ANTROPOSMODERNO
La guerra contra Irak y la moral del gánster
Xavier Caño Tamayo



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La guerra contra Irak y la moral del gánster


EEUU en guerra
Xavier Caño Tamayo
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, marzo del 2003.

http://www.lainsignia.org/2003/marzo/int_023.htm


El jefe de inspectores de la ONU, Hans Blix ha anunciado que Bagdad da señales de cooperación. Francia, Alemania, Rusia, China abogan por prorrogar y reforzar la labor de los inspectores de la ONU (algo que ya dice la famosa resolución 1.441) y crece el clamor mundial contra la guerra. El analista Thomas L. Friedman escribe: \"Díganle la verdad a la gente. Sadam no es hoy una amenaza para EE.UU\". Verdad que ratifica el ex-presidente Jimmy Carter: \"Bagdad no representa actualmente ningún peligro para EE.UU\". Por su parte el consultor de relaciones internacionales Michael Peck denuncia que Bush \"ha transferido la creciente inseguridad nacional estadounidense, por la incapacidad del Gobierno para localizar y capturar a Osama Bin Laden, a un enemigo perfectamente reconocible y fácilmente localizable (el Irak de Sadam), íntima e históricamente relacionado con la fortuna política y económica de los Bush\".

Todo eso da igual. Bush hace llegar un mensaje personal a Blix: Diga lo que diga en su informe, habrá guerra. Condoleeza Rice anuncia que \"nosotros no necesitamos una nueva resolución; quién la necesita es el Consejo de Seguridad para mantenerse en la política internacional. El cambio de régimen en Irak es un objetivo irrenunciable de EE.UU\". John Bolton, subsecretario de Estado, remacha: \"La guerra ya está decidida\". Y un alto funcionario de la Casa Blanca abruma arrogante a un miembro del Consejo de Seguridad: \"Ustedes no van a decidir si hay o no guerra en Irak; esa decisión nos corresponde y ya la hemos tomado\".

Y, para completar el panorama, Howard Leach, embajador de EE.UU en Francia, amenaza en la televisión francesa que esperan no se produzca un veto en el Consejo de Seguridad porque sería muy inamistoso y lo tomarían de forma desfavorable. También el director general para África del Departamento de Estado ha dicho en los tres países africanos que forman parte del Consejo de Seguridad (Guinea-Conackry, Camerún y Angola) que tendrán problemas si no apoyan la resolución de EE.UU. Acaso ese espíritu arrogante y agresor explique que los 1.500 líderes religiosos de la Cumbre Mundial Interconfesional de religiones de Palermo del pasado otoño confesaran en sus intervenciones el miedo ante la política de Bush.

El atentado contra las Torres Gemelas proporcionó a la derecha estadounidense el pretexto para poner en marcha sus planes imperialistas. Es la política de Paul Wolfowitz, secretario adjunto de Defensa; Richard Perle, miembro del Consejo de Política de Defensa (y del conservador Instituto Estadounidense de la Empresa que afirma que EE.UU tiene una misión divina y redentora en la Tierra); Donald Rumsfeld, secretario de Defensa; Ashcroft, secretario de Justicia; Condoleezza Rice, consejera nacional de seguridad; Richard Cheney, vicepresidente; Douglas Feith, secretario adjunto para Política, etc.

Este peligroso conglomerado es fruto de la alianza entre cristianos conservadores y el judaísmo estadounidense más montaraz. Cristianos como Franklin y Bill Graham (propietarios de un rentable ?imperio de predicación bíblica?) o Jerry Falwell y conservadores judíos como Irving Bristol y Norman Pod Horetz, ferozmente opuestos a cualquier reforma social. Con Nixon llegaron a la Casa Blanca, Ronald Reagan los eligió como consejeros, en tiempos de Bush senior perdieron algo de poder y con Bill Clinton desaparecieron. La oscura llegada de Bush junior a la presidencia de EE.UU abrió de nuevo las puertas de la Casa Blanca a la extrema derecha estadounidense, que ha pasado a la acción.

Esta política tan conservadora (la poderosa amalgama ultrarreligiosa, tecnológico-militar y petrolera que ha aupado a Bush y lo utiliza) hace recordar el talante de gánsters de los años veinte y treinta: Maranzaro, Luciano, Anastasia, Capone, Genovese, Gotti, Bonnano... Gánsters conservadores, contrarios a lo que oliera a progreso social, enemigos de la emancipación femenina y partidarios fervientes de la prioridad absoluta del enriquecimiento sobre cualquier otro objetivo, así como adversarios feroces de cualquier control o regulación de los medios y vías de enriquecimiento. No importaba lo que tuvieran que hacer para conseguir lo que codiciaban. Se creían reyes del mundo y no aceptaban oposición alguna ni obstáculos a la satisfacción de sus deseos.

El gobierno de derechas de Bush comparte convicciones profundas con aquellos gángsters: ahí está la guerra de Irak.

Lamentablemente el clamor mundial contra la guerra no impedirá el ataque a Irak, la apropiación del petróleo y la instauración de un régimen marioneta favorable a sus insolidarios intereses, pero desearíamos que no insultaran la inteligencia de ese clamor proclamando el terrible peligro que representa el dictador Sadam para el mundo (Sadam Husein solo es un peligro para su pueblo, pero ya lo sabían cuando lo armaron contra Irán); que no pretendan argumentar el ataque defendiendo la democracia, las libertades y los derechos humanos. Es preferible que actúen como los matones codiciosos que son. Como los gánsters en Chicago y Nueva York de los años veinte y treinta. Nada que ver con la ciudadanía estadounidense, la generosidad norteamericana, las inmensas aportaciones a la cultura, el arte y la lucha por la libertad.

Lo de EE.UU contra Irak no será una guerra: será una matanza. Como lo fue la masacre por ametrallamiento en el garaje de la calle North Clark de Chicago el día de San Valentín.





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