LA ESCISION Y ALTERACION DEL YO

Alicia Hartmann

Publicado el: 2003-08-08


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Tal vez sea una expresión de deseos que esta presentación no quede en una simple exégesis teórica o bien, en una propuesta del orden de una hermenéutica de conceptos...






LA ESCISION Y ALTERACION DEL YO




Alicia Hartmann
http://www.psi.uba.ar/carrerasdegrado/psicologia/freud2/1998/hart98.rtf.


Tal vez sea una expresión de deseos que esta presentación no quede en una simple exégesis teórica o bien, en una propuesta del orden de una hermenéutica de conceptos freudianos. Haremos el intento de ir más allá de estos límites, veremos si es posible.

En primer lugar podríamos concluir, por lo que hemos planteado en otras exposiciones, que trabajar lo primario en Freud es abordar el concepto de pulsión con el -correlativo o no- concepto de goce en Lacan. En relación al goce, lo abordaremos desde el estudio de la identificación primaria y del S1.

Tratándose de la pulsión, textos como Análisis terminable e interminable y la "28ª conferencia" nos proveen de aquello que Freud consideró como los mayores obstáculos a nuestra práctica, a saber:

1) El influjo de traumas, 2) Intensidad de lo pulsional: viscosidad 3) Alteración del yo.

Tratándose de la identificación planteamos cómo el significante se anuda a lo real no pudiendo ya Lacan sostener, desde la mitad de su obra, ninguna suerte de primacía de lo simbólico en relación a la dirección de la cura.

Frente a la intensidad de lo pulsional el significante opera en pos del esperado domeñamiento de lo pulsional, siendo esta primera marca que cae sobre el sujeto la que, en forma paradojal, constituye la cadena: si hay S1 habrá la posibilidad de un S2 y conlleva a la vez la gloria del goce del Otro que el análisis considera (según el nudo borromeo) en su exclusión y en su inexistencia. Pero en la situación analítica este goce consiste y existe a veces sin el intervalo entre S1 y S2 (holofrase), o también, como Lacan insiste en sus últimos seminarios, en disyunción. La gloria de la marca lleva el privilegio de ser a la vez el lugar de la gloria del goce del Otro.

Hablar de lo primario en Freud, en relación a la Escisión del yo o a Análisis terminable o interminable, e intentar hacer una relación con conceptos lacanianos es hablar de las operaciones lógicas constitutivas del sujeto; tal como Lacan lo empieza a plantear en el Seminario 11 y en Posición del inconsciente.

Podríamos hacer sin duda una relación entre el problema de la identificación primaria y la operación de alienación. También podríamos trabajar el concepto de escisión en relación a la operación de separación. Hacemos una precisión importante, eje de nuestra exposición: el concepto de separación se corresponde con el concepto de escisión planteado por Freud en el Esquema de psicoanálisis y no especialmente con lo que Freud desarrolla en su texto Escisión del yo en el proceso de defensa. Ya que Freud titula dicho texto como Escisión en el proceso defensivo y marca así una precisión en cuanto al momento lógico de dicha escisión.

Vayamos al Esquema. Dice allí: "Con respecto a una determinada postura coexisten dos posturas contrapuestas una a la otra e independientes entre sí; he allí un sesgo de unidad de la neurosis, sólo que en este caso una pertenece al yo y la contrapuesta reprimida al ello. La diferencia entre ambos casos es la esencial tópica y estructural y no siempre es fácil decidir frente a cuál de estas dos posibilidades se está. No se crea que el fetichismo constituiría una excepción respecto de la escisión del yo. No es más que un objeto favorable para el estudio de ésta" (subrayamos la frase que alude a la división fundamental estructurante del sujeto y luego se ubica al fetichismo como uno de los tantos ejemplos de dicha escisión.)

Lo que Freud plantea en Escisión del yo lo ubicaríamos ya en el fragor del proceso defensivo que en la obra de Lacan corresponde a lo que podemos situar como segunda vuelta de la operación de alienación.

Recordemos los dos grandes momentos en los que Freud sitúa la represión. En Análisis terminable e interminable definirá que "todas las represiones que acontecen a la infancia son medidas defensivas primitivas del yo inmaduro endeble". Dice que en los años posteriores "no se consuman represiones nuevas pero son conservadas las antiguas" y el yo recurre, en vasta medida, a sus servicios para gobernar las pulsiones. Los conflictos nuevos son gobernados por una pos represión. Hay dos momentos en la represión, dos momentos para los diques, diques que no cederán tan fácilmente "frente a la pleamar de las pulsiones".

Nos dice en la "28ª conferencia": "La rectificación con posterioridad del proceso represivo originario, la cual pone término al hiperpoder del factor cuantitativo, sería la operación genuina de la terapia analítica. De allí a trabajar en los goces en exclusión no hay más que un paso. La expresión de deseos de la que hablamos al comienzo de nuestra exposición sería dar cuenta de la rectificación, si es que fuera posible, de este proceso represivo originario.

El problema de la escisión del yo atañe entonces a la división del objeto que se diferencia, como veremos, de la división del sujeto. Lacan piensa esta diferencia en su escrito Posición del inconsciente.

La división del sujeto se produce por la operación significante, constituye la cadena y sostiene las formaciones del inconsciente. El significante primero produciéndose en el campo del Otro hace surgir al sujeto que no tiene aún la palabra, al precio de coagularlo.

La marca S1 tiene como consecuencia la petrificación. Aún cuando la traducción del francés llame a esta operación alienación y no enajenación -como aparece en los Escritos en la edición castellana-, nos tomamos la licencia de pensarla en relación al texto freudiano "Un trastorno de la memoria en la Acrópolis", donde Freud nos habla del sentimiento de enajenación. Define este sentimiento como "lo que veo ahí no es real, intenté defenderme de él y sólo lo conseguí con un enunciado falso acerca del pasado". Quiere decir ahí que el enunciado falso se formula como que "he dudado que la Acrópolis existiera". Con este razonamiento duda frente a la percepción de la Acrópolis misma e incluye en el razonamiento su persona, la Acrópolis y la percepción de la misma. Así es como, o bien es un fragmento de la realidad el que parece ajeno, o bien es el yo propio. Si se trata del yo hay sentimiento de despersonalización.

Este sentimiento de enajenación que Freud describe presupone la operación que Lacan denomina alienación; arma el vel alienante entre el ser y el sentido. Este vel queda en basculación: si busco la significación pierdo el ser, si opto por el ser pierdo el sentido. Son enajenaciones que intentan excluir algo en nosotros. Hablar de exclusión remite directamente al encuentro con una marca primera que posibilita la exclusión del goce.

Dice Lacan: "Esta reunión es tal que el vel que llamamos de alienación sólo impone una elección entre sus términos eliminando uno de ellos, siempre el mismo sea cual fuese su elección. La disyunción es entre la balsa o la vida, la libertad o la muerte."

¿Es vía la escisión del yo que se da cuenta de este problema? No parece que sea así. De lo que se trata es del trabajo con la identificación primaria.

"Podemos localizar aquí -dice Lacan-, en los cuatro conceptos, en los mecanismos originales de la alienación, a ese Vorstellungrepräsentanz; a ese primer apareamiento significante que nos permite concebir que el sujeto aparece primero. En la medida en que el primer significante -el unario- surge en el campo del Otro y representa a un sujeto para otro significante, su efecto es, como sabemos, la afánisis del sujeto." De allí, su división. Si bien el sujeto aparece en alguna parte como sentido en otra parte se manifiesta como fading desaparición.

Entrar en el orden significante es bascular, dividirse, desaparecer. En la intersección queda el S1 como sin sentido. Es a través de este S2 que el S1 cobra valor como marca primera; luego Lacan trabajará la disyunción entre S1 y S2.

En el Esquema de psicoanálisis (cap. VIII y IX) Freud trabaja la escisión que apunta a la operación de separación como constitutiva, como acto del sujeto en relación al deseo del Otro; luego se dará pie al estudio del pasaje al acto. Se trata de un acto primero donde el sujeto como objeto se pregunta por su lugar en el A.

En el Esquema, Freud aborda el problema desde una perspectiva estructural y no especialmente clínica. El clivaje se da allí vía la represión primaria, determinando la constitución primaria. En relación al yo, en uno de sus vasallajes, el mundo exterior, muestra el sello imborrable de su origen (como si fuera, dice Freud: Made in Germany)

Es así como Freud está postulando un yo endeble, enfrentado a lo pulsional que será condición de la neurosis.

Respecto de la escisión en la psicosis, ésta se produce cuando se forman dos posturas psíquicas; una toma la realidad objetiva, lo normal; y la otra, bajo el influjo de lo pulsional, desase al yo de la realidad.

El yo infantil se adjudica esta escisión por medio de represiones frente a las pulsiones desagradables. Frente a la percepción exterior de la castración puede aparecer la desmentida, también como mecanismo general. No tiene importancia el contenido entre el cual opera la defensa, lo importante es mantener las dos posturas contrapuestas.

Las dos coexisten y hay estados semejantes en la neurosis y en el fetichismo. Es esta escisión entre yo y ello lo que podemos escribir como -_ y el objeto a en el álgebra de Lacan.

En la "31ª conferencia" va a preguntarse Freud ¿por qué el yo que es el sujeto más genuino puede devenir objeto? Se responde que una parte del yo como objeto puede contraponerse a la otra, por eso el yo es escindible puede observarse, criticarse, tratarse como otros objetos (la escisión es coherente con la estructura del yo, el yo se escinde en sus múltiples funciones).

Hay una metáfora reveladora de este problema que plantea que toda vez que nos muestra una ruptura o desgarradura es posible que "preexista una articulación"; si arrojamos un cristal al suelo pero no caprichosamente, se fragmenta siguiendo las líneas de la escisión cuyo deslinde ya estaba comandado por al estructura del cristal. Lo importante es que preexista la articulación; da pie así Lacan a la preexistencia del Otro como estructura del lenguaje.

Resumiendo a partir de la "31ª conferencia" podemos precisar los dos tipos de división: la del sujeto y la escisión del yo correlativa a la operación de separación. Una vez planteada la operación de separación cabe la posibilidad de una segunda vuelta la alienación que sostiene a las identificaciones secundarias en el seno de la égida fálica.

¿Por qué la escisión del yo nos remite al estudio de la operación de separación? Lacan define la comunidad topológica entre el objeto a como causa y el objeto a como objeto de la pulsión (objeto, cesible, caduco) Así lo trabaja en el seminario La angustia. Cuando se constituye el a como causa y cae como resto el a como objeto de la pulsión, es un corte que da cuenta de la caída de la "tripa causal" y la constitución del -_.

La operación de separación se caracteriza por una nueva pregunta que es: ¿Puedes perderme? (Ya no se trata del "¿Ché vuoi?" -que me quieres-, que es pertinente a la alienación)

Esta pregunta pretende como respuesta el estable cimiento de la significación fálica o sea que el velo fantasmático cubra este instante donde lo real toca el límite de lo um heilich. En la psicosis esto no se produce y es allí donde el pasaje al acto puede operar si es mediación: caída del sujeto como objeto del lado del desecho ante el rechazo de la estructura.

De la "31ª conferencia" entonces deducimos que si la línea de ruptura esta previamente determinada esto anticipa también cómo se inhibe la castración en el Otro.

Pero a la vez Lacan agrega en Posición del inconsciente que esta operación es condición para que el sujeto tenga un estado civil. Se dan simultáneamente separación y marca de la cadena.

El sujeto, en el caso Gide, considerado por Lacan en su escrito sobre el autor de "La juventud de Gide, la letra y el deseo" responde con su falta antecedente a su propia desaparición. El "¿puedes perderme?", es la pregunta directa al Otro parental.

Dos fantasmas, describe Gide en "Si la semilla no muere". Dos fantasmas que los excitaban en su pubertad y que caracterizaban su goce: El primero de carácter netamente fálico, referido a un cuento de Madame de Segur. Se ve a una tal Justine a la cual un cochero le pellizca la cintura y la hace caer una pila de platos que tiene en sus manos. El segundo apunta a su desaparición subjetiva: se transforma en pequeña rama vegetal; Gide utiliza la palabra metamorfosis (cuento de Kafka) que va a la deriva del río. Lacan ubica allí al niño entre el erotismo masturbatorio y la muerte. Jean Delay nos describe en su biografía a un niño dividido. Dicha división lo condena a tener sentimientos pulsionales externos frente a sus padres.

Es un punto donde se califica cómo no soy como los otros. Algo al nivel del ser lo afecta; por otro lado, describe Delay haciendo una referencia a "Los cuadernos de André Walter", texto de La Juventud de Gide, donde el autor habla de un pánico infantil utilizando la palabra en alemán "schaudern". Esta palabra es utilizada por el romanticismo alemán, especialmente por Schopenhauer para señalar sentimiento de extrañeza, escalofrío, paroxismo, horror.

Corrobora con este término el riesgo de vida del sujeto frente a la pregunta que le hace al Otro parental (el padre de Gide muere cuando es un niño y la madre se caracteriza por su falta de deseo).

En el Seminario 11 encontramos esta cita: "Lo que va a colocar allí es su propia conciencia bajo la forma que producirá en el Otro su propia desaparición que, puede decirse, tiene a mano la parte de sí mismo que le regresa de la alienación primera."

"Pero lo que colma ahí no es la falla que encuentra en el Otro, es, en primer lugar, la de la pérdida constituyente de una de sus partes y la cual se encuentra en dos partes constituida. Aquí yace la torsión por la cual la separación representa el regreso de la alienación. Es que opera con su propia pérdida que vuelve a llevarme al punto de partida."

La operación de separación produce un retorno de la alienación primera. El retorno del funcionamiento de la cadena. Por eso la separación es técnica, transferencial, con una lógica que, de acuerdo a la rajadura inicial, será condición de producción del fantasma.

Por eso Lacan privilegia posteriormente la alienación como operación a la separación. En cambio, esta última queda subsumida en el eje de la transferencia especialmente vinculada al "yo no pienso" (lógica del fantasma), cuando redefine la alienación como la disyunción entre el "yo no pienso" y el "yo no soy".



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