se estima que ello representó una pérdida de 60.000 millones de dólares. Menem pretextó el endeudamiento formidable de las empresas públicas argentinas para justificar a los ojos de la opinión pública nacional sus ventas. La mala situación financiera fue debida a la política de endeudamiento forzado que había sido impuesto por las autoridades económicas de la dictadura, y como mencioné más arriba, lo principal de las sumas de la deuda jamás llegó a las cajas de las empresas. Menem confió al banco norteamericano Merril Lynch la evaluación del valor de YPF. Merryl Linch deliberadamente redujo en 30% las reservas petroleras disponibles tratando de subestimar el valor de YPF antes de su puesta a la venta. Una vez que la privatización fue realizada, la parte de las reservas
    ocultada reapareció en las cuentas. Los operadores financieros que habían comprado a bajo precio las acciones de la empresa, pudieron obtener fabulosas ganancias gracias al aumento de la cotización en la bolsa de las acciones de YPF. Esta operación permite alabar ideológicamente la superioridad de lo privado sobre lo público.

    Nota: El mismo banco norteamericano Merril Lynch fue encargado por el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso para que en 1997 evalúe la principal sociedad pública brasileña la Vale do Río Doce (empresa minera). Merrill Lynch fue acusado por numerosos parlamentarios brasileños de haber devaluado en un 75% las reservas de minerales de la empresa. (Fuente: O Globo, 8/4/97, Brasil).

    Además de YPF (vendida a la multinacional petrolera española Repsol en 1989), otra flor argentina fue liquidada; se trata de la empresa Aerolíneas Argentinas (vendida en primera instancia a la compañía aérea española Iberia). Los Boeing 707 que eran parte de su flota fueron vendidos simbólicamente por un dólar (¡U$S 1,54 exactamente!). Algunos años después, siguen sirviendo en las líneas de la compañía privatizada, pero Aerolíneas debe pagar un "leassing" para utilizarlas. Los derechos de uso de las rutas aéreas de la compañía, de un valor de 800 millones de dólares, se estimaron en 60 millones de dólares solamente. La empresa fue cedida a Iberia por un monto líquido de U$S 130 millones de dólares, el resto lo constituyó anulaciones de créditos de la deuda. Iberia tomó créditos para comprar la empresa y la totalidad de deuda contraída la transformó en deuda de la nueva entidad Aerolíneas Argentinas que, de golpe, se encontró endeudada desde el origen de su operación. En el año 2001, Aerolíneas Argentinas, propiedad de Iberia, quedó al borde de la quiebra por culpa de sus nuevos propietarios y pasó a otra empresa española...

    La privatización de Aerolíneas es un caso paradigmático. Todas las empresas privatizadas fueron liberadas del paquete de sus deudas, que fueron asumidas por el Estado.


    Proceso contra la dictadura

    El escándalo de la deuda argentina suscitó, en los años siguientes a la dictadura, el interés de los ciudadanos. El gobierno civil que le sucedió constituyó una comisión parlamentaria que, luego de un año y medio de trabajo, fue disuelta ya que sus resultados arriesgaban a golpear la política económica de Alfonsín, que había decidido entretanto la
    estatización de la deuda. El presidente Menem también a su tiempo, había despotricado contra los responsables del endeudamiento, pero una vez en el poder abandonó toda veleidad de revolver un tema que de ahí en más fue tabú.

    A pesar de estos compromisos y evasivas, se inició un proceso judicial, como resultado de una denuncia hecha en octubre de 1982 por un ciudadano argentino, Alejandro Olmos, cuando Argentina vivía todavía bajo la dictadura. Pese a todas las dificultades, el proceso acabó por definirse en julio de 2000.

    Este periodista valiente e infatigable consiguió que el tema de las responsabilidades del endeudamiento del país, fuese objeto de investigación por parte de autoridades judiciales. Múltiples audiencias a los responsables económicos de la dictadura y a los responsables de las empresas públicas han tenido lugar. El estudio de Guillermo Klein fue objeto de investigaciones  y gran cantidad de documentación relativa al período de la dictadura fue
    embargada y colocada en las cajas fuertes del Banco Central.

    El fallo del 13 de julio de 2000 no produjo ninguna condena a personas (fundamentalmente en razón de la prescripción), pero reveló la magnitud del escándalo que constituye la deuda argentina.

    El fallo de 195 páginas emitido por el juez Jorge Ballestero, confirma una serie de acusaciones extremadamente importantes.

    El FMI ha apoyado activamente a la dictadura argentina especialmente proporcionándole uno de sus altos funcionarios, de nombre Dante Simone (Poder Judicial de la Nación, 13/07/2000, p. 31-32; p. 106; p. 109; p. 127).

    La Reserva Federal ha servido de aval ante los bancos privados de su país, a fin de que esos bancos presten dinero a la dictadura, la Reserva Federal ha sido, además, la intermediaria en una serie de operaciones del Banco Central Argentino (p. 127).

    Mientras la dictadura endeudaba al Tesoro Público y a las empresas públicas, ella misma permitía a los capitalistas argentinos colocar en el extranjero cantidades bien considerables de capital. Entre 1978 y 1981: más de 38.000 millones de dólares habrían salido de Argentina de manera "excesiva o injustificada", ello estaba permitido fundamentalmente por el hecho de que cada residente argentino podía comprar 20.000 dólares por día -que podían a continuación ser colocados en el extranjero (p. 56-58).

    En pocas palabras, el Estado se endeudaba mientras que los capitalistas descapitalizaban alegremente al país. "Aproximadamente el 90% de los recursos provenientes del exterior vía endeudamiento de empresas (privadas y públicas) y del gobierno fueron transferidos al exterior en operaciones financieras especulativas" (p. 102). Importantes sumas tomadas prestadas de bancos privados de los Estados Unidos y Europa occidental, fueron a continuación depositadas en esos mismosbancos.

    Las empresas públicas como YPF han sido sistemáticamente puestas en dificultades (p.  130).

    El régimen de transición "democrática" que sucedió a la dictadura transformó la deuda de empresas privadas en deuda pública de manera totalmente ilegal (p. 152) -lo que significa que debería ser posible rever esta decisión-. Entre las empresas privadas cuyas deudas fueron asumidas por el Estado, 26 eran empresas financieras. Entre ellas figuraban numerosos bancos extranjeros instalados en Argentina: Citibank, First National Bank of
    Boston, Deutsche Bank, Chase Manhattan Bank, Bank of America (p. 155-157). Lo que significa que el Estado argentino endeudado con esos bancos decidió asumir las deudas de ellos. Sin comentarios.

    Un ejemplo preciso de convivencia entre un Banco privado del Norte y la dictadura argentina: entre julio y noviembre de 1976, el Chase Manhattan Bank recibió mensualmente depósitos de 22 millones de dólares (esos montos aumentaron posteriormente) recibiendo un interés del 5,5%, durante ese período, y al mismo ritmo, el Banco Central argentino tomó prestamos del mismo banco de Estados Unido, el Chase Manhattan Bank, a un interés del 8,75% (p. 165).

    Las conclusiones del fallo son demoledoras para la dictadura, para los regímenes que la han sucedido, para el FMI, para los acreedores privados... La sentencia emitida por el tribunal enuncia claramente que: "la deuda externa de nación (...) ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política-económica vulgar y agraviante que puso de rodillas el país a través de los diversos métodos
    utilizados, que ya fueran explicados a lo largo de esta resolución, y que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados -nacionales y extranjeros- en desmedro de sociedades y empresas del estado que, a través de una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual, inclusive, se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse las privatizaciones de las mismas" (p. 195).

    El fallo debería servir de base para una acción decidida para el no pago de la deuda exterior pública argentina y para su anulación. Esa deuda es odiosa e ilegítima. Los acreedores no tienen derecho a continuar recibiendo el servicio de ese tramo de la deuda. Sus créditos son nulos. Como las nuevas deudas contraídas desde 1982-1983 sirvieron esencialmente para rembolsar las anteriores, ellas mismas están teñidas de ilegitimidad. Argentina puede apoyarse perfectamente en el derecho internacional para justificar la decisión de no pagar su deuda externa. Varios argumentos jurídicos pueden ser invocados, entre los cuales cabe citar: la noción de deuda odiosa (la deuda argentina fue contraída por una dictadura culpable de crímenes contra la humanidad. Los acreedores no pueden alegar desconocimiento de ello); la fuerza mayor (al igual que los otros países endeudados, Argentina se confrontó a un cambio brutal de situación a causa de la decisión de aumentar las tasas de interés en forma unilateral por parte de los Estados Unidos a partir de 1979); y el estado de necesidad (las finanzas argentinas impiden la prosecución del pago, ya que éste imposibilita el cumplimiento de las obligaciones asumidas con la firma de pactos internacionales en lo que respecta a los derechos económicos y sociales de sus ciudadanos).

    La suspensión de los pagos de la deuda debe ser completada por otras medidas esenciales. He aquí algunas propuestas para el requerido debate. Primera, la exigencia de una investigación internacional sobre los activos acumulados ilegítimamente por residentes argentinos y colocados en el extranjero (según el BIS, los depósitos de capitalistas argentinos en bancos de los países más industrializados alcanzan grosso modo a 40.000 millones de dólares – ver BIS, Quarterly Review: International Banking and Financial Market Developments June 2001, www.bis.org). El objetivo es recuperar la máxima cantidad posible de fondos sustraídos a la Nación. Segunda, la implantación de medidas de control sobre los movimientos de capitales y operaciones de cambio, a fin de impedir que continúe la fuga de capitales y para protegerse de ataques especulativos. Tercera, la puesta en marcha de una política fiscal redistributiva: impuesto excepcional sobre el patrimonio del decil más rico de la población, impuestos sobre las ganancias del capital, disminución del IVA sobre los productos y servicios de base, etcétera. Cuarta, derogación de los decretos y leyes que impongan una reducción de los salarios y jubilaciones (y de otras prestaciones sociales). Defensa y refuerzo del sistema de seguridad social. Asegurar un ingreso mínimo y garantizado para todos los desocupados y aumentar los salarios y las jubilaciones para recrear el poder adquisitivo es la condición básica de cualquier alternativa progresista al curso actual. La "confianza de los consumidores" se recupera derogando la reforma laboral y asegurando la estabilidad del empleo y no esperando el "derrame" de los beneficios que obtengan los empresarios. Quinta, estatización de las empresas privatizadas indebidamente comenzando por las correspondientes a los sectores estratégicos (energía, petróleo, comunicaciones...). En el plano internacional favorecer la constitución de un frente de los países endeudados, desarrollar las complementariedades y los intercambios Sur-Sur; oponerse de manera enérgica al ALCA; oponerse a la ofensiva militar de los EE.UU. (bases militares, pantalla antimisiles de Bush que intentará crear una base estratégica en el cono Sur; Plan Colombia); apoyar las iniciativas a favor de la imposición de una tasa tipo Tobin, sobre las transacciones financieras internacionales. Las distintas propuestas que anteceden constituyen pistas sobre una alternativa al modelo neoliberal. No se trata de un programa para tomar o dejar. Se trata de mostrar que existen soluciones si se desea dar la espalda a la lógica infernal del endeudamiento eterno y a la dependencia que cada vez es más acentuada.


    Bibliografía consultada:

    ATTAC (1999), Attac contre la dictature des marchés, Paris, 1999, Attac, La Dispute, Syllepse, VO Editions, 158 pp.

    Calcagno Alfredo y Eric (1999), La Deuda Externa explicada a todos, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1999, 126 pp.

    Olmos Alejandro (1990), Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa y siempre se lo ocultaron, 1995, Buenos Aires, 263 pp.

    Poder Judicial de la Nación, Fallo /causa N° 14.467 caratulada "Olmos Alejandro S/denuncia", expediente N° 7723/98, Buenos Aires, 13 de julio 2000, 195 pp.

    Rappoport Mario y colaboradores, Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000), Buenos Aires, Bogota, Caracas, México, DF, 2000, Ediciones Macchi, 1148 pp.