LAS ADICCIONES: EL FRACASO DEL SINTOMA

Sergio Estaude y Osvaldo M.Couso

Publicado el: 2013-08-03


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Los síntomas hablan. Así podríamos definir el descubrimiento freudiano en la medida en que en ellos es posible poner de relieve una verdad, singular y fundante para cada sujeto







LAS ADICCIONES:
EL FRACASO DEL SINTOMA

Por Sergio Estaude y Osvaldo M.Couso


"Escribir no significa convertir lo real en palabras
sino hacer que la palabra sea real."

Augusto Roa Bastos


1.- El síntoma: dos formulaciones en Lacan.

Los síntomas hablan. Así podríamos definir el descubrimiento freudiano en la medida en que en ellos es posible poner de relieve una verdad, singular y fundante para cada sujeto, que el síntoma vela y revela al mismo tiempo.

Esta verdad va a presentarse, en principio, como un significante reprimido, como un capítulo tachado o arrancado de un texto. Hace eco a esta concepción freudiana, una primer época en la obra de Lacan, donde el síntoma es la metáfora de una "palabra amordazada" que no llega a decirse, pero que puede recuperarse en la cura. Hasta aquí, lo real queda fuera del análisis.
En un segundo momento, Lacan postulará el concepto de verdad no ya como un significante reprimido, sino como aquello que queda inevitablemente excluido de toda articulación significante. Aquello que no puede ser dicho cuando algo se dice. El enigma y el mito son el paradigma del decir a media de la verdad.

Se articulan así síntoma y verdad: el primero vehiculiza una verdad poniendo en evidencia un saber reprimido y a la vez aquello que excede todo saber.

Freud lo ejemplifica con nitidez: partió del discurso de una Razón que pretende mediante la ciencia, disolver los mitos, explicar lo indescifrable de la realidad, elaborando las teorías que den cuenta de una articulación causal universal; un saber sin fisuras y sin ambigüedades, cuyo paradigma es el discurso de las matemáticas. Pero la Razón excluía una dimensión de verdad que Freud se encargó de reintroducir: hay un sujeto, hay un deseo. No fue casual que lo hiciera a partir del discurso de la histeria, aquel que venía batallando por introducir la dimensión del sujeto en el saber médico.

2.- La verdad , el saber y el síntoma.

En su opacidad el síntoma encarna una verdad, Pero como esa verdad es la de aquello que se excluye de todo saber, el síntoma pasa a ser también lo que se opone a todo intento de totalización del saber. Es un indicador de que "algo no anda", no encaja. Por eso el síntoma se transforma en un obstáculo que interpela la pretensión estructural de todo saber: concebirse como absoluto.
El concepto de representación en Freud rompe con la concepción de la verdad como adecuación entre el pensamiento y la Cosa, ya que enfatiza que lo que se intenta representar es aquello que no está: solo podemos representar una cosa por otra cosa, Pero esta segunda cosa -el significante- no es equivalente a la primera, es lo que hace que la primera se pierda, se desvanezca. Este abismo entre ambas que nos lega Freud, Lacan lo formalizará con la teoría del significante.
Cada cultura, cada ciencia, o credo, intenta elaborar un saber que colme y disimule esa grieta. Paradojalmente el síntoma si bien participa de ese mismo intento, es también lo que se le opone. La verdad que vehiculiza recuerda el punto de inconsistencia en el que fracasa la pretensión hegemónica del saber.

3.- El síntoma y el poder

Un saber que se erige como verdad es la definición misma del poder. El síntoma va a quedar ubicado entonces como oposición al poder, es "lo que no anda", lo que indica el fracaso de esa pretensión. Veremos más adelante que esa oposición puede ser contradictoria.
El tema planteado de este modo extiende considerablemente el horizonte de nuestra práctica, y constituye un aspecto que entendemos como esencial, porque articula la intención y la extensión del psicoanálisis. En la intención, clínica de lo singular, el poder del que se trata es el que conceptualizamos vinculado a la función paterna. El aspecto "per-verso" de ésta tiene, en la extensión, su equivalente en la resistencia de los poderes, que intentan denigrar o aplastar todo aquello que "no anda" en la cultura y en las instituciones, quitándole al síntoma su valor creativo de denuncia y de verdad.

El poder del padre, que llamamos Ideal del Yo en su vertiente más propiciatoria, y Superyó en su versión más aplastante, se ejerce tanto en la singularidad de la historia de un sujeto como en lo instituido de la vida social.

4.- El goce del síntoma.

El síntoma conlleva otro aspecto que Freud conceptualizó como de ""compromiso" entre defensa y satisfacción. Satisfacción que es de lo pulsional y que llamamos goce, en la que asienta una paradoja: si bien el síntoma cuestiona al poder, lo que conlleva de satisfacción pulsional brinda un asidero gozoso, aunque precario y conflictivo. El sujeto, al encarnar la carencia del Otro, tanto la denuncia como encuentra en ella refugio y protección. Así se explica que "sufrir" la prepotencia de un gobernante no impida seguir sosteniéndolo...Denuncia y malestar... oposición y sujeción gozosa...

El síntoma es entonces un recurso y a la vez un atolladero. Por si mismo no permite una salida, pero posibilita la transferencia. La transferencia del síntoma, incluso como práctica y lazo social, abre la instancia de una lectura, la posibilidad de recorrer los pasadizos significantes donde se anudó un goce, y produce "efectos de verdad". La transferencia es una senda, una transformación posible. Que lo sea dependerá de tres factores. Que el síntoma se haya podido constituir, como primer recurso subjetivo. Que se pueda transferir. La tercera se refiere a la dirección de la cura.

5.- Descifrar o aplastar

La dirección de la cura puede apuntar al descifrado o al aplastamiento del valor del síntoma. El trabajo de lectura no se agota en el descifrado mismo, sino cuando alcanza lo que Lacan llama los significantes primordiales de un sujeto, las marcas fundantes de una posición subjetiva.
Las fuentes de dificultad son entonces dobles: la imposibilidad singular de estructurar síntomas y de transferirlos, o que una dirección de la cura, o bien un contexto social no permitan su lectura y su tramitación.

Hay contextos sociales, o momentos de la historia, en que el Otro social ejerce una presión muy grande, pero no tanto en la dimensión de la prohibición sino en demanda de goce. Cuando la demanda de goce se ejerce sobre estructuras en las cuales la función paterna no fracasó definitivamente pero no terminó de constituirse, nos encontramos con lo que habitualmente llamamos comportamientos "locos": actings, pasajes al acto, manifestaciones psicosomáticas, ataques de pánico, adicciones, etc. etc. Son aquellos padeceres que ubicamos por lo común como "patologías de borde", por la imposibilidad de constituir un borde, un límite, a un goce que siempre amenaza con una invasión devastadora.

Hay una factor cuantitativo difícil de calcular: por el lado del sujeto la labilidad del posicionamiento subjetivo en el sostén fantasmático; y por el lado del Otro social, la presión del empuje al goce. Del interjuego de ambos factores dependerá el éxito o el fracaso del síntoma.

6.- El fracaso del síntoma

Como anticipa el epígrafe, ubicamos el "fracaso del síntoma" en correspondencia con la dificultad de hacer real la palabra, con el tiempo donde la palabra poco vale.

Este equilibrio inestable, este tiempo en el cual el síntoma, o no logra estructurarse, o no logra ser tramitado, - lo que inevitablemente lleva a que caduque o se diluya su función-, es lo que podemos tematizar como el tiempo del fracaso del síntoma.

La matriz desde la que Lacan trabaja el tríptico freudiano de Inhibición, Síntoma y Angustia, nos permite situar mejor el tiempo pre-sintomático que tiene como eje a la inhibición y que abre a la dimensión del agieren freudiano, siempre presente en las adicciones: ya como acto evitado o inhibido, ya como acción de drogarse (al modo del acting-out o del más dramático pasaje al acto).
Esa matriz está desplegada en el Seminario X, "La Angustia". Allí encontramos una afirmación que creemos importante destacar: "El síntoma necesita de la transferencia para ser interpretado [para que diga su verdad] pero en principio no necesita de Uds. como el acting-out". Aquel que pudo estructurar un síntoma encuentra allí un modo de anudamiento y de sostén.. El acting es índice de que ese recurso fracasó. Es un llamado que se exhibe en silencio para que un Otro se haga presente con su mirada y su poder. "Es , a diferencia del síntoma, un esbozo de transferencia, es la transferencia salvaje".

Recordamos la matriz: Dificultad



INHIBICION Impedimento Embarazo
Movimiento Emoción SINTOMA Pasaje al acto
Turbación Acting-out ANGUSTIA

Los tres términos no son homogéneos y por lo tanto es preciso ubicarlos en hileras y columnas diferentes. Eso hace posible leer ahí que el pasaje de uno a otro no se produce "naturalmente", en la continuidad de una serie, sino que implica un salto y una operación que lo permita. La práctica adictiva es pensable como una operación y un montaje, inscriptos en la dimensión del actuar en el registro del agieren freudiano (tiene algo de acción, de actuación, de puesta en escena). El acto es lo esperado y lo evitado al mismo tiempo, en tanto siempre implica la castración.

Desde la inhibición, con la que comienza la matriz, se produce un recorrido que puede desembocar en la alienación ( pasaje al acto) o en el desconocimiento (acting out) sin alcanzar el estatuto del síntoma. La posibilidad de intervenir cuando el impedimento o la emoción nos requieren, abren el camino a la posibilidad de transformarlo en síntoma. La turbación y el embarazo en cambio, nos dicen que estamos ya en el borde de las patologías del acto.

Cuando el sujeto permanece en estos circuitos sin acceder al síntoma, no se establece el tiempo de espera, de demora, de apertura del tiempo de comprender que aquel implica, desembocando en una "locura" que no se homologa a las psicosis.

8.- El montaje adictivo reemplaza al síntoma

El montaje adictivo tiene como función otorgar una estabilidad -siempre relativa- cuando no se cuenta con la eficacia del síntoma. El término "operación farmakón" (acuñado por Sylvie Le Poulichet) nos es útil para dar cuenta de esos montajes, cuyo objetivo es el sostén de las llamadas "formaciones narcisistas" que, a diferencia de las "formaciones del inconsciente", resguardan un equilibrio precario del ego: alguien puede imaginarse como siendo uno, sin clivaje, sin escisión. A diferencia del síntoma, que dice de la escisión subjetiva, aquí se trata de dar forma y consistencia a un ego que intenta paliar la amenaza de algo insoportable. Qué es lo insoportable y cuál es la defensa ante esa amenaza es lo que va a diferenciar los montajes, que (siguiendo la misma autora) nombramos como suplencia o suplemento.

9.- Las adicciones como suplencia

Se recurre a la droga como suplencia cuando se está ante el riesgo en la autoconservación, el riesgo de la existencia misma. Es siempre un intento de dominio sobre el cuerpo, que en general nos es ajeno y enigmático, como un intento de suplir la falencia (que llega a la ausencia) de un Otro garante de la funcionalidad de ese cuerpo y de esa mente.

La droga promete ese dominio pero obliga al sujeto a no poder descansar en el Otro. No es el hacedor de él mismo, pero tiene que ser su constante vigía y guardián. Confiar en el Otro y mantener la incógnita de nuestro cuerpo implica un reconocimiento de una falta del ser y del tener. Esa falta es lo que permite ocuparse de otra cosa: podemos desear.

El ejemplo extremo de este recurso lo dan las psicosis. La ausencia del Otro simbólico deja abierta la constante amenaza de un goce que no está mediada ni por la palabra ni por los disfraces imaginarios. Esto hace real al peligro: el de ser, en lo real, objeto de ese goce.

La operatividad de la droga es buscada allí donde se intenta cerrar los orificios del cuerpo bloqueando la intrusión del Otro, o bien desapareciendo a la mirada de ese Otro. Sus puntos extremos son los repliegues casi autistas o catatónicos en el intento desesperado de crear un borde que los diferencie y los resguarde.

Son seguramente los casos más graves. Cuando la droga se entrama y sirve de sostén a construcciones delirantes, es muy difícil producir borde alguno, y en consecuencia intervenir.
No siempre la apelación a la droga como suplencia es signo inequívoco de psicosis. Hay puntos de falla de la función paterna que sólo comprometen aspectos parciales de un sujeto. La suplencia intenta aquí remediar una "parcial apertura al goce", aunque en ese lugar sea desbordante. Es el caso de las "locuras" que mencionamos antes.

El Otro fundante en estos sujetos es promotor de patología en un doble sentido, cuando su función queda por completo ausente o bien cuando es el que nunca pueda salir del lugar del que "sabe" lo que pide en una demanda indialectizable para el sujeto.
Un ejemplo en una frase que es en si toda una tragedia: "ahora que me droga mi madre ya sabe cuál es la causa de su sufrimiento".

10.- Las adicciones como suplemento

Lacan produjo, en forma explícita, un solo comentario sobre la droga: "La única definición de la droga es esta: ella rompe el matrimonio del cuerpo con la cosita de hacer pi-pi". Lo que nos plantea el problema a resolver de la posibilidad de una ruptura con el ordenamiento fálico sin que haya al mismo tiempo forclusión del Nombre del Padre.

Las adicciones como suplemento, entendemos, intentan dar cuenta de esta paradoja. Y lo hace de dos maneras diferentes: en las estructuras neuróticas y en las perversas.

En tanto suplemento, el montaje adictivo, se pretende como un modo de lograr una "prótesis narcisista", en sujetos que no ponen en duda ni la existencia del Otro, ni la de ellos mismos, pero que sí están desgarrados por la hiancia que separa el yo real (al decir freudiano) del Ideal. La droga sirve para apuntalar una "impostura" (estructural) que fracasa. A la vez es la que mitiga el dolor de ese "ya no ser" o "aún no soy". La droga brinda un suplemento imaginario que permite sostener la insignia fálica y un reconocimiento, al precio de congelar el deseo

Lo insoportable aquí no es la amenaza de la invasión del Otro y el aniquilamiento subjetivo, sino la castración. De ahí que muchas veces el recurso "salvador" precipite a pasajes de "hacerse mierda", "hacerse desecho" o caer en "el dulce placer de no ser nada".

Es también utilizado como "remedio para melancólicos". Esto último dice de la dificultad, frecuente en los adictos, de duelos que parecen imposibles de realizar la adicción es conservadora de un doble aspecto: de una imagen yoica (valorizada y anhelada por perdida) y del objeto al que no puede renunciar. Simulacro de la muerte, o simulacro en la locura, para protegerse de la castración. El tóxico aparece también como una promesa de salir de un vacío, de una envoltura cerrada de nada en que se ha transformado el sujeto por su identificación con el objeto perdido.

En su lucha con la castración, el neurótico utiliza con frecuencia montajes adictivos con características transgresivas: "pasé por delante del cana con droga en el bolsillo y no se avivó", "me drogué años en casa y nadie se daba cuenta". Típicas escenas donde alguien, ubicado en el lugar de Otro, resulta ciego, cómplice o impotente. Para cumplir con los requisitos ese otro engañado debe ocupar un lugar simbólico: los padres, los maestros, la cana, los terapeutas.

En la perversión propiamente dicha, en cambio, la transgresión mantiene una doble ilusión: se sabe sobre el goce y no se registra la hiancia respecto del Ideal. La droga sirve aquí para sostener esa creencia y algo más: es un modo de hacerse cada vez mejor instrumento de esa escena en que se dirime la repetición del acto. Le sirve para cumplir mejor el papel de regiseur y de instrumento principal en la representación perversa donde el partenaire neurótico será el encargado de soportar la angustia y su condición de sujeto escindido.

Elude la castración al precio de desconocer su deseo y el sometimiento a una adecuación fálica: el de ser un instrumento del Otro del goce.

Dejamos aquí en este recorrido por los principales ítems que nos interesó poner de relieve. Abrimos aquí a la interlocución.

Bibliografía

1.- Lacan, Jaques Seminario V, "Las formaciones del inconsciente". Inédito
2.- Lacan, Jaques Seminario XVII , "El reverso del psicoanálisis", Cps.3 y 4. Edit. Paidós.
3.- Lacan, Jaques "Conferencia de Ginebra sobre el síntoma". en Intervenciones y Textos 2, Ed. Manantial.
4.- Lacan, Jaques "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis", Escritos I, Siglo XXI Edit.
5.- Lacan, Jaques Seminario XXII, "R.S.I.", Inédito.
6.- Lacan, Jaques Seminario X, "La angustia", Inédito.
7.- Sylvie Le Poulichet "Toxicomanía y psicoanálisis", Ed. Amorrortu.





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