Debate sobre la regulación por parte del estado de las prácticas psicoterapéuticas

Vicente Palomera

Publicado el: 2003-01-12


       Facebook               Texto en Word 


    


Al finalizar las Jornadas de estudio ECF-ELP, el domingo pasado, Jacques-Alain Miller acabó su intervención refiriéndose a una enmienda hecha con la finalidad de dar un marco...







Debate sobre la regulación por parte del estado de las prácticas psicoterapéuticas

artículo de Jacques Alain Miller en Le Monde



Al finalizar las Jornadas de estudio ECF-ELP, el domingo pasado, Jacques-Alain Miller acabó su intervención refiriéndose a una enmienda hecha con la finalidad de dar un marco legal a la actividad de los psicoterapeutas y psicoanalistas y que acababa de ser votada en la Asamblea Nacional sin conocimiento de la opinión pública informada.

Lo que dicha "mejora legal" pretende es ya conocido. Ha habido en el pasado varios intentos dirigidos a encontrar un marco jurídico que regule la práctica de la psicoterapia. El diputado de la Asamblea Nacional (equivalente del Congreso de los Diputados), Sr. Accoyer es quien presentó el texto para su aprobación y Jacques Alain Miller pregunta en su artículo a Le Monde por qué no se ha aprobado una ley así antes. La respuesta está en el hecho de que con la aprobación de la ley se quiere evitar el meollo de la cuestión: ¿quien va a evaluarnos? ¿quién va a evaluar la formación de los psicoterapeutas? Es por esto que Jacques-Alain Miller insiste: "Si hubiera sido fácil introducir en el ámbito de las psicoterapias la licentia docenci -el permiso de enseñar- y el monopolio universitario, podemos pensar que esto estaría hecho. Si no ha sido este el caso, hay que creer que existen ciertos obstáculos. Estos obstáculos conviene identificarlos, antes de saber si pueden ser salvados, y en qué condiciones, si eso fuera posible".

El artículo analiza por lo tanto las causas y el diagnóstico de la situación. También nos da el tratamiento a seguir. No hay desperdicio alguno en él y es un aviso para averiguar mejor lo que se avecina junto a lo que se ha dado en nombrar, desde la caída del muro de Berlín, como el Estado estratega . No era el fin de la historia ¡querido Fukuyama!, sino el principio del viejo combate de las Luces. Entonces... ¡más luz!

Vicente Palomera
30 de octubre de 2003



D
De la utilidad social de la escucha



La práctica de las psicoterapias ha pasado a ejercerse a gran escala desde hace ya medio siglo. Ha progresado sin estar de ninguna manera organizada por el Estado. Hasta ahora, no ha producido ningún desastre que sea comparable con el de la canícula. En ocasión de los Estados Generales de la Psiquiatría, en Junio ( Le Monde del 6 de junio), se pudo constatar que desde que se le da una oportunidad, la demanda de psicoterapia se manifiesta masivamente en Francia.

Y he aquí que el 14 de octubre al final de la jornada, la Asamblea vota por unanimidad, izquierda y derecha confundidas, una enmienda que confiere al ministro de Sanidad el poder de fijar por decreto las diferentes categorías de psicoterapia y las condiciones del ejercicio profesional. En ausencia de cualquier debate público sobre la cuestión, no es seguro que la representación nacional haya medido todas las consecuencias de ese breve texto.

Bernard Accoyer (Vicepresidente del grupo UMP de la Asamblea), el promotor de esta enmienda, dice haber descubierto el año pasado, por azar, bajo la indicación de un corresponsal, la existencia de un inquietante "vacío jurídico" que amenazaría la seguridad pública. Él se propone colmarlo.

Nosotros no decimos que M. Accoyer ha descubierto la Luna. Sin embargo, si hubiera sido fácil introducir en el ámbito de las psicoterapias la licentia docendi (el permiso de enseñar) y el monopolio universitario, podemos pensar que eso estaría hecho desde hace ya mucho tiempo.

Si no ha sido este el caso, hay que creer que existen ciertos obstáculos. Estos obstáculos, conviene primero identificarlos antes de saber si pueden ser levantados, y en qué condiciones, si eso fuera deseable.

La naturaleza misma de la acción psicoterapéutica se presta mal al cotejo de los grados universitarios.

Entre las psicoterapias, la mayor parte de ellas que operan con la palabra y la escucha, proceden del psicoanálisis (y éste, según Michel Foucault, de la práctica de la confesión). Ahora bien, desde el origen es un hecho que las concepciones difieren tanto sobre los parámetros del tratamiento psicoanalítico como sobre los factores que concurren a su eficacia. La naturaleza exacta del "inconsciente" es controvertida. Freud mismo ha cambiado en varias ocasiones de concepción. Las corrientes se han multiplicado, y durante largo tiempo han combatido entre ellas. Actualmente se aprecia una cierta tendencia a la pacificación, pero también a la fragmentación. El desarrollo de la disciplina ha proseguido pues desde hace un siglo fuera de la universidad y es profundamente antipática con el ideal universitario tradicional, tanto más cuanto que se le exige al practicante que haya él mismo pasado como paciente por un análisis, sometido a todas las condiciones de una relación interpersonal, confidencial por naturaleza. El Estado, en su sabiduría, se había hasta ahora preservado de legislar al respecto, a pesar de las tentaciones que periódicamente volvían para "colmar un vacío".

¿Qué es lo que ha cambiado? En primer lugar al lado del psicoanálisis propiamente dicho, práctica poco común y exigente, la demanda social ha dado lugar a numerosas sustituciones y otras maneras de hacer; el público exige ahora la protección del consumidor.

Al mismo tiempo, la medicina esclarecida por la ciencia, ha salido decididamente del empirismo y ha conocido progresos sensacionales que explican que se sueñe en beneficiar al psicoanálisis con nuevos abordajes: codificación de las prácticas, evaluación cifrada de los resultados, establecimiento de series estadísticas, elaboración de protocolos, "coloquios de consensus", "estandarización de las pautas", "procedimiento transversal".

Lejos de nosotros la idea de contestar la cientificación de la medicina, que es algo bueno, pero ocurre que, al menos a nuestro parecer, los métodos que han hecho maravillas en cancerología y epidemiología encuentran obstáculos de estructura en psicoanálisis.

En efecto, aunque pueda parecer sorprendente, en psicoanálisis lo que dice el sujeto de su síntoma constituye el síntoma mismo. Dicho de otro modo, a diferencia del síntoma médico o psiquiátrico, el síntoma en sentido analítico no es objetivo, y no puede ser apreciado desde el exterior; la evaluación misma de la curación es también tributaria del testimonio del paciente. Estamos a mil leguas de la práctica médica contemporánea, que tiende cada vez más a pasar de interrogar al paciente, para extraer en cambio del cuerpo un conjunto de cifras. De hecho, hasta la emergencia del psicoanálisis, el objetivismo de los mejores psiquiatras les conducía a considerar a las mujeres histéricas como simuladoras y a sus enfermedades como imaginarias.

Si el nombre de Freud ha quedado en la memoria es porque ha sido el primero en sobrepasar los ideales del cientificismo que le había formado, y en reconocer, en términos sino científicos al menos compatibles con la ciencia, lo real singular e invisible que estaba presente en el sufrimiento de la histeria. Cuando M. Accoyer ejerce su práctica de ORL, el tapón de cera está ahí, el que obstruye el conducto auditivo, lo ablanda y lo extrae. En los trastornos neuróticos, el ojo clínico no ve nada.

Los tratamientos de pura sugestión donde opera el único ascendiente de la "fuerte personalidad" y que para nada son científicos, sin embargo no están exentos de eficacia. Si no, no comprenderíamos por qué los adivinos, los astrólogos, los Rasputín, han pululado desde siempre por los pasillos del poder. Los malos espíritus sostienen incluso que el carisma del hombre político, véase, del líder religioso, sería del mismo orden que el de los charlatanes.

En el tratamiento psicoanalítico por el contrario, el analista tiende a dejar de lado el factor de su personalidad: disminuye las marcas de su presencia, tiende a lo impersonal, se hace invisible, rara vez utiliza la palabra. Según las escuelas debe, para llegar a la posición ideal, pensar siempre en sus propios pensamientos, o no pensar en ellos nunca. En cualquier caso, se está de acuerdo generalmente en decir que queda un residuo de ese factor personal y que ese residuo es irreductible. Igualmente, aunque sea largo y exigente, un análisis llamado didáctico, aquel que prepara a un sujeto a ejercer el psicoanálisis, no consigue nunca anular este resto. El sujeto científico puede tender a lo impersonal, el sujeto analítico no puede hacerlo.

La evaluación de este factor -llamémosle el factor pequeño a- es muy difícil. No llegamos a cifrarlo, como tampoco podemos "computar" la libido freudiana. Corresponde más bien a lo que los contables de la administración militar llaman una salida de escritura: un caso que se sale del margen. Si Freud ha escrito tanto y ha renovado constantemente sus abordajes, podríamos decir que es precisamente porque quería con desesperación capturar este pequeño aen el discurso científico, y hacer de él un objeto como los otros. Luego vino Lacan que tuvo que concluir que había en el mundo un tipo de objeto que no había sido localizado hasta ahora (al menos en Occidente): lo llamó el objeto pequeño a.

Del lado del analista, este objeto es el resorte del acto analítico; del lado del paciente es el resultado de la operación. Su evaluación requiere procedimientos singulares y, evidentemente, confidenciales.

Por ello, la formación de los psicoanalistas ha estado tradicionalmente asegurada desde Freud por fuera de la universidad, en asociaciones que garantizan la formación y la práctica de sus miembros.

La mayoría de ellos trabajan o han trabajado durante largos años en instituciones públicas; la gran mayoría tiene diplomas universitarios de Psiquiatría y Psicología; otras formaciones universitarias son igualmente acogidas; pero estas formaciones previas no se confunden de ninguna manera con la formación psicoanalítica, que es específica. Cada asociación tiene sus protocolos de evaluación y de acreditación controlados sin cesar por los pares, a través de múltiples encuentros nacionales e internacionales.

Lo que ha chocado en el episodio presente, que deberá ser rápidamente sobrepasado, es la demasiada discreción y precipitación que han marcado la elaboración y el voto de esta desgraciada enmienda y, sobre todo, el vocabulario de urgencia y de amenaza que ha sido empleado. Este estilo de intimidación no era digno de la representación nacional, y no era apropiado para una materia que requiere ser tratada con tacto y discernimiento, con todo el respeto que merece el dolor psíquico, incluso si no aparece sobre las imágenes del IRM, con el respeto también hacia esos psicoterapeutas independientes, sin diplomas a veces, que gestionan honestamente un pequeño carisma personal, ofreciendo una escucha atenta y modesta a la miseria del mundo.

Evidentemente, hay en ese ámbito operadores muy nocivos, que abusan de la credulidad pública, que difunden camelos, que prodigan sin consideración promesas de felicidad. Existen también las sectas, por las cuales M. Accoyer se preocupa legítimamente, sin olvidar los industriales del "psi-business", que acumulan fortunas, pero tememos que justamente sean estos los intocables.

No, "los 30.000 psicoterapeutas que ejercen en Francia", como se dice ahora, no son de ninguna manera en tanto tales una amenaza. Todo lo contrario, ellos aseguran una función social eminente, aunque no reglamentada.

Agujereen por decreto el cascarón de la escucha que envuelve la sociedad, el almohadón compasivo sobre el cual ella se asienta, agujereen el tímpano de todas estas orejas, erradiquen el psicoanálisis, hagan la vida imposible a los psicoterapeutas, den libre paso al amo moderno que avanza con el estruendo de sus protocolos y de sus acreditaciones, acorazado en sus engaños y en sus banderas, y Uds. verán, como por milagro, reaparecer las patologías desaparecidas, tales como las grandes epidemias histéricas; Uds. verán crecer y multiplicarse a las sectas y a las brujas, que se introducirán en las profundidades de la sociedad y escaparán tanto más a su censura.

Hay que saber que las prácticas de la escucha están destinadas a expandirse en toda la sociedad. De aquí en adelante estarán presentes tanto en la empresa como en la escuela, y cada uno puede constatar que inspiran el estilo mismo del discurso político contemporáneo. La escucha se ha convertido en un factor de la política y en una apuesta de civilización. Si hay que llegar a enmarcar este sector que está en crecimiento acelerado, esto debe ser hecho con todo conocimiento de causa, con el acuerdo de los diferentes actores serios, en la serenidad y anticipando los contraefectos.

¿Una reglamentación debe pasar por la creación de un "acto psicoterapéutico" que actualmente no existe? Si fuera creado, sería entonces un acto común para los médicos y para los no médicos, luego entonces, sería descalificado con respecto a la prescripción médica; debería ser remunerado, agravando tanto más el presupuesto de la seguridad social, y padeciendo las inevitables restricciones que se anuncian. Sabemos, por ejemplo, el uso que se hace en Suiza y en los países escandinavos de la llamada a la "buena práctica" para justificar toda suerte de restricciones de acceso a las psicoterapias. Sabemos también cuán incierto puede ser el diagnóstico en esta materia.

En cualquier caso, sería exorbitante incluir en este marco al psicoanálisis, como lo propone el Dr. Klery-Melin en el informe que ha presentado a principio de octubre al ministro de sanidad.

Esto no presagiaría otra cosa que la regresión profunda de la disciplina, su rebajamiento, seguido de su decadencia. Hemos visto que esto ha ocurrido en muchos países, concretamente en EEUU. ¿Es esta "excepción francesa" la que detestamos y la que queremos hacer desaparecer?

Imaginemos que la frontera hoy porosa entre el acto terapéutico y la actividad llamada de "counselling" se endurezca. Los psicoanalistas se verían al final forzados a inscribirse en ese lado. Se construirían redes -analista-consejo, generalista prescriptor ocasional, clínica privada- evitando el paso por el "Psiquiatra coordinador regional" verdadero prefecto de la salud mental, previsto por el Dr. Klery-Melin. Llegaríamos rápidamente a una estratificación de la distribución de la atención. Lo que hasta ahora era accesible al público, con a veces algunos errores de atribución (ciertos esquizofrénicos tratados con sesiones cotidianas de psicoterapias, contabilizados en las hojas de cuidados remunerados), eso estaría a partir de ahora jerarquizado; la no igualdad de las clases sociales frente a la atención se acentuaría aún más; el psicoanálisis estaría entonces reservado a la clase media favorecida ( upper middle class ).

Cuando la salud pública está en juego, y en el ámbito tan delicado de la salud mental, es muy imprudente legislar sin haber abierto el más mínimo debate público. La coyuntura temporal entre el voto de la enmienda Accoyer y el depósito del informe Klery-Melin se ha añadido al penoso episodio y hace que se le califique de " guet-apens ".

Pero sería vano pararse en procesos de intención. Conviene que la enmienda Accoyer sea ahora retirada. Ella habrá tenido el mérito de haber despertado a los psicoanalistas y, más allá, a todos aquellos que no creen que las vías del futuro en nuestras sociedades puedan estar trazadas por el cálculo clandestino de evaluadores con pretensión universal.

Contemos con que el Senado sabrá dejar al debate público la oportunidad de desarrollarse en la opinión ilustrada.

Jacques-Alain Miller



JACQUES-ALAIN MILLER dirige el departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII, es ex-Presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Aparecido en la edición de Le Monde del jueves 30 de octubre de 2003

Traducción: Carmen Cuñat y Oscar Caneda





E
UROPE Nº 1 ? 8H30 Viernes 31 de octubre de 2003



Transcripción de la emisión radiofónica de JP Elkabbach con JA Miller, y M. Accoyer participando por teléfono.

Jean-Pierre ELKABBACH: Un psicoanalista prestigioso, Jacques-Alain Miller, ¡Buenos días!

Jacques-Alain MILLER: ¡Buenos días!

Jean-Pierre ELKABBACH: Un político elegido de la UMP, médico, Bernard Accoyer, ¡Buenos días!

Bernard ACCOYER: ¡Buenos días!

Jean-Pierre ELKABBACH: El mundo de los psi está en ebullición y es usted, Bernard Accoyer, quien ha encendido la mecha con la enmienda que lleva su nombre, la enmienda Accoyer, votada hace unos días por unanimidad por los diputados. Usted pide que sean reglamentadas las profesiones que conciernen a la atención psíquica. ¿Porqué están en el punto de mira de la Asamblea?

Bernard ACCOYER: Yo no he querido de ningún modo encender la mecha, es un viejo debate aportar más precisiones e informaciones a aquellos que sienten la necesidad de una ayuda o de un tratamiento psicológico. Y ocurre que en Francia existe un vació jurídico que hace que cualquiera puede colgar su placa de psicoterapeuta, autoproclamarse psicoterapeuta, y que cualquier persona que esté mal, que tenga necesidad, que padezca un sufrimiento psíquico empuje esa puerta y encuentre detrás a una persona a la que nadie garantiza sus conocimientos ni su seriedad.

Jean-Pierre ELKABBACH: Es verdad que hoy en día los psi están por todos lados: psi esto, psi lo otro, en las empresas, en las oficinas, en la prensa. Creo que hay 36.000 psicólogos, cerca de 30000 psicoterapeutas y cerca de 13000 psiquiatras.

Bernard ACCOYER: Bajo el vocablo psicoterapeuta, no hay nada definido. Está probablemente el mejor pero también está probablemente el peor. Y entonces, con la preocupación del estado por informar, por la seguridad sanitaria, por el acceso garantizado a un nivel de competencias y de conocimientos profesionales, lo que es indispensable en materia de atención y de salud publica, existe desde hace ya largo tiempo un debate y la necesidad de aportar informaciones. Este es el contenido de esta enmienda, es un dossier que es antiguo, que sigo desde hace más de cuatro años, que casi llegó a su fin, faltó muy poco con Bernard Kouchner, que ha sido objeto de un coloquio en las alturas....

Jean-Pierre ELKABBACH: Y ahora usted lo retoma. Usted propone reglas muy estrictas, Bernard Accoyer, que refuerzan la ley, si el Senado en algunas semanas esta de acuerdo con usted. ¿Porqué? ¿Es también un mercado?

Bernard ACCOYER: Sí, seguro que es un mercado, pero no está ahí el problema. El problema es la seguridad sanitaria. Las reglas no son muy estrictas. Piden simplemente para los hombres y las mujeres que quieren ofrecer una cura ( y de esto sólo podemos felicitarnos), que respondan con un cierto numero de diplomas, conocimientos y evaluación de su práctica.

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Usted quiere decir que haría falta que hubiera menos?

Bernard ACCOYER: La cantidad no es importante. Lo que yo quiero es que esos que piensan poder y van a beneficiarse de un tratamiento, que sea un tratamiento dispensado por profesionales que conocen las enfermedades psicológicas, las patologías psicológicas y que, entonces, emprendan buenos tratamientos porque sabemos que una psicoterapia mal conducida puede tener consecuencias dramáticas.

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Usted pone, Bernard Accoyer, los 5000 psicoanalistas de Francia en el mismo lote?

Bernard ACCOYER: Pero el psicoanálisis es una psicoterapia a parte sobre la cual hay que - de hecho es lo que ocurre hoy - tener discusiones, intercambios. Dicho esto, si el psicoanálisis es un tratamiento, entonces es necesario que, como todos los tratamientos, pueda ser validado, en todo caso, que los profesionales que la dispensan puedan ser controlados, evaluados en un momento o en otro y a priori, al principio del ejercicio.

Jean-Pierre ELKABBACH: Entonces, vamos a pedir la opinión a uno de los psicoanalistas más conocidos y reconocidos, no solamente porque es el yerno de Lacan, Jacques-Alain Miller. ¿De qué manera se siente usted concernido por lo que acaba de decir Bernard Accoyer?

Jacques-Alain MILLER: Mire, yo aprecio mucho el tono del Sr. Accoyer, el que tiene esta mañana, porque estamos en una situación de crisis de confianza. He temido que se provocara un pánico del estilo ?!Todos charlatanes¡?. En la vida social, usted está obligado a hacer confianza. Y cuando no se puede hacer confianza, cuando se producen de repente rupturas de confianza, entonces viene el pánico.

Jean-Pierre ELKABBACH: Pero usted también dice en Le Monde, Jacques-Alain Miller, que existen sectas, un ?psy-business?, gente que cuenta camelos.

Jacques-Alain MILLER: ¿Porqué hay tantos psicoterapeutas? ¿Porqué eso ha crecido tanto? Porque se puede hacer confianza a alguien, a una persona en particular, mientras que en la vida social actual, estamos obligados a hacer confianza a sistemas extremadamente complejos que no dominamos.

Jean-Pierre ELKABBACH: Existen los que tienen una formación, que conocen la medicina más la ciencia, y ¡todos los otros!

Jacques-Alain MILLER: Sí, ciertamente. Cuando se rompe la confianza, los políticos conocen eso, porque cuando se rompe la confianza es a ellos a los que les hacemos responsables. Entonces, la iniciativa del Sr. Accoyer no se ha entendido. Tiene el merito de haber sentido que la cuestión de las psicoterapias se ha convertido en una cuestión política. Hay que tratar pues esta cuestión en el ámbito político pero hay que tratarla inteligentemente comprendiendo la apuesta de civilización que ella comporta. El primer servicio que puedo ofrecer al Sr. Accoyer es el de decirle que ha cometido un error, que no es grave si se corrige ahora. El primer error que ha hecho, si puedo permitirme decirlo, es el no haberme consultado.

Jean-Pierre ELKABBACH: Usted curará su ego en otro lugar.

Jacques-Alain MILLER: Además, no hay que tratar el riesgo en términos de amenazas pues si es así se alimenta un clima de pánico que no deja de lado a los políticos.

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Qué pide usted esta mañana a Bernard Accoyer, Jacques-Alain Miller?

Jacques-Alain MILLER: Le pido que retire esta enmienda y que trate el riesgo, porque estamos en una sociedad de riesgos, que trate el riesgo en términos racionales, comprendiendo las razones del estado actual de las cosas. Yo creo que ya ha comprendido algo, escuchándole esta mañana, que sobretodo no hay que dramatizar. No hay que ofender a los terapeutas, no hay que asustar a los pacientes y entonces muchas cosas serán posibles, y ellas son necesarias. Y , como se ha dicho, esto lo hemos pedido hace mucho tiempo, y nos hemos dado cuenta que esta cuestión se ha convertido en una cuestión política.

Jean-Pierre ELKABBACH: Es posible? ojeo un libro que usted ha publicado en Seuil, hace dos años: ?¿ Quienes son sus analistas??, y ya desde hace tiempo, usted dice: "Ya es hora que tomemos a parte a los analistas, que les sacudamos y que les obliguemos a explicarse, a mostrarse, que luchen un poco por su pan". Entonces, ¿es posible, Bernard Accoyer, retirar o corregir su enmienda?

Bernard ACCOYER: Mi enmienda concierne a los que atienden, y los que atienden deben tener, y esto es una regla para todas las enfermedades, que se trate de enfermedades del espíritu, enfermedades del cuerpo, deben tener un mínimo de conocimientos, un control de estos conocimientos y un control de su práctica; esto no va mas lejos.

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Usted está de acuerdo?, ¿Usted está de acuerdo con esto, Jacques-Alain Miller?

Jacques-Alain MILLER: La cuestión que se plantea es saber si este problema debe ser o no tratado por una ley. Quizá, pero hay que discutirlo.

Jean-Pierre ELKABBACH: Retomo mi pregunta

Bernard ACCOYER: ¿Sí?

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Es posible retirar o corregir la enmienda?

Bernard ACCOYER: Retirarla ya no es posible; ya no es posible porque ha sido adoptada por la unanimidad de la Asamblea Nacional. Habrá decretos de aplicación para la definición?.

Jean-Pierre ELKABBACH: Si los senadores están de acuerdo con usted.

Bernard ACCOYER: Sí, claro, si los senadores están de acuerdo con nosotros. Habrá decretos de aplicación, puede haber algo particular para el problema del psicoanálisis, pueden existir disposiciones especiales, pero no pueden escapar, si el psicoanálisis se inscribe como un tratamiento de la psique, el cual sólo puede inscribirse en una evaluación y en un control de los conocimientos y de las practicas. Es una cuestión de seguridad y sanitaria.

Jean-Pierre ELKABBACH: Entonces, una palabra de Jacques-Alain Miller sobre esto y nos despedimos, Bernard Accoyer

Jacques-Alain MILLER: En materia de salud mental, la seguridad pide ante todo que los medios de la psiquiatría sean aumentados.

Bernard ACCOYER: Eso es totalmente cierto, y es de hecho el primer paso en contra del gran fallo de nuestro sistema de atención a las afecciones psicológicas y psiquiátricas, si el primer paso es este.

Jacques-Alain MILLER: Actualmente, se toma a la psiquiatría en una lógica contable lo que hace que la violencia en la escuela, los suicidios de los jóvenes, los pasos al acto asesinos de enfermos mentales carezcan de un seguimiento como lo pudimos ver en la matanza de Nanterre, y amenacen verdaderamente la población y sus representantes; la lógica contable en la cual se encuentra actualmente inscrita la psiquiatría es un factor potente de inseguridad publica.

Jean-Pierre ELKABBACH: Gracias Sr. Accoyer

Bernard ACCOYER: Gracias

Jean-Pierre ELKABBACH: Mas allá de las modas, Jacques-Alain Miller, los franceses son gran consumidores de psi. ¿Porqué esa necesidad? Hoy no se puede encender un televisor o leer un periódico sin oír los testimonios de deprimidos o de depresivos.

Jacques-Alain MILLER: La vida social actual está envuelta en redes tan complejas, tan abstractas, tan impersonales que, en efecto, existe un repliegue sobre sí mismo, sobre lo que Michel Foucault llamaba la preocupación por uno mismo. Entonces, se dice: "Es el individualismo. Es el narcisismo" Es porque el sujeto moderno, el francés moderno, encuentra en él, busca en sí mismo una zona de seguridad interior. Quiero decir que la confianza que no podemos encontrar en el exterior, intentamos encontrarla en uno mismo; y por ello la enfermedad contemporánea por excelencia es la depresión. Es la perdida de confianza en uno mismo.

Jean-Pierre ELKABBACH: En sus libros usted dice?..

Jacques-Alain MILLER: Como ultimo refugio.

Jean-Pierre ELKABBACH: Pero en sus libros usted dice a menudo que" los franceses son históricamente nerviosos y que, hoy día, están irritados"

Jacques-Alain MILLER: Sí, es totalmente exacto. Actualmente en Francia, se experimenta un sentimiento de inseguridad. Y hay que saber que vamos a vivir de aquí en adelante en una sociedad de riesgo; con la nerviosidad francesa que trajo consigo numerosas revoluciones a lo largo del siglo XIX, ¿no es así?, se puede convertir fácilmente en una sociedad del miedo. Y la sociedad francesa esta recorrida por corrientes de pánico. Se nos deja ser?

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Señor psicoanalista, cual es el remedio?

Jacques-Alain MILLER: Entonces, es lógico que hayamos llegado a: nos dejan ser atendidos por charlatanes. Llegados a este punto, ¡usted me perdone!, escuche la resonancia de la palabra de eso que hay que llamar una autoridad espiritual: no tengan miedo.

Jean-Pierre ELKABBACH: ¿Usted no cree que haya que distinguir los que curan de aquellos que destruyen? ¿Los que hacen bien al individuo, al francés que yo soy, y los que hacen mal?

Jacques-Alain MILLER: Pero desde luego.

Jean-Pierre ELKABBACH: Porque no son competentes, porque no tienen la calificación, porque no tienen los diplomas, porque no tienen la experiencia.

Jacques-Alain MILLER: Señor Elkabbach, no intente sembrar el pánico. El sistema mediático tiene aquí una gran responsabilidad. Es muy difícil para usted encontrar la medida entre alertar a la población sobre los problemas pero sobretodo, sobretodo, no sembrar pánico.

Jean-Pierre ELKABBACH: Jacques-Alain Miller, ¿cuáles son los remedios? ¿Hay que tratarnos a todos en bloque? ¿ Uno por uno?

Jacques-Alain MILLER: Hace falta que hoy los analistas sean capaces de comunicar con el conjunto de la Nación, de sus representantes como son el Sr.Accoyer y los otros; comunicar cierta cantidad de conocimientos que tienen, y que pueden, en efecto, curar a la sociedad francesa de lo que yo llamaba las corrientes de pánico que la atraviesan periódicamente, que conducen los hombres de bien frente a los tribunales, o frente a la corte de justicia de la Republica; y deseo que a partir de ahora, un cierto estilo de discurso cambie. Y he encontrado en la moderación de las palabras del Sr. Accoyer, un primer paso en esa dirección. Deseo que haga el segundo que es natural, que no es para nada humillante, que es el de retirar la enmienda que no tiene, que en absoluto ha conocido un debate publico.

Jean-Pierre ELKABBACH: En cualquier caso, el debate ha empezado. Bernard Accoyer, Jacques-Alain Miller, Gracias.

Traducción: Carmen Cuñat









Opiniones sobre este texto:




Condiciones de uso de los contenidos según licencia Creative Commons

Director: Arturo Blanco desde Marzo de 2000.
Antroposmoderno.com © Copyright 2000-2017. Política de uso de Antroposmoderno