ANTROPOSMODERNO
\"LA LETRA: EL INSTANTE Y EL TIEMPO\"
Oscar Alberto González

Voy a comenzar por leer un cuento titulado El cazador de coincidencias, que forma parte de El cuaderno rojo de Paul Auster (1)

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\"LA LETRA: EL INSTANTE Y EL TIEMPO\"

Oscar Alberto González

(*) Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis: Recife; 2001.

http://www.efba.org/efbaonline/gonzalez-07.htm

Voy a comenzar por leer un cuento titulado El cazador de coincidencias, que forma parte de El cuaderno rojo de Paul Auster (1)

\"En 1960 o 1961 Paul Auster fue de excursión al bosque. No era el escritor Paul Auster, sino un colegial de trece o catorce años que se llamaba Paul Auster, pasaba el verano en un campamento del norte del estado de New York y treinta años después escribiría una novela llamada Leviatán . El día que Paul Auster fue de excursión al bosque estalló una tormenta: una tempestad de agua, rayos y truenos envolvió a los excursionistas. Paul Auster recuerda que los rayos caían como lanzas. Los excursionistas atravesaban un bosque: uno dijo que, si se alejaban de los árboles, si encontraban un claro, estarían más seguros. Tuvieron suerte: encontraron un claro aislado por alambre de púas, más allá de los peligros del bosque. Los exploradores se pusieron en fila para pasar bajo la alambrada: ordenadamente, de uno en uno. Entonces les llegó el turno a los exploradores Ralph y Paul. Ya cruzaban la alambrada, primero Ralph, y después Paul, a medio metro de Ralph: justo cuando Ralph pasaba por debajo de la alambrada, cayó un rayo. Ralph se detuvo y Paul pasó a su izquierda. Paul arrastró a Ralph: que siguieran pasando los exploradores. Se había desmayado Ralph, y los rayos caían como lanzas, los exploradores chillaban y lloraban rodeados por la tormenta, y a Ralph se le ponían los labios azules, cada vez más azules, mientras sus compañeros le frotaban las mas frías, cada vez más frías. Cuando la tormenta acabó, los exploradores se dieron cuenta de que Ralph estaba muerto. Si la fila de exploradores se hubiera formado de otra manera, quizás no hubiera existido el escritor Paul Auster. Quizás el explorador Paul Auster hubiera muerto electrocutado, porque hubiera cruzado la alambrada en lugar del explorador Ralph. O quizás, si no hubiera vivido tan de cerca la muerte del explorador Ralph, no hubiera tenido una idea tan clara de cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, y no hubiera escrito ninguna de las novelas que escribió mucho más tarde. El mundo es un misterio azaroso\".(2)

El joven P. Auster pudo haber quedado detenido en esas imágenes de truenos y relámpagos, entre estruendos de rayos que caen como lanzas, o labios azules, cada vez más azules. Sin embargo esto no sucedió.

Dice Freud en Moisés y la religión monoteísta(3): \"Los traumas son vivencias en el cuerpo o bien percepciones sensoriales, las más de las veces de lo visto y oído, vale decir vivencias o impresiones.\"

Si bien es cierto que algo del joven Paul se fue para siempre con Ralph, no es menos cierto que los restos de lo visto y de lo oído de esa escena traumática, fueron tramitados de algún modo con el paso de los días. Pero justamente la pregunta se anuncia ahí: ¿es sólo por efecto del transcurso de los días que esa operación se hizo posible? ¿Es acaso el tiempo vulgar, el del calendario el que garantiza este proceso?

Paul Auster advino escritor, y en tanto tal, creador. La creación, valor supremo en la pluma de Nietszche, no es sin pérdida de goce.

Pero el trauma reclama un tiempo ya que él mismo es siempre \"actual\", actual al modo de las neurosis traumáticas. \"...en las neurosis actuales lo que se destaca es que no hay tiempo psíquico (...) algo es actual cuando es un elemento que no puede ser sustituido por otro, no forma serie\"(4).

El trauma reclama tiempo al inconsciente y hay algo misterioso en el devenir del flujo temporal. Misterio que no es ajeno al estado abierto, inhóspito y angustiante que orilla con la muerte.

Con el trauma se puede hacer, al menos tres cosas: olvidarlo, construir algo con ese olvido o actuarlo.

A la vez hay dos tipos de formaciones traumáticas: las que por medio de la formación de síntomas despiertan a posteriori, las huellas del mismo; y las que se presentan a priori como una respuesta masiva sin pregunta alguna planteada. Cuando se trata de estas últimas, la trama del tiempo se deshace o no se genera. Sobreviene el instante catastrófico. Un agujero negro en el tiempo.

\"Ciertas configuraciones traumáticas tienen este poder de destruir el tiempo en las imágenes, de expulsar a un sujeto fuera del tiempo, y de crear imágenes inmóviles que lo miran.\"(5)

En cambio las formaciones traumáticas que surgen aprés coup suelen permanecer en reposo, y luego, por la acción de un suceso posterior, llegan a constituirse verdaderamente en trauma. Es entonces cuando decimos que el pasado viene del porvenir.

Un pequeño relato. Un ser querido fue víctima de un episodio cardíaco, un paro del que salió espontáneamente. La atención médica fue eficaz y, por suerte, se repuso rápidamente de su dolencia.

Ya en su casa relata con lujos de detalles los momentos previos a su caída. \"Iba caminando, me sentí mareado, me desvanecí, me golpeé la cabeza contra una silla y de pronto desperté tendido en el piso.\"

Con pequeñas variaciones, cada vez que lo veía terminaba escuchando esa misma y minuciosa descripción. Esto duró varias semanas. El shock lo había transformado en un ser indefenso, temeroso e inseguro. Permanecía ausente y ensimismado mirando fijamente algún punto imposible de adivinar. Esto comenzaba a preocuparme. Dominaba ese apriori, esa respuesta masiva sin pregunta planteada. Afortunadamente la preocupación no duró mucho porque pocos días después, más animado me dijo: \"Hoy le doy gracias a Dios por haberme salvado la vida\". Al oír esta frase comprendí súbitamente que algo nuevo había ocurrido. El suceso traumático había sufrido un desplazamiento. Cierta recomposición fantasmática volvía a operar haciendo menos catastrófica la escena en la que estaba retenido. Su habitual disposición y amabilidad, así como su trato ameno, volvían a hacerse presente. Cierta capacidad de olvido comenzaba a insinuarse.

El fantasma se encarga de dar lugar a que la realidad del sujeto se constituya en posición imaginaria como \"sabiendo\". Su lugar está en relación con lo que fue traumático. El fantasma es ya un modo de ingreso en el tiempo. De esto se trata en el caso que acabo de exponer.

El tiempo reclamado por el trauma, ese tiempo psíquico, esa realidad psíquica, de la que el trauma carece, encuentra una primera respuesta en el fantasma.

En ese sentido, \"la \"realidad psíquica\" podría servirnos par pensar la dimensión imaginaria del tiempo.\"(6). Éste ofrece además un velo al agujero negro que todavía no es un verdadero agujero. El fantasma brinda un saber con el que el sujeto se embauca, tiene vocación de respuesta y aporta consuelo al sujeto: \"Hoy le doy gracias a Dios por haberme salvado la vida\".

El tiempo del fantasma es el tiempo de comprender, es el punto de alienación al tiempo del Otro.

Por otro lado, el problema del trauma está en relación a la \"identificación primaria, que no corresponde a una pérdida de objeto, se ve que es un caso en el que no hay duelo, hay una identificación y no hay una pérdida que le corresponda. No hay una pérdida porque no hubo una relación al objeto y es claro que esa identificación está en relación con este imposible que es (...) el falta el tiempo.\" (7)

Esa falta el tiempo es el tiempo que no hubo ni habrá, es lo real del tiempo por lo que ha de pasarse cada vez que un acto se efectúe. Esta falta el tiempo se articula con la demanda del trauma al inconsciente mismo. \"El sujeto va a intentar en lo actual, no de reencontrar sino de capturar el tiempo que falta.\"(8)

El falta el tiempo\" es lo real del tiempo, es el tiempo mítico.

El tiempo reversible, el de la Temporalización propiamente dicha, es efecto de una letra que se escribe en el momento de concluir. El saber inconsciente, por medio de \"la puesta en escena, (...) produce la transformación del significante en letra (escritura) que culmina en el tiempo del relato, cuando la letra, por el decir del sujeto, se pone en acto, sometido a las leyes del significante: metáfora y metonimia\"(9).

Sin letra no hay agujero, hay instante catastrófico (agujero negro).

La Temporalización consiste en pasar por la apertura del trauma sin caer en ese agujero negro.

El deseo del analista no es un convidado de piedra en esta operación ya que es él quien sostiene, en el seno de la ficción, un efecto de verdad. No se trata de una caída de la verdad total, esto sería catastrófico, sino de una verdad que da paso a otras verdades parciales. Y si \"el sujeto se escribe entre las letras que se producen\", será el deseo del analista el que (hará) posible nuevas escrituras.\"(10)

El enigma de la Temporalización habita en la conexión del sujeto con su causa, por medio de esa \"ranura maravillosa\" que llamamos inconsciente. Esto permite que el sujeto se apropie de algún tiempo singular y salga del tiempo del Otro. Apropiarse de un tiempo singular es ir más allá del tiempo del fantasma.

Retomar las coordenadas fantasmaticas es en cierto modo, salir del impacto del trauma, pero a esta altura no podríamos hablar aún de Temporalización -como apropiación singular.

La Temporalización no es sucesión, es conexión con el instante que anticipa restitutivamente la muerte, de ahí la angustia. Por eso dije antes que la Temporalización es efecto de la apertura del trauma.

La Temporalización es la más radical y estrecha operatoria de desposesión del ser.(11) El tiempo es la muerte de la cosa dice Hegel. Esta pérdida del ser no es de una parte del mismo, es pérdida radical del ser. La Temporalización y la muerte se intrincan de tal modo que no va la una sin la otra.

P. Auster advino escritor, la pérdida de su amigo marcó algo crucial encausando su condición de tal. \"Si no hubiera vivido tan de cerca la muerte del explorador Ralph, no hubiera tenido una idea tan clara de cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, y no hubiera escrito ninguna de las novelas que escribió más tarde\". Así escribe P. Auster sobre P. Auster. La proximidad con la muerte está ahí presente.

Paul Auster nos muestra un itinerario similar al de la dirección de la cura puesto que va del fantasma al trauma.

La letra es marca leída. Pero que la letra se haga no quiere decir que el lenguaje cese. Otras marcas vendrán...

La letra es resto que testimonia que el sujeto ha leído. ¿Ha leído qué?, ha leído que allí era el objeto. El sujeto lee la hora sobre el objeto. Producto de este desencuentro, o encuentro fallido, cae, y en esa caída el objeto a se eleva como condición absoluta del sujeto. Repetición del fracaso.

\"La desestabilización del puesto de objeto que el sujeto ocupaba (...) desencadena un tiempo reversivo por el que el pasado vendrá del porvenir.\"(12) Este tiempo reversivo, sí, tiene que ver con la Temporalización.

Lo que resta, la letra como desecho y como basura no admite más lecturas. El rasgo queda como resto de la caída del Ideal. Ahí se constituye la causa y el sujeto sale de la determinación del Otro. Determinación del lenguaje que llega con el trauma. La causa se hace efectiva para un sujeto sobre un decir que se soporta en la terceridad del inconsciente. Pasaje de la impotencia a la imposibilidad. La letra es también lo que resta de ese pasaje.

La lectura literal deja como saldo un trazo vacío de sentido generando una mengua del goce. La fórmula de la trimetilamina en \"El sueño de la inyección de Irma\" no admite más lecturas, son caracteres vacíos. Sobre eso no hay más que decir. El sujeto ya marcó su hora ahí, ahora puede lanzarse hacia la lectura de nuevas marcas. La marca viene del Otro, la letra es del sujeto.

La nominación no escapa a este problema. Las \"letras\" que un jurado otorga son, en verdad, marcas que avendrán letra o no, según las lea el nominado. De esta manera se trata de desustancializar el concepto de letra. Ya no es aquello que va y viene simétricamente del Otro al sujeto, sino que emerge como el resto de una invención del lado del sujeto.

La letra es acta de nacimiento y de defunción, se nace como sujeto

cuando se muere como objeto, y el espacio entre ambos es un retardo construido con el accionar del significante.

Al espacio se lo compone y esta composición se soporta en un punto, que en el plano proyectivo llamamos punto de fuga que ilustra la tercera dimensión.

En fin, el sujeto transitará un espacio con todo su cuerpo, su masa muscular recorrerá las profundidades del mismo, únicamente si el objeto ha sido excluido.

\"Sólo para aquel que está sumergido en el espacio según sus movimientos desplegados en el tiempo, hay un antes y un después, y por consiguiente un delante y un atrás. Como la metáfora de la hormiga recorriendo la Banda de Möebius.\"(13)

El efecto sujeto ?que va con el despuntar de la Temporalización- está sin duda ligada a la transformación de un dato espacial en tiempo. Pero como dije antes, ese dato espacial es una composición que resulta de la exclusión del objeto.

Entre el joven Paul Auster y el escritor maduro hay un corte, hay un antes y un después.

Pero el objeto tiene que haber sido arrojado para que el sujeto habite su espacio. La exclusión del objeto genera un espacio en relación al cual los movimientos determinarán el tiempo.

Por el contrario, en el caso del sujeto que sufrió la crisis cardíaca, la fijación a las imágenes previas al paro, lo sitúan fuera del tiempo. Inclusive del tiempo imaginario del fantasma. Al no haber exclusión del objeto, es el sujeto el que queda fuera del tiempo.

Cuando muere la cosa, el tiempo mítico es activado, por el contrario, el tiempo contínuo del fantasma elude el acto que conecta al sujeto con su causa. En el fantasma la causa está oprimida.

El tiempo mítico es el tiempo cero (falta el tiempo) que estalla en acto y libera la causa oprimida en el fantasma. Disrupción de la continuidad, cambio de discurso.

La causa perdida desde siempre, pasa por la cuenta de la pérdida singular del sujeto generando un efecto, el deseo.

El instante de ver se depone en favor del momento de comprender - tiempo imaginario. ¿Comprender qué?, que hay que concluir. El momento de concluir precipita en letra.

\"Cuando eso ya no mira al sujeto...el sujeto ha caído en el tiempo\".(14)

Cuando se puede escribir, recortar la escena traumática (muerte del explorador Ralph) eso ya no mira al escritor. El habla de eso, escribe sobre eso y así deviene causa de su escritura.

Es el movimiento inverso al velamiento del instante catastrófico de quien sufrió el paro cardíaco. Éste ingresa al tiempo del fantasma al cabo de unos días, en cambio el escritor, hace del suceso su causa y con ello construye el trauma como verdadero agujero.

Paul Auster no es Paul Auster, así como A no es A.

Para concluir. El trauma demanda un tiempo que la letra escribe como faltante. A esta operación enigmática del inconsciente llamo Temporalización. En el inconsciente no hay tiempo, hay un accionar que temporaliza a través del borramiento de la huella.

Pero no está de más decir que esa huella necesita una superficie imaginaria para poder escribirse.

El borramiento es un saber- hacer del inconsciente. Temporalizar es hacer el tiempo del sujeto por medio de la lectura de una marca.

NOTAS

(1) Paul Auster: \"El cazador de coincidencias\", en El cuaderno Rojo. Editorial Anagrama, Barcelona, 1994, pág.7.

(2) Las negritas son mías.

(3) Sigmund Freud: \"Moisés y la religión monoteísta\", en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1980, pág.72.

(4) Norberto Ferreyra: Trauma, duelo y tiempo. Una función atea de la creencia, Ediciones Kliné, Argentina, 2000, pág.25.

(5) Sylvie Le Poulichet: La obra del tiempo en psicoanálisis, Amorrortu Editores, Bs. As. 1996, pág.104.

(6) Isidoro Vegh: Tiempo e inconsciente.

(7) Idem 4, pág. 49.

(8) Idem 4, pág 49.

(9) Isidoro Vegh: La Clínica Freudiana. Lugar Editorial, Bs. As., 1984, Pág.127.

(10) Idem 9, pág.126.

(11) Juan Ritvo: La Temporalización del instante. Ficha disponible en la Biblioteca de la EFBA.

(12) Idem. 5, pág. 131.

(13) J. Granont-Lafont: La topología básica de Jacques Lacan, Nueva Visión Editores.

(14) Idem 5, pág. 130.



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